Mireia Fernández regresa a la Titan Desert Almería un año después de la muerte de Rosa, su mejor amiga, junto a seis supervivientes
Buscan dar un mensaje de esperanza y dar visibilidad a la importancia de la investigación junto a CRIS Contra el Cáncer
Mireia Fernández nos descuelga la videollamada el 29 de septiembre. No es una fecha cualquiera. Justo un año antes, una de sus mejores amigas, Rosa, fallecía tras más de dos años padeciendo un cáncer de mama con metástasis óseas. Mireia se encuentra en Almería, la tierra de su compañera, para volver a rendirle homenaje a través de un reto deportivo que tendrá lugar desde hoy hasta el 4 de octubre.
El año pasado, apenas tres días después de la muerte de Rosa, Mireia participó en la Titan Desert Almería. Lo hizo con una rosa a la espalda que protegió durante los cuatro días de competición, a pesar de las inclemencias meteorológicas. Aquel símbolo le permitió sentir a su amiga más cerca mientras atravesaba uno de los momentos más difíciles de su vida. "El día que vine a Almería a correr la carrera, trajeron aquí su cuerpo para incinerarlo", recuerda.
No hace falta haberlas visto juntas para comprender, a través de la mirada y las palabras de Mireia, el vínculo que tenían. "Estábamos muy unidas. Trabajábamos juntas y nuestros hijos son mejores amigos. Viví con ella todo el proceso de la enfermedad, incluidos los tratamientos, y también cómo el cáncer afectaba no solo a ella, sino a todo su entorno", cuenta durante una entrevista con la web de 'Informativos Telecinco'.
Durante aquellos meses, la bicicleta se convirtió también en una compañera para Mireia. Una vía de escape con la que sobrellevar lo que estaba viviendo y encontrar fuerzas para seguir adelante.
'Una rosa contra el desierto'
Ahora, un año después, regresa al desierto almeriense con su rosa y acompañada de seis personas que han pasado por un cáncer. Todas comparten algo más que el diagnóstico, han encontrado en la bicicleta una forma de afrontar la enfermedad y recuperar parte de sus vidas. Juntos participan en el proyecto Una rosa contra el desierto, impulsado junto a Divertia on Bike, con el que buscan dar visibilidad a la importancia de la investigación y recaudar fondos para CRIS Contra el Cáncer.
"Queremos dar un mensaje de esperanza y visibilizar la importancia de la investigación, gracias a la que estas seis personas tienen una segunda oportunidad", explica Mireia.
Su propósito es también llegar a quienes acaban de recibir un diagnóstico o están atravesando los momentos más difíciles del tratamiento. "Queremos que la gente a la que le acaban de diagnosticar un cáncer o que está en tratamiento, y que está viendo un momento oscuro, sepa que hay historias como las suyas que salen adelante", añade.
Seis historias de supervivencia sobre dos ruedas
Junto a Mireia pedalean seis personas con historias diferentes, pero unidas por una experiencia común: el cáncer y la bicicleta como aliada durante la recuperación. Para ellas, explica, "la bici ha sido su vía de escape, su terapia, su salvación".
Una de ellas es Mayte Solís, de 50 años, a quien le diagnosticaron un cáncer de mama en 2023 durante una prueba rutinaria. Al principio, la negación marcó su manera de afrontar la noticia. Después, un cambio de actitud le permitió empezar a vivir de otra forma y a disfrutar más del presente. "La bicicleta me ha dado un plus a todos los niveles, física y mentalmente, y pienso que un porcentaje importante de mi mejoría ha sido gracias a esto", cuenta.
La enfermedad también le ha dejado una enseñanza que intenta aplicar en su vida. "Cada día que te levantas tienes una oportunidad de seguir adelante y disfrutar de ese día, y en todo esto el deporte ayuda mucho", afirma.
La historia de Daniel Palomo comenzó cuando tenía 26 años y acababa de hacer realidad uno de sus sueños, abrir su propio taller mecánico de coches. Entonces recibió el diagnóstico de dos tipos de leucemia, mieloblástica y linfoblástica. Pasó varios meses ingresado y recibió distintos tratamientos de quimioterapia que no dieron el resultado esperado. Finalmente, necesitó un trasplante de médula ósea de su hermano. Seis años después, sufrió una trombosis cerebral que, según explica, estuvo causada por un medicamento para evitar el rechazo del trasplante y que estuvo a punto de costarle la vida.
Actualmente convive con las secuelas de la enfermedad de injerto contra huésped (EICH), que afecta principalmente a sus pulmones y a sus ojos. Pese a todo, la bicicleta sigue formando parte de su día a día. Es su afición desde que "era un chaval" y no ha querido renunciar a ella, ni siquiera durante los momentos más complicados.
"Cuando estaba ingresado en el hospital, encargué un rodillo para empezar a recuperarme cuanto antes en casa", recuerda. Con su participación en este reto también quiere transmitir que es posible reconstruir una vida después de la enfermedad. "Cuando estaba enfermo no tenía nada y ahora tengo tres hijos increíbles", dice.
