Sexología

La antropóloga española que ha estudiado cómo son los gigolós actuales y a los tres tipos que hay: "Ellos pueden elegir"

Una foto de la autora, Andrea García-Santemases. Asís Ayerbe/Cortesía
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La antropóloga Andrea García-Santesmases conoció a Juan en una clase de baile. Fue en una conversación al hilo de su anterior libro, ‘El cuerpo deseado’, cuando él le contó que era gigoló. Al principio, no lo creyó y pensó que estaba bromeando. Pero la conversación siguió y Juan se convirtió en el primer informante de su nueva investigación antropológica. García-Santesmases se ha adentrado en el mundo de las mujeres que pagan por sexo, algo que cuenta en ‘Un nuevo contrato sexual’, que acaba de publicar Ariel.

Su libro aborda, más bien, la realidad de los hombres a los que esas mujeres pagan, porque le costó encontrar mujeres que quisiesen hablar de sus experiencias. ¿Es un tema tabú o es que realmente no son todavía tantas? “No son tantas, esto es un fenómeno muy pequeño. No me gustaría que el libro se convirtiera en un ‘ay, si ellas también pagan’”, responde García-Santesmases a la web de 'Informativos Telecinco' al otro lado del teléfono.

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“No creo que el caso sea interesante en términos cuantitativos (porque ahí es irrelevante), sino como muestra extrema de un fenómeno mucho más amplio”, apunta. La experta piensa que “remite a un fenómeno más extenso, que es la industria del deseo femenino y la tesis posfeminista que va calando cada vez más, la de ‘ya hemos logrado la igualdad que cada una haga lo que quiera’, un planteamiento también muy neoliberal”.

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De hecho, cuenta, este es un tipo de consumo que suele venir muy conectado con testimonios de amigas o “lo han visto en una película”. “Pero no son un grupo social organizado. No hay burdeles para mujeres, no hay lugares de prostitución callejera para mujeres, no hay tampoco un lugar online”, señala. “Evidentemente, el estigma y el secretismo también pesan mucho”, suma. Los proveedores de estos servicios siempre insisten en su discreción, en que todo será secreto y seguro.

Lo que ellos cuentan

Si hablar con ellas no fue fácil, hablar con ellos, por el contrario, no resultó complicado. García-Santesmases cree que le ayudó que este no sea un tema muy explorado en la investigación antropológica (“no están tan quemados de hacer entrevistas”, señala) y también que estos hombres no tenían a mucha más gente con la que hablar de lo que están viviendo. “No hacen comunidad. Creo que se sienten muy aislados”, señala. Así, la antropóloga pudo recabar testimonios y hacer múltiples entrevistas que le ayudaron a comprender cómo funciona esta industria del deseo femenino.

¿Cómo son y quiénes son estos hombres que se ‘dedican al placer femenino? García-Santesmases ha identificado a tres tipos. El primero es al que ha bautizado como el 'pornógrafo', que es uno de los modelos recurrentes en las ficciones que abordan estas figuras. Es el “amante fogoso, el hombre virtuoso en las artes amatorias que conoce las técnicas y secretos para complacer a las mujeres que el resto de los varones ignoran”, como escribe en su libro.

Luego está el galán, también muy presente en el mundo de la ficción. Un “acompañante de lujo” que no solo es bueno en la cama sino también puede acompañar en un viaje o ir de ‘más uno’ en una boda (aunque, como deja claro en el libro García-Santesmases la realidad es más prosaica que la vida de alta cultura y lujos que captura la cultura popular).

Finalmente, el terapeuta se presenta casi como un doctor del deseo, un experto que ayuda a mujeres perdidas ante su propio deseo. La antropóloga lo equipara al protagonista de la película ‘Buena suerte, Leo Grande’. De hecho, aquí entran también figuras como los acompañantes eróticos para personas con diversidad funcional, porque García-Santesmases descubrió que había mujeres que acudían a asociaciones no pensadas para ellas preguntando cómo acceder a estas figuras. “Mujeres perfectamente sanas que van ahí y se ubican en ese lugar del sujeto discapacitado. Es muy interesante cómo se mueven esas categorías de capacidad, discapacidad y de género”, indica.

Cuestión de género

Igualmente, y aunque en su libro no hace una comparativa directa, leer los testimonios de estos gigolós choca frente a lo que se ha leído y contado sobre la prostitución femenina durante décadas. Ellos nunca sienten miedo a lo que les pueda pasar en su trabajo (algo que manifiestan claramente ante las preguntas de la antropóloga), pero también están convencidos de que lo suyo es algo diferente.

“Al explicar su práctica, ellos mismos remitían a que ‘no es lo mismo que una prostituta, porque ellas tienen que estar con clientes desagradables y yo puedo elegir’”, señala la experta. Ellos se perciben como hombres que están teniendo sexo y además cobrando por ello. “El discurso que tenían era muy de ‘tengo sexo y además cobro’. Al final, era un poco esa cosa de performance de masculinidad exitosa”, señala.

Al fin y al cabo, los testimonios que ha recabado García-Santesmases dejan claro que estas prácticas no subvierten los patrones tradicionales de género. En su día a día, lo que importa sigue siendo el placer de ellos y su orgasmo. “El placer de ellos es central, pero es que el deseo de ellas está muy configurado por sentirse deseadas”, indica la antropóloga. “El placer de ellos es la explicación de que ellas están funcionando bien dentro de la heteronorma”. Incluso, los propios gigolós tienen “una visión muy heteronormativa” de la vida. “Su ideal era un matrimonio monógamo. O sea, ‘yo me dedico a esto un tiempo, pero ya encontraré a una mujer a la que no le contaré lo que he hecho y con la que me casaré y tendré hijos’”, señala.