Paca se enfrenta, con 77 años, a un desahucio el próximo 23 de febrero: “No me voy a ir"
Pasó por los “patronatos de mujeres del franquismo” y ahora le proponen volver a institucionalizarla en una residencia de monjas
Cuarto intento de desahucio de una orden religiosa con más de 300 viviendas a Mariano, un jubilado de Madrid
Paca, de 77 años, nos recibe en su casa. Ojos vivarachos, pelo morado, con pendientes a juego, necesita un andador porque tiene una minusvalía del más del 60%. Es rápida en su discurso y tiene prisa. Ha quedado a celebrar su cumpleaños, sus 77 vividos intensamente, en una chocolatería del barrio.
Mientras hablamos, se escuchan los mensajes que la reclaman, ha dejado el teléfono móvil en la habitación. Pero no se desconcentra, tiene bien claro que para salir adelante hay que organizarse y así, con esa determinación, se enfrentará a un desahucio el próximo 23 de febrero. Amigos no le van a faltar para pararlo. Vive en una casa en el barrio madrileño de El Retiro, llegó allí refugiándose del acoso que sufrió como coordinadora de Ecologistas en Acción en Extremadura, en la lucha para parar una construcción ilegal en un paraje protegido.
“No me voy a ir”, insiste Paca a sus 77 años
La acogieron su hijo y su nuera en una vivienda de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo y que él tenía adjudicada. La pareja se marchó a Brasil y, desde entonces, ella ha intentado legalizar su situación, pero no la ha conseguido. Se ha acumulado una deuda, porque tampoco le permitían ingresar, aunque llegó una carta de la EMSV a nombre de su hijo con un cambio en el número de cuenta y entonces empezó a pagar desde su cuenta bancaria.
La EMSV explica que los contratos solo pueden pasar de progenitor a hijo y no de hijo a progenitor, pero Paca insiste, porque tiene experiencia en negociaciones de este tipo al ser también una activista de la vivienda, en que si quieren se puede regularizar su situación. Y es lo que pide. Se indigna cuando piensa en los desahucios a los que se enfrentan otros compañeros pensionistas, como Mariano o Maricarmen, y recuerda que la suya es la generación que ha logrado que todos tengamos derechos.
Se niega en redondo a aceptar la oferta de la trabajadora social: ir a una residencia de monjas. Ella, que sufrió los trabajos forzados y la represión del Patronato de Mujeres franquista, regentado por monjas. “No me voy a ir”, insiste. A sus 77 años y con una vida de lucha colectiva y por la libertad a cuestas.