Queremos transmitir un mensaje de esperanza, decir que se puede salir adelante. También queremos mostrar la importancia de la investigación. Gracias a ella, estas personas hoy están aquí. Son el ejemplo de lo que supone invertir en ella"
También pedalea junto a ellos Jose Almagro, que no dudó en sumarse al proyecto. Comenzó a competir en ciclismo a los siete años y, a los 17, se adentró en el triatlón, disciplina en la que consiguió buenos resultados a nivel nacional. Sin embargo, después de una competición recibió un diagnóstico que cambió sus planes: un tumor cerebral, concretamente un glioma de grado cuatro.
La operación salió bien y, tras el primer mes de recuperación, en el que no podía practicar deporte de alta intensidad, volvió a correr y a montar en bicicleta. Desde entonces, no había encontrado la motivación para regresar a una competición. Sin embargo, este reto le ha devuelto las ganas de ponerse de nuevo a prueba, hasta el punto de plantearse incluso alcanzar el podio.
A ellos se suma Cris Morán, una asturiana a la que diagnosticaron un cáncer de útero hace tres años y para quien la bicicleta se ha convertido en una herramienta de rehabilitación y apoyo psicológico durante el proceso de recuperación.
También participa Ramón Aranda, considerado el corredor que más veces ha disputado la Titan Desert, que ha pasado por dos tumores de próstata y que encontró en la posibilidad de volver a participar en esta competición una motivación para seguir adelante. Completa el grupo Anna Berea, que también ha pasado por un cáncer de mama.
Seis experiencias distintas que confluyen en un mismo propósito: "Convertir historias de supervivencia en un mensaje de esperanza".
307 kilómetros para transformar el dolor en esperanza
Del 1 al 4 de octubre, los siete recorrerán en bicicleta de montaña diferentes etapas por los paisajes desérticos y costeros de Almería. En total, afrontarán 307 kilómetros, con jornadas de al menos 70 kilómetros y un importante desnivel acumulado.
No es un reto sencillo. La exigencia física de la prueba obliga a los participantes a someterse a una prueba de esfuerzo médica previa. Para quienes han pasado por un cáncer, el desafío adquiere una dimensión añadida. Varios conviven con secuelas físicas o psicológicas derivadas de la enfermedad. "Para ellos es un doble reto y proyectos como este les motivan a seguir adelante", explica Mireia.
Pero el objetivo no es únicamente completar el recorrido. Cada kilómetro pretende recordar que detrás de una enfermedad hay personas, familias y vidas que cambian, y que la investigación puede abrir nuevas oportunidades para quienes reciben un diagnóstico de cáncer.
La rosa que representa a quienes siguen y a quienes ya no están
Cada participante llevará una rosa. Para Mireia, representa a Rosa, el recuerdo de su amiga y todo lo bonito que dejó en su vida. Para el resto, será un homenaje a su propia historia y al camino recorrido desde el diagnóstico.
Además, a lo largo de la prueba se sumarán otros ciclistas. Porque, como recuerda Mireia, "casi todos tenemos una rosa en nuestra vida, ya sea alguien que hemos perdido por cáncer o una persona que ha sobrevivido". La rosa se convierte así en un símbolo compartido, capaz de unir historias de supervivencia y de duelo.
"Es un homenaje a las rosas de nuestra vida y al mensaje que nos transmitieron. Mi Rosa me ha enseñado a valorar la vida. Éramos compañeras de trabajo y a mí me daba mucha pereza levantarme a las cuatro de la mañana. Cuando vi que ella ya no podía trabajar, pensaba en la suerte que tenía de poder levantarme a esa hora e ir a trabajar", recuerda.
La pérdida de su amiga cambió su forma de mirar las pequeñas cosas cotidianas. Ahora, con este proyecto, quiere que su recuerdo siga vivo y que otras personas encuentren en su historia una razón para continuar.
"Queremos que sobreviva su espíritu y su fortaleza"
Miraia desea que el proyecto pueda continuar y llegar a más personas, con la vista puesta en la próxima Titan Desert de Marruecos, prevista para mayo. Sin embargo, para ello el proyecto Una rosa contra el desierto necesita más financiación y patrocinadores. El coste de participar en una prueba de estas características supone una barrera para incluir a muchas más personas que también querrían sumarse.
"Hay mucha más gente que nos ha escrito porque ha querido unirse, contar su historia, pero no ha sido posible porque los costes son muy altos: el hotel, el equipamiento o el dorsal, cuya inscripción supera los 750 euros", explica.
Mientras tanto, estos cuatro días en Almería serán mucho más que un desafío deportivo. Serán una oportunidad para recordar a Rosa y compartir seis historias de supervivencia. "Queremos transmitir un mensaje de esperanza, decir que se puede salir adelante. También queremos llegar a las personas que están pasando por un duelo y mostrar la importancia de la investigación. Gracias a ella, estas personas hoy están aquí. Son el ejemplo de lo que supone invertir en investigación", concluye Mireia.

