Hospitalización a domicilio: el modelo que permite ingresar en los hogares, pero que "no está implantado en todas las comunidades"

Profesionales de la Unidad de Hospitalización a Domicilio del Hospital La Paz. Cedida
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Enrique pasó 18 días ingresado en el hospital tras sufrir un infarto. Podrían haber sido más, pero en su caso hubo una alternativa. Su hospital de referencia, el Hospital Universitario La Paz, contaba con una Unidad de Hospitalización a Domicilio. Gracias a ello, pudo irse a casa y completar allí la última fase del ingreso, donde permaneció otros 18 días recibiendo la visita de médicos y enfermeros que le ajustaban la medicación y le curaban las más de 90 grapas repartidas entre el tórax y la pierna.

Al frente de esta unidad está Lubna Dani Ben Abdellah, jefa del servicio y miembro de la Sociedad Española de Hospitalización a Domicilio. Además, fue la primera médica que visitó a Enrique en su domicilio. "La fase más aguda, con una monitorización más estrecha, se hizo en el hospital. El resto de los días que habría tenido que permanecer ingresado —para curas de la herida, seguimiento de la evolución y adaptación a su nueva vida— pudo hacerlos en casa gracias a lo que llamamos alta precoz", explica.

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Aunque durante este tiempo los pacientes no pueden hacer vida normal ni salir a la calle —porque, en la práctica, siguen hospitalizados—, el cambio de entorno marca la diferencia. Enrique pudo estar en su casa, con su mujer y su familia, rodeado de lo cotidiano. "De esta manera la recuperación es mejor", afirma Dani Ben Abdellah en una entrevista con la web de 'Informativos Telecinco'.

Esa diferencia la vivió en primera persona Enrique. "Haber estado controlado por un equipo médico del hospital me daba tranquilidad y seguridad. En ningún momento me sentí desatendido; la atención era muy cercana y esa accesibilidad te hace estar con buen ánimo", recuerda.

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En su caso, el cambio también fue en la esfera emocional. "La experiencia de la enfermedad es diferente, cambia por completo. Cuando estaba en el hospital no dejaba de tenerla presente. Sin embargo, en casa desconectas: ves la televisión, pones música, la familia viene a verte… incluso los tuyos. Y eso te alegra el día. No tiene nada que ver".

El ingreso hospitalario es un momento traumático: rompe la rutina y enfrenta a la persona con su vulnerabilidad, en un entorno incierto y, a menudo, hostil. Poder estar en casa, con su familia y sus cosas, reduce mucho esa carga emocional", reflexiona Dani Ben Abdellah.

De los muros del hospital a la casa de los pacientes

Las unidades de hospitalización a domicilio son servicios dependientes de los hospitales, formados por personal médico y de enfermería. "Salimos de los muros del hospital, algo inusual, y vamos a casa de los pacientes. Además de humanizar la asistencia, evitamos infecciones adquiridas en el ámbito hospitalario que pueden complicar el pronóstico", detalla.

Existen dos vías de acceso a este tipo de ingreso. Una de las opciones es el alta precoz, como ocurrió con Enrique: "El paciente ya está hospitalizado y se acorta su estancia en planta para continuar el tratamiento en su domicilio con personal especializado".

La otra puerta de entrada es la conocida como evitación de ingreso. "Se trata de pacientes que acuden a urgencias, cumplen criterios de hospitalización, pero nunca llegan a subir a planta. Es el equipo de hospitalización a domicilio el que los valora y, si reúnen las condiciones, inicia directamente el ingreso en casa. También pueden proceder de consultas externas de especialistas".

La unidad desarrolla, además, programas específicos. Uno de ellos funciona como un hospital de día en el domicilio para pacientes mayores frágiles —habitualmente entre 80 y 90 años— con movilidad reducida que necesitan transfusiones periódicas. "Este tipo de procesos trastoca completamente la dinámica del paciente y de su familia: implica acudir al hospital a primera hora, hacerse pruebas, esperar resultados, valoración por hematología y, en muchos casos, pasar allí todo el día", explica Dani Ben Abdellah

Con este modelo, se invierte el proceso: es el equipo sanitario el que se desplaza al domicilio. "Hacemos las pruebas, nos coordinamos con servicios como Hematología y decidimos si es necesario transfundir. Si lo es, volvemos al día siguiente y realizamos la transfusión en casa, cada 15 o 21 días", subraya.

Requisitos para acceder a la hospitalización a domicilio

El principal requisito es la estabilidad clínica. "Una vez superada la fase hiperaguda, muchos pacientes hospitalizados cumplen estos criterios y solo necesitan tratamiento, seguimiento y manejo médico", señala.

