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Exmoderador de redes sociales rompe su silencio: "Lo más duro que he visto es violencia sexual contra niños"

Exmoderador de redes sociales rompe su silencio: "Lo más duro que he visto es violencia sexual contra niños"
'La mirada mrítica' entrevista a un exmoderador de redes sociales, Horacio Espinosa.. telecinco.es
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Lo que vemos los usuarios de redes sociales es sólo la punta del iceberg. Mientras millones de personas navegan en la red con normalidad, hay trabajadores encargados de filtrar contenidos extremos. En 'La Mirada Crítica', un exmoderador de Meta, Horacio Espinosa, ha hablado públicamente por primera vez de las atrocidades que ha visto en su antiguo trabajo.

Su relato expone una realidad desconocida: “Obligados a detectar pezones, obligados a detectar vello público, erecciones y por el camino encontrándose otras cosas mucho peores”. Una tarea que obliga enfrentarse a material altamente perturbador de forma constante.

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Más allá de lo que ven, el problema está en lo que ese contenido deja. Espinosa insiste en que se trata de un sufrimiento que apenas se visibiliza: “Es un malestar bastante silencioso, porque la cultura laboral nos educa a aguantar todo”.

Este daño va apareciendo en los trabajadores progresivamente: “Primero con insomnio, luego con ansiedad, luego con depresión y ya al final vienen pensamientos obsesivos”. Incluso describe cómo algunos compañeros desarrollan síntomas físicos sin explicación médica clara: “Había compañeros que tenían un ataque de vértigo… y es hasta después, en procesos psicológicos, que caen en cuenta de que es el trabajo”.

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“Lo más duro que he visto es violencia sexual contra niños”

Cuando se le pregunta por lo más difícil que ha visto, su respuesta es directa. El exmoderador explica que cada persona reacciona de forma distinta, pues asegura que “cada uno tiene su biografía, sus valores, su cultura”. Lo cierto es que, en su caso, ha habido un límite claro: “Para mí en particular lo más duro que vi era todo lo relacionado con agresión sexual a niños, violaciones de niños, incluso muchas veces de bebés”.

A esta carga emocional se suma la imposibilidad de hablar. “Estamos sometidos a acuerdos de confidencialidad muy estrictos, muy agresivos”, denuncia, lo que impide compartir lo que viven incluso fuera del entorno laboral. Desde su punto de vista, esto tiene implicaciones graves: “Es prácticamente un atentado contra la libertad de expresión y un atentado contra los derechos fundamentales que no podamos contarlo”.