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Universigats, los voluntarios que cuidan de los gatos en la Universidad de Barcelona: "Es muy gratificante. Con los años, los haces tuyos"

Batman, uno de los gatos de la colonia felina de los jardines
Batman, uno de los gatos de la colonia felina de los jardines. Cedida
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BarcelonaEn los jardines del edificio histórico de la Universidad de Barcelona, escondidos entre la vegetación, vive una colonia de gatos. Es su hogar desde hace 20 años. Una decena de voluntarios vela por su bienestar. Son los Universigats. "Empezaron unas profesoras de la universidad para cuidarlos", explica Cecília Bosch, una de las integrantes desde hace 12 años. "Perdí a mi gato Dalma. Comencé a ir a verlos y me propusieron sumarme", recuerda. Un duelo también decidió a Lola Mariné hace cinco años: "Murió mi gata Lluna por un cáncer de mama con 13 años. No quería más gatos en mi vida. Fue un gran disgusto y empecé en la colonia".

Cada día, un voluntario se adentra en el espacio junto a la plaza de la Universidad, donde se mueven escurridizos durante las clases. Lo suyo es la calma de la noche o de los fines de semana. Eso sí, aparecen por arte de magia cuando los voluntarios les llevan "comida de lata, que les encanta". La mayoría son vecinos quienes miman a estos gatos universitarios. "Es muy gratificante. Con los años, los haces tuyos. Te reconocen. Te vienen a buscar. Son casi como los de casa", confiesa Cecília.

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Les ponen agua, vigilan su salud, los llevan al veterinario, limpian los excrementos y les dan de comer. "Están sobrealimentados. Tienen su pienso, su lata, pero, aún así, alguien que pasa les deja alguna más", comenta Lola, entre risas. Eso sí, con la mirada puesta "en las palomas para que no se lleven la comida. Son una pesadilla". No les falta de nada. Incluso acondicionan sus casitas para mayor comodidad: "en invierno, con mantas; y en verano, con sábanas".

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La colonia ha ido reduciéndose con los años

Una colonia que se ha ido reduciendo con los años. De los 40 iniciales, ahora son la mitad. Una cifra que no crecerá porque están esterilizados. En alguna ocasión, han abandonado a alguno. "La última vez fue hace unos tres años. Era una gata con un bulto por un cáncer. Venía de una casa y era muy cariñosa. Se llamaba Nina", lamenta Mariné.

Cada uno de los gatos tiene su nombre, "aunque hay muchos blancos y negros, que no distingo", admite Lola. "Mi preferida es Thais, la más mayor. Es blanca y gris. Tiene unos 13 años. Es grande y está bien alimentada. También están Simi, una siamesa, y Rufus, que es su amigo del alma. Van siempre juntos, aunque ella es muy independiente y desaparece. Nos dio un susto porque no apareció durante días y estaba escondida. Es una aventurera", cuenta. Otra pareja inseparable son Batman y Newton. Para Cecília, "serían todos los preferidos, pero podría decir Yin Yan, que siempre te viene a recibir, o Blanca, que suele esconderse porque es muy independiente y hay que buscarla".

Thais es la gata más veterana

Y también su personalidad. Son gatos ferales, que "no se dejan ni tocar ni por nosotros". Hay excepciones, y una fue Gaspar, que encandiló a Lola con sus arrumacos: "Cuando los operan, les buscamos una casa de acogida y me lo llevé. Era muy conocido y muy cariñoso porque se sentaba encima. Había estudiantes que me preguntaban por él. Lo tuve dos años hasta que falleció". Otro muy popular fue Bigotis. "Era muy gracioso. Murió el año pasado. Se lo comía todo. Perseguía a los estudiantes, a la hora de comer, por los bancos de los jardines. Se ponía delante, sentado, muy digno, y les miraba a ver qué caía. Era el primero que salía a recibirnos cuando nos oía venir", asegura Lola. En el recuerdo de Cecília está Silvestre porque "era uno de los más veteranos, muy cariñoso y fue muy feliz en el jardín".

Unos felinos que "no se pueden adoptar porque no son de casa", pero sí les buscan hogares de acogida en situaciones de necesidad, como durante una recuperación. Sus cuidados corren a cargo de Universigats. "Hay recogida de alimentos en una tienda de animales o se puede apadrinar un gato aportando una cantidad para la alimentación y el veterinario", señala Lola. "Cada año se hace un calendario en el que son los protagonistas y funciona muy bien. Es para los gastos veterinarios", añade Cecília. Toda colaboración es bienvenida para seguir mimando a estos gatos universitarios.