El paso en la rutina facial de verano que no debes abandonar con respecto a la de invierno, según la dermatóloga Ana Molina

La dermatóloga Ana Molina explica cómo adaptar la rutina facial al verano y qué tratamientos conviene mantener durante estos meses
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Con la llegada del verano es habitual que relajemos las rutinas, pero eso no debería incluir el cuidado de la piel. Lejos de necesitar un descanso, durante estos meses requiere todavía más atención debido, sobre todo, a la mayor exposición al sol.
Lejos de abandonarla, lo que sí podemos hacer es adecuar los tratamientos. "Lo primero que hay que hacer en verano es ajustar nuestra rutina cosmética", explica Ana Molina, dermatóloga de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), en una entrevista con la web de Informativos Telecinco' con motivo del Día Mundial de la Salud de la Piel, que se celebra cada 8 de julio.
Según explica Molina, al finalizar el verano muchos pacientes llegan a consulta después de haber dejado de lado su rutina de cuidado de la piel. Entre los errores más frecuentes está abandonar los tratamientos antimanchas, precisamente cuando más necesarios pueden ser. "En verano siguen apareciendo manchas; de hecho, los melanocitos, al recibir el estímulo solar, están mucho más activos", señala.

Una rutina de 'skincare' adaptada al verano
"La rutina que más recomendamos los dermatólogos se basa en cuatro pasos durante todo el año, como las cuatro patas de una mesa", explica Molina. Aunque la estructura se mantiene, en verano conviene introducir algunos ajustes.
1. Limpieza
El primer paso es una buena limpieza por la mañana y por la noche. "Normalmente recomendamos una limpieza suave por la mañana y una doble limpieza por la noche, porque es durante el día cuando se acumula la suciedad procedente, por ejemplo, de la contaminación o el maquillaje ".
La doble limpieza consiste, explica, en utilizar primero un limpiador en aceite para disolver la grasa y los productos liposolubles, y después un limpiador acuoso para eliminar el resto de impurezas.
2. Hidratación
El segundo paso es la hidratación. "No recomendamos una hidratación que sea simplemente a base de productos de agua y grasa, sino que, si es posible, incorpore antioxidantes para ayudarnos a combatir el daño provocado por el sol y el exposoma, es decir, todos los factores ambientales a los que estamos expuestos cada día".
3. Fotoprotección
El tercer paso es el protector solar. En algunos casos puede sustituir a la hidratante, siempre que el fotoprotector sea de amplio espectro e incorpore ingredientes hidratantes y antioxidantes.
"Mucha gente en verano, como yo misma, ajusta la rutina y prescinde de la hidratante porque utiliza un fotoprotector que también cumple esa función. Además, en zonas de playa, donde el clima es más húmedo, no suele ser necesaria tanta hidratación", señala.
4. La transformación
El último paso, que la dermatóloga denomina "la transformación", es el que más cambia durante el verano. Se trata del tratamiento que se aplica por la noche.
"En invierno solemos ser más intensivos con los tratamientos antimanchas, los retinoides o los hidroxiácidos, es decir, los exfoliantes. En verano, estos activos en concentraciones altas no se toleran igual de bien, por lo que podemos reducimos la dosis, pero no retirarlos por completo. No tiene ningún sentido dejarlos totalmente", subraya.
En definitiva, "lo ideal es seguir haciéndolo todo, pero ajustado a saber que es verano", concluye Molina.
