Manifiesto de Palantir: el mandato a Silicon Valley que puede cambiar el mundo

El manifiesto de Palantir que sacude Silicon Valley. Telecinco
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Palantir Technologies, la empresa de software de defensa e IA que trabaja para el Ejército de EE.UU., para ICE y para el NYPD, ha publicado este fin de semana un manifiesto de aproximadamente 1.000 palabras con la doctrina político-militar de su CEO, Alex Karp, y su coautor Nicholas W. Zamiska.

Hablamos de una de las grandes empresas tecnológicas, especializada en vigilancia masiva y un actor clave en el sector de la Defensa en EEUU. Pero sus intenciones van más allá del negocio. Tiene un proyecto ideológico y acaba de expresarlo con un manifiesto. Quiere que Silicon Vallley se deje de redes sociales y se involucre en grandes proyectos militares para defender a Occidente.

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El apretón de manos entre Donald Trump y Peter Thiel, un desconocido para muchos, es el sello de una alianza que quiere dominar el mundo. No es exageración. La empresa que fundó Thiel, Palantir, con numerosos ex altos cargos del gobierno, la dirige este hombre, Alex Karp. Los dos son personajes de libro: Thiel da conferencias sobre la llegada del AnitCristo y defiende que no son compatibles libertad y democracia. Y que debemos elegir la libertad.

Karp es un judío educado en ambientes de izquierda que se ha unido a la empresa de moda para generar armamento con inteligencia artificial.

Los sistemas de Palantir ya permiten, por ejemplo, al ICE -la policía de deportaciones- identificar uno a uno a los migrantes sin papeles. Lo mismo puede hacerse con objetivos bélicos. Identificarlos con precisión de cirujano: un solo coche, una sola habitación, un solo hombre. El Pentágono no para de darles contratos, incluido el de la famosa Cúpula Dorada, y se los retira a aquellos como Anthropic que no quieren traspasar líneas rojas: máquinas que disparen solas, por ejemplo.

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1. Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su auge. La élite de la ingeniería de Silicon Valley tiene la obligación de participar en la defensa de la nación.

2. Debemos rebelarnos contra la tiranía de las aplicaciones. ¿Es el iPhone nuestro mayor logro creativo, si no el más importante, como civilización? Este dispositivo ha transformado nuestras vidas, pero también puede estar limitando y restringiendo nuestra percepción de lo posible.

3. El correo electrónico gratuito no es suficiente. La decadencia de una cultura o civilización, y de hecho de su clase dirigente, solo se perdonará si esa cultura es capaz de generar crecimiento económico y seguridad para la ciudadanía.

4. Se han puesto de manifiesto los límites del poder blando, de la mera retórica grandilocuente. La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer requiere algo más que un atractivo moral. Requiere poder duro, y el poder duro en este siglo se construirá sobre software.

5. La cuestión no es si se construirán armas de IA, sino quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no se detendrán a entablar debates teatrales sobre las ventajas de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas para la seguridad militar y nacional. Seguirán adelante.

6. El servicio militar obligatorio debería ser un deber universal. Como sociedad, deberíamos considerar seriamente abandonar las fuerzas armadas exclusivamente voluntarias y solo participar en la próxima guerra si todos comparten el riesgo y el costo.

7. Si un infante de marina estadounidense pide un mejor rifle, deberíamos fabricarlo; y lo mismo ocurre con el software. Como país, deberíamos ser capaces de continuar el debate sobre la pertinencia de la acción militar en el extranjero, sin dejar de ser firmes en nuestro compromiso con aquellos a quienes hemos pedido que arriesguen su vida.

8. Los funcionarios públicos no tienen por qué ser nuestros sacerdotes. Cualquier empresa que remunerara a sus empleados como lo hace el gobierno federal con los funcionarios públicos tendría dificultades para sobrevivir.

9. Deberíamos mostrar mucha más compasión hacia quienes se han dedicado a la vida pública. Eliminar cualquier espacio para el perdón —desechar cualquier tolerancia hacia las complejidades y contradicciones de la psique humana— podría dejarnos con un grupo de personas al mando de las que nos arrepentiremos.

