El uso permitido de las señales acústicas de nuestro vehículo están mucho más restringido de lo que podríamos pensar oyendo usar el claxon todos los días.
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A la hora de conducir, una cosa es el marco teórico que establecen las diferentes leyes de tráfico y otra muy diferente cómo se aplica esto a la realidad de nuestra conducción diaria. Por mucho que estemos acostumbrados a ver comportamientos habituales, si estos están prohibidos, la excusa de “todos los conductores lo hacen” no nos va a servir para evitar una sanción económica.
Hay grandes ejemplos de infracciones tan frecuentes que cuesta verlas como eso mismo, como circular por el carril izquierdo o no usar intermitentes. Un ejemplo también sería el uso por encima de lo legal del claxon, así que te vamos a contar cómo deberías hacer uso de este avisador acústico si no quieres que te pongan una multa.
El uso del claxon está más restringido de lo que crees
El artículo 11.7 del Reglamento General de Vehículos establece la obligación de todos los vehículos de tener instalado lo que conocemos como claxon: “Todo vehículo de motor, excepto los motocultores conducidos a pie, estará provisto de un aparato productor de señales acústicas que emita un sonido continuo, uniforme y de suficiente intensidad. Sólo en los vehículos que tengan el carácter de prioritarios se instalarán aparatos emisores de señales acústicas especiales, siempre que estén debidamente autorizados por el órgano competente en materia de industria”. Sin embargo, no significa que sea un elemento de uso habitual.
De hecho, su utilización permitida está recogida en el artículo 110 del Reglamento General de Circulación, en el que se dice que “excepcionalmente o cuando así lo prevea alguna norma de la legislación sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial, podrán emplearse señales acústicas de sonido no estridente, y queda prohibido su uso inmotivado o exagerado”.
Además, para vehículos no prioritarios, los únicos supuestos permitidos de uso son tres: evitar un posible accidente (y, de modo especial, en vías estrechas con muchas curvas), advertir fuera de poblado al conductor de otro vehículo el propósito de adelantarlo o advertir al resto de usuarios de la vía de nuestra presencia en situaciones recogidas en el artículo 70 del mismo reglamento (vehículos no prioritarios actuando en servicio de urgencia, que deberían acompañar el claxon con las luces de emergencia).
Contando con solamente tres supuestos aceptados por la normativa, nos vienen a la cabeza los casos más frecuentes que solemos presenciar del uso del claxon y para nada se ajustan a lo autorizado. Un claro ejemplo es el uso del claxon cuando se ha abierto un semáforo y el primer conductor en la fila de vehículos detenidos no reemprende la marcha de forma casi instantánea, por lo que alguien decide avisar a dicho conductor. Otro uso habitual es en retenciones, aunque sin saber muy bien la supuesta finalidad que se pretende con su uso, pues el atasco tendrá que irse resolviendo por sí mismo y el claxon no va a hacer que se teletransporten los vehículos atascados.
Aunque el uso del claxon está prohibido de forma universal, existe una señal de prohibición específica para este supuesto, la R-310, cuya designación oficial es ‘Advertencias acústicas prohibidas’. A efectos, supone un refuerzo de la prohibición de utilizar la bocina del vehículo en espacios de especial protección acústica, como serían hospitales, donde el ruido excesivo puede llegar a afectar a los pacientes, o zonas residenciales, donde un excesivo ruido se traduce en contaminación acústica que afecta a la convivencia.
El tema de la contaminación acústica es uno de los pilares por los que se sancionan estos comportamientos. Provocan molestias y es por ello que también nos miden los decibelios de los ruidos que emite el vehículo al pasar la ITV y, en caso de contar con sonómetros, también pueden multarnos en circulación. El otro principal motivo es que el uso principal del claxon está destinado a una advertencia concreta y puntual que sirva para evitar accidentes. Cuando su uso se generaliza en ciertos contextos, su efectividad baja bastantes puntos, pues el resto de los conductores no sienten la sensación de urgencia que debería tener su uso y simplemente lo asimilan sin la debida preocupación o alerta que deberían tener cuando lo escucharan de cuando en cuando.
Multas relacionadas con el uso del claxon
Por lo general, la mayoría de las sanciones por el uso indebido del claxon son bastante infrecuentes y, en caso de ser sancionadas, la mayoría son simplemente de tipo leve, el más bajo dentro de la escala sancionadora. Por ejemplo, emplear señales acústicas de sonido estridente, hacer uso del claxon en cualquier caso no permitido o no cumplir con la prohibición que marca una señal R-310 sería una infracción leve que lleva aparejada una sanción económica de 80 euros (sin pérdida de puntos).
Sin embargo, más allá de estas faltas leves también hay comportamientos relacionados con el avisador acústico que sí pueden llegar a escalar hasta infracción grave. Por ejemplo, si se circula con un vehículo no prioritario con aparatos emisores de señales acústicas especiales serían 200 euros, misma cifra que no disponer del emisor de señales acústicas de la forma establecida reglamentariamente, algo que controlan en la Inspección Técnica de Vehículos y, pese a ser complicado verificar por parte de un agente de la autoridad de tráfico, en el que caso de que nos pillaran, tendría idéntica multa.

