Un vehículo eléctrico puro conserva, tras tres años de uso, solo el 48% de su valor inicial
El nuevo sistema que varios fabricantes ya incorporan y que cambiará para siempre la forma de conducir
Comprar un coche nuevo y revenderlo cinco años después siempre ha sido sinónimo de pérdida. Lo que ha cambiado es la velocidad a la que esa pérdida se produce y, sobre todo, qué tipo de coches la acusan con mayor intensidad. El mercado de segunda mano en España y en Europa está experimentando una transformación estructural que redistribuye ganadores y perdedores de forma distinta a lo que solía. En el centro están los coches eléctricos, que se vendieron como el futuro de la movilidad, y hoy son los que más rápido se deprecian. Y el proceso se está acelerando.
Los datos que confirman la tendencia
Un estudio que examinó más de 800.000 vehículos usados con cinco años de antigüedad vendidos entre marzo de 2024 y febrero de 2025 llegó a unas sorprendentes conclusiones: la depreciación media de los vehículos ha pasado del 38,8% registrado en 2019 al 45,6% actual, un salto de casi siete puntos que el propio informe atribuye directamente a la irrupción de la electrificación en el mercado. Los modelos eléctricos son los que más valor pierden durante los primeros cinco años de uso, con una depreciación media del 58,8%.
En Europa, a cierre de 2025, un vehículo eléctrico puro conservaba, tras tres años desde su primera matriculación, solo el 48% de su valor inicial, con un precio medio de 21.884 euros en el mercado de ocasión. En contraste, el híbrido no enchufable retiene el 68% de su precio original en el mismo periodo, consolidándose como la tecnología que mejor resiste la depreciación.
Por qué los eléctricos se deprecian tan rápido
La explicación no es única ni simple, pero hay tres factores que los especialistas identifican de forma consistente.
El primero es la obsolescencia tecnológica acelerada. Las nuevas generaciones de eléctricos tienen más autonomía, cargan más rápido e incorporan funciones que los modelos de apenas tres años no tienen. Eso deja a los propietarios de las primeras generaciones en una posición equivalente a la del usuario de un teléfono móvil de 2021 intentando venderlo en 2024: el mercado lo sabe y descuenta esa distancia tecnológica directamente en el precio de segunda mano.
El segundo factor es la guerra de precios en el mercado de coches nuevos. Cuando un fabricante baja el precio de su modelo de acceso, todos los usados de la misma marca pierden valor proporcionalmente. Tesla, cuyo Model 3 bajó en un momento dado de 50.800 a 39.990 euros en su versión de entrada, ejemplifica bien este efecto cascada: un comprador que pagó el precio original en 2021 y quiere vender ahora compite contra coches nuevos mucho más baratos.

El tercero es la desconfianza hacia las baterías. A diferencia del motor de combustión, cuyo estado puede evaluarse con relativa facilidad, la salud del acumulador de un eléctrico es opaca para la mayoría de los compradores. Esa incertidumbre se traduce en una prima de riesgo que el mercado aplica al precio del vehículo usado, penalizando a todos los eléctricos independientemente de su estado real.
A los tres factores anteriores se añade uno que los concesionarios ya anticipaban y que está materializándose en 2026: la avalancha de retornos de vehículos eléctricos adquiridos en modalidades de renting y leasing tras la pandemia. Muchos de estos coches, comprados entre 2020 y 2022 cuando los incentivos eran máximos y la oferta de modelos usados era mínima, están terminando sus contratos y regresando al mercado de segunda mano de forma masiva, saturando una oferta que ya tenía presión bajista.
Quién pierde y quién gana
El índice GANVAM-DAT del primer trimestre de 2026 añade otra capa de preocupación: el precio medio del vehículo seminuevo ha caído un 10% en el último año, y la tendencia afecta también, aunque en menor medida, a los coches de combustión. Los modelos de gasolina conservan el 58% de su valor a los tres años, frente al 67% que retenían hace apenas un año. El diésel cae al 55%, desde el 65% del primer trimestre de 2025.
Dentro de ese mismo mercado, los modelos que mejor se comportan presentan un denominador común: actualizaciones de software OTA que mejoran el vehículo con el tiempo, alta demanda en el mercado de segunda mano, baterías duraderas y una imagen de marca que sostiene el precio. Esa combinación explica por qué un Tesla Model 3 retiene entre el 70 y el 75% de su valor tras tres años, mientras que el Jaguar I-PACE pierde hasta el 72,2% de su valor en cinco años.
Para el propietario de un eléctrico de primera generación, si tiene intención de venderlo, es mejor hacerlo antes de que la oferta de retornos sature aún más el mercado resulta aconsejable. Para quien compra, en cambio, la situación ofrece una oportunidad inédita: acceder a tecnología eléctrica con descuentos que hasta hace muy poco habrían sido impensables.

