Una plaga de cangrejos patudos arrasa con la cría de mejillones en las Rías Baixas

Se han detectado múltiples casos de cuerdas totalmente limpias de crías de mejillón en las bateas gallegas
La llegada a las costas de este crustáceo es un fenómeno natural pero su comportamiento es “sin precedentes” según apuntan desde el sector
El sector mejillonero gallego es uno de los pilares fundamentales del motor económico que el mar representa para la comunidad. En el 2025 representó el 94% de la acuicultura de Galicia, aunque la producción de este molusco marcó mínimos históricos en el número total de capturas con 177.638 toneladas.
En estos momentos, la situación por la que pasa es preocupante; a comienzos de año con la sucesión consecutiva de borrascas, posteriormente en primavera con el cierre de bateas por culpa de una toxina y ahora, con el cambio de hábitos de los cangrejos patudos en una nueva llegada masiva de esta especie.
Explica el organismo oficial del Parque Nacional Marítimo-Terrestre das Illas Atlánticas de Galicia, uno de los lugares afectados, que “por tercera vez en el año” se ha producido “un fenómeno natural de gran intensidad visual: la llegada masiva de miles de ejemplares” de este crustáceo nadador. Informan de que no se trata de “un proceso inédito” pero que su “magnitud resulta especialmente llamativa.”
A pesar de que, como detallan fuentes especialistas en la materia, se trata de un suceso habitual en esta época del año, un cambio en el hábito de esta especie ha provocado grandes pérdidas en las bateas de las Rías de Arousa, Vigo, Pontevedra y Muros. Los trabajadores del sector apuntan a que la cantidad de cangrejos es superior a la de años anteriores.
Atacan directamente a la semilla del mejillón
Esta especie que está actuando como depredador, se alimenta directamente de la cría del mejillón, dejando las cuerdas de las bateas prácticamente limpias. Esto supone directamente que el bivalvo no se desarrolle de manera correcta, impidiendo posteriormente que obtenga el tamaño adecuado para su venta.
Desde la Organización de Productores de Mejillón de Galicia (OPMEGA) describen en un comunicado que se trata de una situación “sin precedentes” donde los productores se han encontrado con “cuerdas vacías y mejilla consumida antes de que alcance el tamaño comercial.” Es por ello que piden una investigación con urgencia al Centro de Investigacións Mariñas (CIMA) para esclarecer esta problemática.
Una de las primeras hipótesis apunta al cambio climático como culpable de una mayor proliferación del “patudo”, el Parque Nacional Marítimo-Terrestre das Illas Atlánticas de Galicia considera que el “incremento de las temperaturas superficiales y la persistencia de vientos del norte durante la primavera y el verano favorece el desplazamiento de estos crustáceos hacia la costa.”
Este cangrejo carece de interés comercial, aunque se utiliza como cebo en la pesca. Por otro lado, tiene un alto valor ecológico porque es imprescindible en la cadena alimentaria del ecosistema. Es un recurso trófico fundamental para la fauna marina como sargos y lubinas, también para las aves marinas como las gaviotas y los cuervos marinos.
Alta mortalidad, toxinas y ahora depredadores
Por tercer año consecutivo, la producción de mejillones en Galicia sigue cayendo y al cierre de 2025, con 177.638 toneladas, se sitúa en valores no vistos desde 2002, año tristemente recordado por el desastre del Prestige que tuvo un alto impacto en las costas gallegas. A pesar de ello, se mantiene como el rey de los moluscos en la comunidad.
Las causas que acusan este descenso son variadas y en este año 2026 las hemos podido ver reflejadas en diferentes eventos que han ido ocurriendo. Un invierno con una concatenación extraordinaria de borrascas hizo que la presencia de agua dulce fuese mayor en el mar, provocando baja salinidad y un mayor grado de mortalidad en los bivalvos.
Además, el cierre total en varios momentos del año de todos los pabellones bateeiros por culpa de la toxina lipofílica, la conocida como marea roja, supuso otro varapalo para el sector. A pesar de que se trata de algo habitual, la intensidad con la que está apareciendo en los últimos meses preocupa. Una cadena de hechos que mantiene en alerta a miles de personas que viven de esta profesión en la costa atlántica.
