Muchos coches están fallando más con el calor extremo por una misma razón, según los mecánicos
Las visitas a talleres mecánicos en España se incrementan cerca de un 30% durante la época estival
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Hay una frase que los mecánicos españoles repiten cada verano con regularidad, y es la de "esto podría haberse evitado". La pronuncian frente a radiadores fundidos, baterías agotadas antes de tiempo o sistemas de frenos que han perdido eficacia en plena autopista. Y la razón que hay detrás es casi siempre la misma, una parada de mantenimiento que no se llegó a hacer nunca.
Las estadísticas no engañan. Las visitas a talleres mecánicos en España se incrementan cerca de un 30% durante la época estival en reparaciones directamente relacionadas con el calor, una tendencia que se repite año tras año aunque la mayoría de conductores sigue sin realizar las revisiones preventivas recomendadas antes de los desplazamientos vacacionales.
El mantenimiento que no se hace
La raíz del problema hay que tenerla clara. Y es que el calor no crea vulnerabilidades de la nada, sino que solo las revela. Acelera el deterioro de aquellos componentes que ya estaban al límite, adelantando el fallo de piezas que con el mantenimiento al día se habrían sustituido a tiempo.
Los componentes que más acusan esta combinación de abandono y temperatura son, según los expertos del sector, siempre los mismos.
- Batería: su deterioro se asocia popularmente al frío invernal, pero en realidad resulta igual de vulnerable al calor. El calor extremo acelera la degradación química de la batería, lo que puede reducir significativamente su vida útil. Las altas temperaturas aumentan la resistencia interna y reducen la capacidad de carga, sobre todo en baterías ya debilitadas por el uso. La recomendación es revisar el voltaje y la capacidad de arranque antes del verano, comprobar terminales y bornes, y revisar el sistema de carga en coches con más de cinco años.
- Sistema de refrigeración: compuesto por radiador, termostato y, bomba de agua. Los expertos lo consideran como una de las partes más vulnerables, y además se nos advierte de que el diagnóstico electrónico cambia la naturaleza del problema: "A menudo, el problema no es mecánico, sino un fallo en la lectura de los sensores o en el software que gestiona la refrigeración. Si un sensor falla, el coche puede entrar en modo protección, perdiendo potencia para evitar que el motor se funda." Un sistema de refrigeración en mal estado puede aumentar el consumo de combustible hasta un 10% y reducir drásticamente la vida útil del motor.
- Neumáticos: Acumulan presión con el aumento de temperatura del asfalto y el aire interior, acelerando el desgaste y elevando el riesgo de reventón. Entre las señales claras de riesgo que los conductores deben vigilar en verano se encuentra precisamente la pérdida de presión en los neumáticos, junto con el aumento excesivo de temperatura en el cuadro de mandos, los testigos de alerta encendidos y las fugas visibles de líquidos bajo el vehículo.
- Sistema de frenos: Los frenos son una de las partes más importantes para la seguridad de un vehículo, de sus ocupantes y de cualquier usuario de las vías públicas. Una avería en este sistema impedirá detener el vehículo a tiempo. El calor ambiental afecta directamente al líquido de frenos, y puede reducir su eficacia o incluso inutilizarlo si el líquido llega a hervir, fenómeno conocido como vapour lock.
El factor que multiplica el daño
Lo que hace especialmente traicionero al calor extremo de los últimos años es que ya no produce únicamente los fallos mecánicos que los conductores tienen interiorizados. Por ejemplo, el calor sostenido por encima de los 38-40°C hace que el plástico de las escobillas limpiaparabrisas se rompa y el brazo metálico raye el cristal de forma permanente. Este mismo calor provoca lo que los mecánicos llaman "frenos blandos", una pérdida de respuesta del pedal que puede no manifestarse hasta que el conductor necesita frenar con urgencia.
La lista de revisiones que los profesionales del sector consideran mínimas antes de cualquier desplazamiento estival de largo recorrido incluye la comprobación de niveles de aceite, refrigerante y líquido de frenos; estado y presión de neumáticos; verificación de la batería; y revisión del sistema de climatización. Este último no es un elemento de confort accesorio: si no funciona adecuadamente, puede disminuir la concentración del conductor y aumentar el riesgo de accidente.
El calor, en definitiva, no hace más que presentar la factura de lo que no se revisó. El taller no es el problema; el problema es el tiempo entre revisiones.