Polémica en el Entroido de Verín: una mujer embarazada denuncia a un cigarrón por lesionarla durante la fiesta

La denunciante asegura que el acusado la golpeó deliberadamente con el látigo del cigarrón cuando se encontraba junto a su hijo de cuatro años
El joven niega los hechos y sostiene que nunca recibió ninguna recriminación aquella tarde
Lo que comenzó como una jornada festiva durante el Entroido de Verín ha terminado en los tribunales. Un juzgado de la localidad ourensana deberá decidir ahora si un golpe recibido por una mujer embarazada durante la celebración fue consecuencia de una actuación deliberada de un cigarrón o si se trató de un incidente propio del desarrollo de una de las fiestas más emblemáticas de Galicia.
Los hechos se remontan al Martes de Entroido de 2025. La denunciante, que entonces estaba embarazada de tres meses, se encontraba en la Plaza del Cigarrón junto a su pareja y su hijo de cuatro años. Según relató durante el juicio, un joven caracterizado como cigarrón la golpeó con la zamarra, el látigo tradicional que portan estas figuras del carnaval verinense.
La mujer sostiene que el impacto no fue accidental. Según explicó, observó cómo el cigarrón realizaba una carrera por la plaza y regresaba después hacia la zona donde ella se encontraba. Fue entonces cuando recibió el golpe en una pierna. Asegura que sintió dolor inmediato y preocupación por su estado de gestación.
Tras el incidente, la denunciante recriminó al joven su comportamiento. Según su versión y la de varios familiares que declararon como testigos, el supuesto autor no mostró preocupación ni pidió disculpas. Ese comportamiento fue uno de los motivos que la llevó a presentar la denuncia.
Versiones enfrentadas sobre lo ocurrido
El acusado rechazó cualquier responsabilidad durante la vista oral. El joven, estudiante universitario, aseguró que nunca tuvo conocimiento de ninguna queja aquel día y que se enteró de la existencia de la denuncia meses después, cuando fue contactado por la Guardia Civil. La defensa insistió además en las dificultades para identificar a un cigarrón concreto durante una celebración multitudinaria. Argumentó que los trajes y máscaras son muy similares entre sí y que la visibilidad desde el interior de la careta es limitada, especialmente a corta distancia.
La acusación particular, sin embargo, mantiene que la identificación es correcta. La denunciante aseguró que siguió visualmente al cigarrón tras el incidente y llegó incluso a fotografiarlo cuando se quitó la máscara. Tanto su marido como su padre respaldaron su relato ante la jueza. El abogado de la mujer considera que existió una actuación voluntaria y que el golpe no puede justificarse por el contexto festivo. A su juicio, se produjo un exceso que provocó lesiones acreditadas médicamente y que generó varios días de perjuicio para la víctima.
El debate sobre los límites de una tradición centenaria
El caso ha abierto además un debate sobre el papel del cigarrón dentro del Entroido de Verín. Esta figura, considerada uno de los grandes símbolos del carnaval gallego, tiene entre sus funciones tradicionales imponer orden durante la fiesta. Para ello porta una zamarra con la que, históricamente, puede reprender a quienes obstaculizan su paso.
Durante el juicio también declaró un artesano vinculado al Entroido como perito. Explicó que los golpes suelen dirigirse de cintura para abajo para minimizar riesgos y defendió que se trata de una costumbre profundamente arraigada en la tradición local.
La Fiscalía se alineó con esta interpretación y solicitó la absolución del acusado. El ministerio público considera que no existe una prueba concluyente que permita determinar quién fue el autor del supuesto latigazo. Además, sostuvo que quienes participan voluntariamente en este tipo de celebraciones conocen las características de la fiesta y los riesgos inherentes a la presencia de los cigarróns.
El fiscal llegó a advertir de que una condena basada únicamente en estos hechos podría sentar un precedente complejo para una tradición con siglos de historia. La acusación particular discrepa y sostiene que ninguna costumbre puede servir de amparo para una agresión intencionada.
Con las posiciones completamente enfrentadas, será ahora la jueza quien determine si lo ocurrido fue un exceso individual o un incidente encuadrado dentro del desarrollo habitual del Entroido de Verín.
