Motor

La revolución del combustible sintético ya está en marcha: habrá cambios inmediatos para los conductores

e-fuel sostenible
e-fuel sostenible. Porsche
Compartir

Durante años, la conversación sobre el futuro del automóvil europeo se había reducido a una disyuntiva entre el motor de combustión o motor eléctrico. Sin embargo, en los últimos meses ha irrumpido en el debate una tercera vía que tan solo unos pocos años atrás no se contemplaba con seriedad, pero que ya está teniendo consecuencias tangibles para el conductor español: los combustibles sintéticos y renovables. 

Se trata de una revolución que ha dejado de ser teórica o futura, y que ya está en activo, con estaciones de servicio disponibles, un marco regulatorio recién actualizado y una industria petroquímica reconvertida al hidrógeno verde y a la captura de CO₂ como pilares de su producción.

PUEDE INTERESARTE

El detonante político del cambio se produjo a finales de diciembre de 2025, cuando las autoridades europeas dieron un paso atrás en la prohibición de vender coches con motor de combustión a partir de 2035, tras las presiones de Alemania, Italia y España. De esta forma, la Comisión suavizó la prohibición y propone ahora que los fabricantes cumplan a partir de esa fecha un umbral del 90% de reducción de emisiones en el tubo de escape, en lugar del 100 % inicialmente previsto.

Esa brecha del 10% no es un detalle técnico menor, ya que para compensar el 10% restante de emisiones, las empresas deberán recurrir a dos vías: utilizar acero de bajas emisiones producido en la UE o compensar emisiones mediante combustibles sintéticos (e-fuels) y biocombustibles. Es decir, que los coches con motor de combustión no desaparecen en 2035; permanecen si el combustible que los alimenta acredita neutralidad, o casi.

PUEDE INTERESARTE
Medidor de combustible

¿Qué es exactamente un e-fuel?

La explicación química es sencilla. En un e-fuel, todo comienza capturando CO₂. Ese dióxido de carbono puede extraerse directamente del aire mediante sistemas de filtrado (tecnología DAC), o bien recuperarse de chimeneas industriales que lo emitirían igualmente. En paralelo, se obtiene hidrógeno verde mediante electrólisis del agua. Cuando ambos elementos se combinan en un proceso denominado síntesis, se obtiene un hidrocarburo artificial que puede convertirse en gasolina, diésel o queroseno. 

La virtud es doble: el CO₂ que emite el tubo de escape es el mismo que se capturó previamente para producir el combustible y el resultado, es compatible con motores actuales sin modificaciones profundas y resulta fácil de distribuir, porque usa la red de gasolineras ya existente.

Pero hay un matiz muy importante que se debe tener en cuenta. Y es que los combustibles sintéticos serán entre cuatro y seis veces más caros que los combustibles fósiles actuales. En aviación, con una mezcla del 10%, el precio de los billetes de avión podría aumentar alrededor de un 5%. La transposición al surtidor del coche no es lineal, pero la magnitud del sobrecoste sí resulta orientativa.

El potencial industrial español

España juega con ventaja geográfica en esta transición. Un estudio de PwC afirma que la capacidad de producción de hidrógeno podría llegar a 5 millones de toneladas anuales para 2030, posicionando al país como un actor relevante en el mercado global de combustibles sintéticos. El impacto económico agregado se estima entre 8.000 y 19.000 millones de euros en términos de Producto Interno Bruto durante las fases de construcción y operación de infraestructuras entre 2025 y 2050.

Todo esto, traducido a la práctica del usuario español de un vehículo con motor térmico, los cambios inmediatos son estos: los combustibles renovables ya están disponibles en más de 1.600 estaciones de servicio, permiten alimentar cualquier motor diésel actual sin modificación mecánica y garantizan que un coche comprado hoy podrá seguir circulando más allá de 2035. La contrapartida es el sobreprecio en el surtidor, que a escala industrial será entre cuatro y seis veces superior al fósil hasta que las economías de escala corrijan el desequilibrio. La revolución, al fin y al cabo, ya no se discute en Bruselas, sino que se paga cada vez que uno llene el depósito.