Bienestar

Los suplementos vitamínicos son siempre necesarios: cuándo ayudan y cuándo no sirven

Tomar más vitaminas no quiere decir más salud
Tomar más vitaminas no quiere decir más salud. Freepik
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En los últimos años, vitaminas, minerales y complementos alimenticios se han convertido en parte habitual de la rutina de millones de personas. Cápsulas de vitamina C para las defensas, magnesio para el cansancio, colágeno para la piel o multivitamínicos para tener más energía forman parte del botiquín diario de muchas personas.

La sensación de que “un extra de vitaminas nunca viene mal” ha hecho que muchas personas consuman suplementos sin tener una deficiencia diagnosticada ni recomendación médica. Sin embargo, la ciencia lleva tiempo recordando un matiz importante: los suplementos vitamínicos no siempre son necesarios y, en algunos casos, ni siquiera aportan beneficios reales.

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Eso no quiere decir que sean inútiles. Si que hay situaciones en la que los suplementos sí resultan esenciales para la salud. El problema llega cuando se presentan como una solución universal o como un seguro automático de bienestar.

¿Qué son realmente los suplementos vitamínicos?

Vivimos en un momento donde hay una preocupación cada vez mayor por la salud preventiva y el envejecimiento saludable, pero también con la cultura wellness y el marketing asociado al autocuidado. Es común encontrar productos que prometen más energía, mejor memoria, uñas y pelo más fuertes, refuerzo inmunológico, mejor descanso y más rendimiento físico.

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Los suplementos vitamínicos son productos diseñados para aportar nutrientes que normalmente obtenemos a través de la alimentación. Pueden contener vitaminas, minerales, aminoácidos, ácidos grasos y extractos vegetales. Su función principal es complementar la dieta cuando existe una necesidad específica o una deficiencia demostrada.

Esta es la clave: complementar no quiere decir sustituir una alimentación equilibrada ni tampoco mejorar automáticamente la salud de cualquier persona. De hecho, organismos como la OMS o la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria recuerdan que la mejor manera de obtener nutrientes sigue siendo una dieta variada y equilibrada.

Cuándo sí son útiles los suplementos

Los suplementos vitamínicos sí pueden ser herramientas muy útiles en ciertos casos, pero eso no significa que todas las personas necesiten tomarlos de manera rutinaria. La clave está en entender que fueron diseñados para complementar la alimentación cuando existe una necesidad concreta, no para sustituir hábitos saludables ni para actuar como una especie de “seguro universal” de salud.

Existen situaciones en la que la evidencia científica respalda claramente la suplementación. Uno de los ejemplos más conocidos es el ácido fólico durante el embarazo, ya que ha demostrado reducir el riesgo de defectos del tubo neural en el bebé. También ocurre con la vitamina B12 en personas veganas, porque este nutriente se encuentra principalmente en alimentos de origen animal. Otros casos frecuentes incluyen el hierro en determinados tipos de anemia, la vitamina D cuando existe déficit confirmado o algunos suplementos nutricionales utilizados en personas mayores o pacientes con enfermedades concretas.

En todos estos contextos, los suplementos cumplen una función médica real y pueden mejorar de forma importante la salud y la calidad de vida. El problema aparece cuando se empiezan a consumir “por si acaso”, sin deficiencias diagnosticadas ni recomendación profesional. Muchas personas toman multivitamínicos convencidas de que así tendrán más energía, mejores defensas o menor riesgo de enfermar, aunque lleven una alimentación adecuada y no tengan ninguna carencia nutricional demostrada.

No obstante, los estudios científicos no muestran beneficios claros de la suplementación generalizada en personas sanas y bien alimentadas. Grandes investigaciones realizadas durante años con multivitamínicos han encontrado resultados bastante limitados en aspectos como la prevención cardiovascular, la memoria o la longevidad.

Además, existe otro error muy extendido: pensar que, si una vitamina es buena para el organismo, tomar más cantidad será todavía mejor. Lo que no se tiene en cuenta es que el cuerpo humano funciona con equilibrios muy precisos. Se necesitan vitaminas y minerales pero en determinadas dosis, y una vez cubiertas estas necesidades, el exceso no suele aportar ventajas adicionales. De hecho, en algunos casos puede ser incluso perjudicial.

Las vitaminas hidrosolubles como la vitamina C, suelen eliminarse por la orina cuando sobran. Pero otras, como la A, D, E y K, pueden acumularse en el organismo si se consumen en exceso. Altas dosis de vitamina A, por ejemplo, pueden provocar toxicidad hepática, mientras que un exceso de vitamina D puede alterar los niveles de calcio y afectar a riñones y otros órganos. Ciertos suplementos también pueden interferir con medicamentos o generar efectos secundarios si se toman sin control. Se debe saber que natural no siempre significa inocuo y hay que tener precaución.

¿Por qué muchas personas dicen que les funcionan?

En este caso entran en juego factores relevantes como el efecto placebo y el contexto general de salud. Cuando alguien empieza a tomar suplementos, muchas veces también cambia otros hábitos: duerme mejor, come más sano, hace más ejercicio y presta más atención a su bienestar. Esto puede generar mejoras reales que luego se atribuyen únicamente a las vitaminas.

Además, existe una fuerte expectativa psicológica de beneficio. Si pensamos que algo nos dará energía o nos hará sentir mejor, es posible que podamos incluso percibir ciertos cambios positivos. Esto no quiere decir que todo sea placebo, sino que la percepción subjetiva puede atribuirles más mejoras de las reales.