Aunque no vean espíritus, los gatos sí que experimentan el mundo de manera muy diferente a nosotros reaccionando a movimientos diminutos, sonidos ultrasuaves o cambios de luz
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Quien convive con un gato ha podido ver más de una vez cómo el felino se queda completamente quieto, con la mirada fija en un punto de la pared o el techo. No sería nada extraño si no fuera porque cuando se mira en busca de ese objeto de interés, no hay nada. En ese momento, surge la misma pregunta que ya surgió hace siglos: ¿los gatos pueden ver algo invisible para nosotros?
Este comportamiento ha alimentado muchos mitos, desde la creencia de que los gatos pueden ver fantasmas hasta la idea de que tienen algún tipo de percepción sobrenatural. La ciencia ofrece explicaciones mucho más interesantes, y también, mucho más impresionantes sobre estos animales: pueden percibir estímulos que el ser humano sencillamente no es capaz de detectar.
¿De dónde surge el mito sobre los gatos y lo sobrenatural?
La idea de que los gatos tienen una conexión especial con el mundo invisible no es algo nuevo, se remonta a miles de años atrás. En el antiguo Egipto, los gatos eran animales sagrados vinculados a la diosa Bastet, símbolo de protección y fertilidad. Se pensaba que tenían poderes espirituales y que podían proteger a los humanos de energías malignas.
En otras culturas, también se les atribuyeron cualidades místicas. En algunas tradiciones europeas medievales, los gatos, sobre todo los negros, estaban relacionados con la brujería y lo sobrenatural. Esta relación continúa hoy en día, ya que algunas personas siguen pensando que los gatos negros atraen la mala suerte y son símbolo de brujería. Por el contrario, en Japón el gato es considerado un animal que atrae la buena suerte y aleja de las malas energías.
Estas creencias se iban alimentando de su comportamiento enigmático: movimientos silenciosos, actividad nocturna y miradas a “la nada”. Para muchas de estas antiguas culturas, esto era suficiente para pensar que los felinos podían percibir algo que los humanos no.
Para la ciencia moderna, no hay evidencia alguna de que los gatos vean fantasmas o espíritus. Lo que sí existe es una combinación asombrosa de sentidos muy desarrollados que les hace capaces de detectar estímulos extremadamente sutiles.
Los gatos son depredadores capaces de detectar lo imperceptible
Esta es una característica de los gatos que a menudo olvidamos. Aunque los veamos como bolitas adorables de pelo que ronronean sobre nosotros, estos felinos son depredadores altamente especializados. El gato doméstico es un cazador que puede detectar movimientos diminutos, sobre todo en condiciones de poca luz.
Durante miles de años de evolución, los gatos han desarrollado sentidos extremadamente refinados para poder localizar presas pequeñas como insectos o roedores. Esta adaptación sigue presente incluso en los gatos que viven en casa, que no cazan por necesidad sino por instinto. Debido a esto, su percepción del entorno es muy diferente a la humana.

La vista: el gato es experto en detectar movimiento
Uno de los motivos por los que los gatos parecen observar algo inexistente está relacionado con su vista. Los gatos pueden detectar mejor los movimientos pequeños y rápidos. De hecho, su sistema visual está diseñado para poder reaccionar rápidamente ante desplazamientos diminutos que podrían corresponder a presas.
Además, su cerebro procesa de forma diferente el movimiento, lo que hace que puedan percibir cambios casi imperceptibles, como un insecto diminuto o un reflejo de la luz. También cuentan con una capacidad de visión nocturna muy superior a la humana gracias al tapetum lucidum, una capa reflectante que se encuentra en sus ojos que amplifica la luz disponible, haciendo que puedan ver en condiciones de poca iluminación.
El oído: captan sonidos que el humano no percibe
Este es otro factor clave: el oído. Los gatos poseen un rango auditivo mucho más amplio que el de los humanos. Son capaces de detectar frecuencias muy altas y sonidos extremadamente suaves. Además, sus orejas son muy móviles y pueden girar de forma independiente en dirección al sonido. Debido a esto, cuando el gato se queda mirando un punto fijo, puede estar escuchando una tubería, un insecto, el ruido de otro animal o movimientos en el edificio. Muchas veces, el gato está procesando un sonido sutil mientras intenta localizar de donde procede.

Sus bigotes son sensores ultrasensibles
Este es uno de los elementos más sorprendentes del cuerpo de un gato. No son simples pelos, están conectados a terminaciones nerviosas extremadamente sensibles que detectan cambios en el aire, vibraciones y movimientos diminutos en el entorno. Los bigotes también les permiten detectar la presencia de presas o posibles amenazas incluso en la oscuridad.
Un cerebro de cazador
Además de sus sentidos, el comportamiento felino también explica este fenómeno. El cerebro de los gatos está programado para mantener un estado de vigilancia constante. Cuando parecen relajados, los felinos siguen analizando su entorno en busca de estímulos que pueden indicar la presencia de una presa o un peligro. Por esto, adoptan esa postura tan característica donde se quedan con la mirada fija, el cuerpo inmóvil, sus orejas se orientan en busca de la presa y sus pupilas se dilatan. Están analizando algo que su cerebro considera relevante.
En definitiva, cuando un gato se queda mirando fijamente a una pared vacía, no está interactuando con lo paranormal, sino que puede que haya todo un universo de estímulos que nosotros no podemos captar, pero ellos sí.