10. La psicologización de la política moderna nos está desviando del camino correcto. Quienes buscan en la arena política nutrir su alma y su sentido de identidad, quienes confían demasiado en que su vida interior se exprese en personas que quizás nunca conozcan, se sentirán decepcionados.

11. Nuestra sociedad se ha vuelto demasiado ansiosa y a menudo se regocija, con la desaparición de sus enemigos. La derrota de un adversario es un momento para reflexionar, no para celebrar.

12. La era atómica está llegando a su fin. Una era de disuasión, la era atómica, está terminando, y una nueva era de disuasión basada en la IA está a punto de comenzar.

13. Ningún otro país en la historia del mundo ha promovido los valores progresistas más que este. Estados Unidos dista mucho de ser perfecto. Pero es fácil olvidar cuántas más oportunidades existen en este país para quienes no pertenecen a las élites hereditarias que en cualquier otra nación del planeta.

14. El poder estadounidense ha hecho posible una paz extraordinariamente larga. Muchos han olvidado, o quizás dan por sentado, que casi un siglo de alguna forma de paz ha prevalecido en el mundo sin un conflicto militar entre grandes potencias. Al menos tres generaciones —miles de millones de personas, sus hijos y ahora nietos— nunca han conocido una guerra mundial.

15. Es necesario revertir el debilitamiento de Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial. La pérdida de poderío militar de Alemania fue una reacción exagerada por la que Europa ahora paga un alto precio. Un compromiso similar, y sumamente teatral, con el pacifismo japonés, de mantenerse, también amenazará con alterar el equilibrio de poder en Asia.

16. Debemos aplaudir a quienes intentan construir donde el mercado no ha actuado. La cultura casi se burla del interés de Musk por las grandes narrativas, como si los multimillonarios debieran limitarse a enriquecerse. Cualquier curiosidad o interés genuino en el valor de su creación se descarta, o quizás se esconde tras un desdén apenas disimulado.

17. Silicon Valley debe desempeñar un papel en la lucha contra la delincuencia violenta. Muchos políticos en Estados Unidos se han encogido de hombros ante la delincuencia violenta, abandonando cualquier esfuerzo serio por abordar el problema o asumiendo cualquier riesgo con sus electores o donantes para proponer soluciones y experimentos en lo que debería ser un intento desesperado por salvar vidas.

18. La exposición implacable de la vida privada de las figuras públicas aleja demasiado talento del servicio público. El ámbito público —y los ataques superficiales y mezquinos contra quienes se atreven a hacer algo más que enriquecerse— se ha vuelto tan implacable que la república se encuentra con una considerable lista de individuos ineficaces y vacíos, cuya ambición se perdonaría si existiera en su interior alguna estructura de convicciones genuinas.

19. La cautela en la vida pública que, sin darnos cuenta, fomentamos es corrosiva. Quienes no dicen nada malo, a menudo no dicen gran cosa.

20. Hay que resistir la intolerancia generalizada hacia las creencias religiosas en ciertos círculos. La intolerancia de la élite hacia las creencias religiosas es quizás una de las señales más reveladoras de que su proyecto político constituye un movimiento intelectual menos abierto de lo que muchos de sus miembros afirman.

21. Algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas. Todas las culturas son ahora iguales. Se prohíben las críticas y los juicios de valor. Sin embargo, este nuevo dogma pasa por alto el hecho de que ciertas culturas, e incluso subculturas, han producido maravillas. Otras han resultado mediocres, y peor aún, regresivas y perjudiciales.

22. Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y sin sustancia. En Estados Unidos, y más ampliamente en Occidente, nos hemos resistido durante el último medio siglo a definir culturas nacionales en nombre de la inclusión. ¿Pero inclusión en qué?

Palantir, hay que quedarse desde ya con este nombre. A los fans de "El señor de los anillos" les sonará: es una de las bolas con las que Sáruman, el mago malo de la saga, ve el espacio y el tiempo lejanos.