Estudios

Investigadoras de Granada relacionan la exposición a pesticidas con alteraciones en la edad de la primera menstruación

Un agricultor rocía pesticida en un campo de arroz verde. Pexels
  • El estudio, realizado con 506 niñas españolas de 7 a 10 años, relaciona adelantos y retrasos en la edad de la primera menstruación con la exposición a ciertos plaguicidas

  • Las alteraciones en la edad de la menarquía puede tener implicaciones a largo plazo sobre la salud, como el aumento del riesgo de cáncer de mama

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La investigación, que ha realizado el seguimiento de más de 500 niñas españolas de entre 7 y 10 años, asocia la presencia en orina de ciertos fungicidas con la menarquia precoz y del insecticida clorpirifós con su retraso, lo que evidencia el impacto de los pesticidas en el desarrollo puberal.

Un equipo de investigadoras de la Universidad de Granada (UGR) y del Instituto de Investigación Biosanitaria ibs.granada ha descubierto una relación entre la exposición a determinados pesticidas durante la infancia y la edad a la que las niñas tienen su primera menstruación.

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El estudio, realizado con 506 niñas españolas y publicado en la revista científica Environmental Research, apunta a que concentraciones más altas de un residuo de fungicidas con un adelanto de la primera regla, mientras que la presencia de otro compuesto derivado del insecticida clorpirifós, se asocia con un retraso de la misma.

La investigación forma parte del proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente), una de las principales cohortes españolas dedicadas al estudio de los disruptores endocrinos sobre la salud infantil y la necesidad de continuar investigando sus efectos.

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Para este trabajo, las científicas analizaron muestras de orina recogidas entre 2013 y 2016 a 506 niñas de 7 a 10 años de Asturias, Guipúzcoa, Sabadell y Valencia. Posteriormente, se realizó un seguimiento de las mismas hasta los 14-16 años para registrar la fecha exacta de su primera menstruación, conocida médicamente como menarquía.

Los resultados del estudio revelaron dos asociaciones significativas. Por un lado, las niñas con concentraciones más elevadas de etilenotiourea (ETU), un residuo de los fungicidas del tipo ditiocarbamato, presentaban su primera menstruación a una edad más temprana. Este compuesto es un conocido agente antitiroideo, lo que sugiere que su interferencia con las hormonas tiroideas podría acelerar el inicio de la pubertad.

En cambio, la presencia en la orina de TCPy, un metabolito del insecticida clorpirifós, se asoció con un retraso en la llegada de la primera regla. Este efecto fue más pronunciado en las niñas con sobrepeso u obesidad, lo que apunta a una posible interacción entre la exposición química y el estado nutricional.

Pesticidas que alteran las hormonas

Los pesticidas analizados pertenecen al grupo de los denominados disruptores endocrinos, sustancias químicas capaces de interferir en el funcionamiento normal del sistema hormonal. Estas sustancias pueden imitar, bloquear o modificar la acción de las hormonas en el organismo, afectando a procesos esenciales del crecimiento y el desarrollo.

Aunque la exposición puede producirse por diferentes vías, la alimentación es una de las principales vías de contacto con estos compuestos en la población general, especialmente a través de productos agrícolas tratados con pesticidas.

Las investigadoras recuerdan que la pubertad es un proceso biológico muy complejo, influido por la genética, el estilo de vida y diversos factores ambientales. En los últimos años, numerosos estudios han alertado de una tendencia al adelanto de la pubertad en las niñas, un fenómeno que podría estar relacionado con la exposición a sustancias químicas con actividad hormonal, entre otros factores.

Consecuencias para la salud

Las alteraciones en la edad de la menarquia tienen consecuencias importantes para la salud a largo plazo. Un inicio temprano de la pubertad femenina se ha vinculado a problemas psicológicos en la adolescencia y a un mayor riesgo de padecer cánceres hormono-dependientes, como el de mama, en la edad adulta. Por ello, las investigadoras consideran fundamental seguir investigando cómo afecta la exposición a estos compuestos, así como en el refuerzo de medidas destinadas a reducirla.

Actualmente, tanto el clorpirifós como varios fungicidas ditiocarbamatos como mancozeb o maneb están prohíbidos en la Unión Europea (UE) debido a sus potenciales efectos adversos sobre el desarrollo neurológico, la fertilidad y el medio ambiente.

Sin embargo, la población continúa expuesta a otros pesticidas como los piretroides o el glifosato, cuya seguridad continúa siendo objeto de debate.

La Unión Europea, dentro de la estrategia "De la Granja a la Mesa" del Pacto Verde (Green Deal), ha fijado el objetivo de reducir el uso de pesticidas químicos en un 50% para 2030.