Agresión sexual

Juzgan a un cuidador, aún en activo, acusado de violar a dos ancianas de 90 y 100 años en una residencia de Madrid

Accesos a la residencia pública de mayores Moscatelares en San Sebastián de los Reyes, Madrid. Europa Press
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El caso de dos ancianas de 90 y 100 años respectivamente presuntamente violadas por su cuidador en una residencia de mayores de San Sebastián de los Reyes, Madrid, ha entrado en la fase de vista oral tras casi dos años de investigación. Las dos víctimas, ya fallecidas dejaron sus declaraciones como pruebas preconstituidas lo que ayudará a determinar la culpabilidad del presunto agresor. El investigado es un gerocultor salvadoreño de 43 años que responde a las iniciales de José R.R., actualmente en situación de libertad y aún en activo.

Según el testimonio de la mujer de 90 años recogido por Diario de Mallorca, el cuidador aprovechó cuando la cambiaba el 26 de febrero de 2024 para desvestirla sin motivo, manosearle los pechos y el resto del cuerpo al tiempo que le restregaba su órgano sexual para terminar introduciéndole “algo” que ella no pudo identificar, provocándole un “dolor intenso” que le llevó a gritar. 

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Una denuncia previa que ya había levantado sospechas

Esta víctima, una anciana con plenas facultades cognitivas, acudió al despacho de la trabajadora social y la psicóloga del centro relatando lo ocurrido la noche anterior, un testimonio que fue consideraron como “creíble y coherente”, alertando de inmediato a la directora del centro, que a su vez avisó a la Policía. La dirección identificó rápidamente al trabajador que había estado en la habitación de la residente: José R.R., encargado de tareas de aseo, cambios de pañal, alimentación y acompañamiento nocturno.

La investigación reveló que no era la primera vez que una residente de 'Moscatelares' señalaba al mismo empleado. Días antes, una mujer de 100 años había comunicado a una trabajadora que, durante la noche del 23 al 24 de febrero, el gerocultor la llevó a la cama y se “arrimó de manera inapropiada”, mostrando signos de excitación, para después introducirle un dedo en la vagina.

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Ante esta primera denuncia, la directora abrió una investigación interna. Cuando una supervisora preguntó al trabajador por lo ocurrido, él respondió que la anciana lo había “malinterpretado” y que solo le introdujo un dedo en el ano para ayudarla a defecar, ya que supuestamente tenía dificultades. Aunque la dirección consideró sospechosa la explicación, afirmó no poder asegurar “al cien por cien” que él fuera el autor, por lo que decidió trasladarlo a otra planta, donde los residentes tenían mayor capacidad cognitiva.

Fue precisamente en esa nueva ubicación donde, según el sumario, se produjo la segunda agresión.

La dirección del centro, tras la segunda denuncia, despidió al trabajador ese mismo día. Sin embargo, según consta en el sumario, poco después fue contratado en otra residencia, por lo que continuó trabajando con personas mayores.

“Algún trabajador habría oído los gritos”

José R.R. fue detenido por la Policía, aunque quedó en libertad con una orden de alejamiento de las denunciantes y del centro. El pasado 19 de febrero declaró ante la jueza y negó rotundamente las agresiones, argumentando que, de haber ocurrido, “algún trabajador habría oído los gritos” de las ancianas.

Su versión ante la dirección del centro también fue exculpatoria: insistió en que la primera residente lo había malinterpretado y que su actuación con la mujer de 100 años respondía a una supuesta ayuda para facilitar la evacuación.

Tras dos años de diligencias, la magistrada del Juzgado de Instrucción nº 2 de Alcobendas concluye que existen indicios racionales de criminalidad suficientes para procesarlo por dos delitos de agresión sexual agravada, al tratarse de víctimas especialmente vulnerables.

Ambas mujeres han fallecido desde entonces, pero sus declaraciones —grabadas a petición de sus abogados como prueba preconstituida— serán la pieza central del juicio. La jueza considera que sus testimonios, tomados cuando aún vivían y con garantías procesales, mantienen plena validez.