Shinzo Abe, el primer ministro nipón con más años en el cargo
Shinzo Abe fue el primer mandatario del mundo en reunirse con Donald Trump
Shinzo Abe, de 67 años, era considerado un transformador de la política económica y militar de Japón, que alejó al país del pacifismo de posguerra
El presunto asesino de Shinzo Abe: un hombre de 41 años, sin trabajo y con experiencia militar
Shinzo Abe, asesinado este jueves, era un político de estirpe: siguió el camino que marcó su padre, como ministro y su abuelo, primer ministro en los años 50. La muerte de Abe significa una pérdida para la corriente conservadora tradicionalista en la política japonesa.
Shinzo Abe, de 67 años, era considerado un transformador de la política económica y militar de Japón, que alejó al país del pacifismo de posguerra.
Abe sirvió dos mandatos como primer ministro, convirtiéndose en el primer ministro de Japón con más años de servicio, antes de renunciar en 2020, diciendo que había resurgido su colitis ulcerosa, una enfermedad que llevaba arrastrando desde la adolescencia.
Apoyado en el tono rompedor de su predecesor, Junichiro Koizumi, y en los principios tradicionales de su abuelo y antiguo primer ministro (1957-1960) Nobusuke Kishi, Abe entró en política en 1982 como asesor de su padre Shintaro y, desde ahí, comenzó a subir en las filas gracias a la agresividad de sus mensajes sobre las amenazas existenciales, a su entender, que países como China o Corea del Norte representaban para Japón.
Este carácter se vio perfectamente representado en su polémica visita de 2013 al santuario de guerra de Yasukuni, que China y las dos Coreas recuerdan como un símbolo del pasado militar imperial de Japón.
Shinzo Abe defendía la militarización del país
Su aparición en Yasukuni fue el prolegómeno de lo que pasaría dos años después: la declaración de una iniciativa para obtener el derecho a la autodefensa colectiva, es decir, capacitar a Japón para movilizar tropas en el extranjero con el objetivo de defenderse a sí mismo y a sus aliados bajo ataque. Sin embargo, fracasó a la hora de codificar este derecho en la Constitución japonesa, y el tema sigue generando división en el país.