Qué le ocurre a tu cerebro cuando te enamoras: una “tormenta química” que implica una auténtica revolución
Desde el punto de vista científico, enamorarse implica una auténtica revolución en el cerebro
La forma en la que cada persona experimenta el amor también tiene una base biológica
La llegada de la primavera suele asociarse con un aumento de las relaciones sentimentales, aunque los expertos recuerdan que el enamoramiento no entiende de estaciones. Desde el punto de vista científico, enamorarse implica una auténtica revolución en el cerebro, donde distintas sustancias químicas se activan y generan cambios en el comportamiento.
Tal y como han explicado diferentes especialistas a Informativos Telecinco, durante esta fase se incrementa la dopamina, el neurotransmisor vinculado al placer y al sistema de recompensa, mientras que disminuyen los niveles de serotonina. Según el neurocientífico Jonathan Benito, de la Universidad Autónoma de Madrid, “como ocurre en unos trastornos obsesivos compulsivos, esto favorece poderse obsesionar sobre la otra persona”. Además, añade que la corteza prefrontal, encargada de evaluar de forma crítica, reduce su actividad, lo que contribuye a idealizar a la pareja: “La idealizamos porque nuestra corteza prefrontal funciona un poquito peor”. También se producen cambios hormonales: en los hombres desciende la testosterona, lo que favorece conductas más afectivas, mientras que en las mujeres aumenta, potenciando el deseo sexual.
La forma en la que experimentamos el amor tiene una base biológica
La forma en la que cada persona experimenta el amor también tiene una base biológica. El genetista Miguel Pita, también de la Universidad Autónoma de Madrid, señala que “estamos hablando de personas en las cuales su mayor fuente de disfrute procede del placer anticipado que produce la dopamina”. Sin embargo, no todos reaccionan igual: “Hay personas cuyo sistema dopaminérgico se gestiona muy bien y no sienten ese apego o esa euforia con tanta intensidad”.
Los expertos también apuntan a que determinadas variantes genéticas, como el receptor de dopamina DRD4 en su versión 7R, están asociadas a la búsqueda de nuevas experiencias, lo que podría influir en conductas como la infidelidad.
En caso de ruptura, entran en juego otros mecanismos relacionados con el estrés que dificultan el bienestar emocional. “Bloquean el acceso del placer a nuestro cerebro y sentimos una incomodidad que nos empuja a volver hacia la pareja”, explica Pita.
En cualquier caso, los especialistas recuerdan que el cerebro necesita tiempo para adaptarse y “pasar página” tras una relación.