En el caso de los pacientes mayores, es imprescindible que vivan acompañados y cuenten con un cuidador, ya que no pueden salir de casa ni valerse por sí mismos durante el ingreso. A esto se suma un criterio geográfico: el domicilio debe situarse, como norma general, a menos de 30 minutos del hospital para garantizar una respuesta rápida.

Además se cuenta con el paciente ya que no es una solución universal. "Hay pacientes para los que estar en casa puede generar más ansiedad. En esos casos, aunque cumplan los requisitos, no se indica", matiza.

Atención los 365 días del año

El equipo de hospitalización a domicilio está formado, en general, por médicos de familia, internistas, geriatras, neumólogos y personal de enfermería. En el caso de La Paz, lo integran médicos de familia, internistas y enfermeros, aunque en otros hospitales también participan oncólogos o cirujanos.

La atención es continua y organizada de forma muy similar a la de una planta hospitalaria. "Los médicos pasan visita de lunes a viernes y las enfermeras de lunes a domingo, los 365 días del año. Además, contamos con un médico de guardia, de modo que los pacientes tienen atención urgente disponible entre las 8:00 y las 21:00", explica. Durante la noche, la coordinación se realiza con el SUMA 112, que acude al domicilio con acceso a la historia clínica del paciente y decide si es necesario derivarlo al hospital.

Atienden tanto a pacientes con enfermedades crónicas —como insuficiencia cardiaca o EPOC— como a procesos agudos, especialmente infecciosos. "Otro grupo importante es el de pacientes intervenidos quirúrgicamente que pueden beneficiarse de acortar su estancia hospitalaria", añade.

El perfil más habitual es el de personas mayores de 65 años, aunque también hay pacientes más jóvenes, entre los 30 y los 50. La duración del ingreso es muy variable: desde cuatro o cinco días en casos leves hasta meses en situaciones más complejas. "Imagina eso en el hospital", apunta.

Para garantizar la misma seguridad que en planta, los equipos trasladan al domicilio buena parte de la tecnología hospitalaria: terapias respiratorias, dispositivos de medicación intravenosa o soporte nutricional —parenteral o enteral—, siempre en coordinación con otros servicios. También utilizan sistemas de telemonitorización para pacientes seleccionados. "Les damos un maletín con una tablet y dispositivos que permiten controlar constantes en tiempo real. Así podemos anticiparnos y tomar decisiones sin necesidad de esperar a una visita o a una llamada", explica.

Además, facilitan al paciente equipos como pulsioxímetros, tensiómetros o termómetros conectados por Bluetooth. "El objetivo es que tenga la misma seguridad y calidad asistencial que en el hospital. Si esto no se cumple, no se realiza el ingreso en domicilio", subraya.

Grandes diferencias entre Comunidades Autónomas

A pesar de sus beneficios, no todos los pacientes que podrían aprovechar este modelo tienen acceso. "Hay una inequidad flagrante. No todos los hospitales cuentan con estas unidades ni todas las comunidades autónomas han desarrollado planes estratégicos que las impulsen", advierte.

En La Paz atienden a unos 700 pacientes al año, una cifra que depende directamente del número de profesionales disponibles. "Hemos crecido en el último año y eso nos permite atender a más personas", celebra. La unidad comenzó a funcionar en 2020 y, aunque al principio había reticencias —"muchos pacientes pensaban que era porque no había camas"—, hoy la percepción ha cambiado. "Ahora incluso hay pacientes que, nada más llegar a urgencias, piden ser atendidos en domicilio".

La unidad más antigua de España es la del Hospital Gregorio Marañón, con más de 40 años de trayectoria. Aun así, el desarrollo de este modelo ha sido desigual. "En Madrid, tras la pandemia, prácticamente todos los hospitales disponen ya de estas unidades, aunque siguen estando infradotadas".

Por comunidades, el modelo está más consolidado Galicia o Navarra, donde las coberturas alcanzan a prácticamente toda la población susceptible; Comunidad Valenciana, País Vasco y Cataluña. En contraste, regiones como Andalucía, Extremadura o Castilla-La Mancha presentan un desarrollo mucho más limitado.

El principal reto, insiste Dani Ben Abdellah, es lograr una implantación equitativa en todo el territorio. A ello se suma el aumento de la cronicidad, el envejecimiento de la población y la creciente demanda asistencial, que obligan a reforzar la coordinación con atención primaria, el ámbito sociosanitario y las residencias.

"Se trata, en definitiva, de hacer que el hospital llegue al paciente y no al revés. De extender sus capacidades más allá de sus paredes y llevar una atención de rango hospitalario allí donde está el ciudadano: en su casa".