Multas

Abrir la puerta del coche sin mirar puede acabar en multa: es el gesto que más se sanciona en ciudad

Antes de abrir la puerta hay que ver que no alcancemos a nadie. Magnific
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La seguridad vial es tarea de todos, conductores y peatones, tratando de evitar poner en riesgo a uno mismo o a los demás. Para ello, conviene concienciarnos sobre ciertos comportamientos que acaban estando muy arraigados, pero no por ello son realmente seguros y en los que un despiste puede tener muy graves consecuencias y ser un gran peligro que podría haberse evitado. Cuando la pedagogía no es suficiente, la Dirección General de Tráfico tiene que entrar en acción y aplicar fuertes sanciones económicas para evitar que ciertos comportamientos sigan sucediendo.

Abrir la puerta sin mirar, una distracción que sale cara

Como suele suceder, todo aquello que es muy evidente que constituye un riesgo a nivel de seguridad vial suele tener su espacio en la legislación en materia de tráfico que tenemos vigente (y si no, se acabará actualizando tarde o temprano). En este caso, tan solo tendríamos que echar un vistazo al artículo 114.1 del Reglamento General de Circulación, que nos dice que “se prohíbe llevar abiertas las puertas del vehículo, abrirlas antes de su completa inmovilización y abrirlas o apearse sin haberse cerciorado previamente de que ello no implica peligro o entorpecimiento para otros usuarios, especialmente cuando se refiere a conductores de bicicletas”.

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Esta normativa ha sido trasladada también a la última reforma de la Ley sobre Tráfico y Seguridad Vial, donde se castiga con hasta 260 euros de multa, sin resta de puntos, y es responsabilidad de la persona que sale del coche, no del conductor si no fue él mismo quien cometió la infracción. El motivo está muy claro y lo recoge parcialmente el RGC: abrir las puertas sin mirar puede suponer un obstáculo mortal para un ciclista —o motociclista— que se lo encuentre de golpe, de manera inadvertida y sea tirado de su vehículo en el accidente.

Tampoco es un comportamiento que resulte inocuo para quien ha cometido la imprudencia, conocida también como dooring, pues puede ser objeto de atropello por parte de otro vehículo que circule en el mismo sentido, o en caso de ser alcanzado por uno que circule en dirección contraria y vuelva a ‘cerrar’ la puerta, podría provocar lesiones muy graves y hasta cortes y amputaciones. Tal y como recuerda RACE, “en caso de accidente por dooring, la culpa siempre recaerá sobre la persona que ha abierto la puerta, salvo en el caso de que quien colisione con ella esté a su vez cometiendo una infracción (como, por ejemplo, saltarse un semáforo en rojo o invadiendo un carril en sentido contrario)”.

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Como son el eslabón más débil en caso de accidente, por mucho que no hayan tenido culpa, también las autoridades recomiendan a los ciclistas extremar las precauciones. En algunas localidades como Madrid, su Ordenanza de Movilidad Sostenible recoge en su artículo 167.3 el lugar por el que deben circular para evitar estos posibles percances. “Al circular por la calzada las bicicletas circularán, por razones de seguridad vial, ocupando la parte central del carril sin perjuicio de poder usar el resto del carril para adaptarse a las condiciones de tráfico y de la vía”.

La ‘técnica holandesa’ que te evita una multa

Si los ciclistas tienen que cumplir con su parte, los ocupantes de los coches no son menos. Para ahorrarnos la posible sanción económica por estos comportamientos que suceden por el despiste de abrir la puerta sin mirar, bastaría con comenzar a aplicar la observación antes de la apertura y convertirlo en rutina, pero ya que vamos a implementar un nuevo comportamiento, resulta mucho más efectivo hacerlo con lo que se conoce como ‘técnica holandesa’, que no solamente nos puede ahorrar unos cuantos euros, sino que puede servir para salvar la vida a alguien o al menos librarlo de un accidente.

En esencia, esta técnica consiste en comenzar a utilizar para abrir la puerta no la mano más cercana, sino la más alejada de la maneta. De este modo, con este gesto tan simple lo que estamos haciendo realmente es obligarnos a girar el torso y el cuello hacia la ventana, haciendo que involuntariamente forcemos un vistazo al cristal del lado de la puerta que vamos a abrir. Por supuesto, es mucho mejor si realizamos observaciones profundas sobre el entorno antes de accionar la maneta de apertura, pero si buscamos convertir en costumbre lo que anteriormente no hacíamos, es un buen punto de partida.

Como puedes intuir, el nombre de técnica holandesa viene de Países Bajos, donde esta recomendación allí está realmente extendida entre los conductores, algo bastante comprensible teniendo en cuenta el elevado número de ciclistas que circulan por sus calles y hay que tratar de proteger al máximo su integridad. Sin llegar a una obligación recogida en sus normas de tráfico, sí que se llega a enseñar en la autoescuela a la hora de aprender a conducir.