Quince años del robo del Códice Calixtino, con el autor ya fallecido y réplicas a la venta
En 2017 la Unesco incluyó el Códice Calixtino, manuscrito medieval del siglo XII, en el Registro de la Memoria del Mundo
Manoliño do Rego, como se le conocía en Ortoño, admitió haber robado el Códice
El 5 de julio de 2011 el medievalista de la Catedral de Santiago echó en falta el Códice Calixtino. Lo había hurtado un electricista, ya fallecido. Una editorial, Incipit Manuscript Ediciones, reprodujo esta guía de peregrinos que se hizo popular por este robo hace ahora quince años.
La edición facsímil de medio millar de ejemplares comercializados por Incipit Manuscript Ediciones se ha desarrollado, según explica la editorial, siguiendo un proceso muy meticuloso de reproducción del original para alcanzar la máxima fidelidad, incluso en el desgaste, a partir de una sesión fotográfica de alta resolución y un trabajo de ajuste cromático.
Cada uno de los ejemplares, de 450 páginas, tiene un precio de venta de 2.100 euros. El Papa León XIV recibió la primera réplica.
En 2017 la Unesco incluyó el Códice Calixtino, manuscrito medieval del siglo XII, en el Registro de la Memoria del Mundo.
Esta obra, conocida como la Biblia del Camino de Santiago, fue recuperada intacta un año después de su sustracción en un garaje propiedad del autor del delito, Manuel Fernández Castiñeiras, que había sido electricista de la catedral, al menos hasta que se decidió prescindir de sus servicios.
"Fui yo quien robó el libro"
"Fui yo quien robó el libro. Me lo llevé el 4 de julio". Esta fue la confesión, doce meses después, de Manoliño do Rego, como se le conocía en Ortoño, núcleo de Ames (A Coruña) donde nacieron sus padres.
Ese libro, con cinco partes y cuya autoría se atribuye al papa Calixto, fue hallado envuelto en periódicos. El único móvil de Manolo, la venganza contra los responsables eclesiásticos por haberle despedido tras 25 años y no abonarle 40.000 euros de indemnización.
Manuel había empezado a trabajar para el templo en los años ochenta. Su madre, lechera, le había pedido el favor al entonces administrador, Juan Martínez. Y allí se quedó hasta 2005, cuando el cabildo decidió reemplazarlo por una empresa. El motivo alegado: las facturas por obras no realizadas o hechas con un presupuesto que no se ajustaba.
Aquello fue un jarro de agua fría para este hombre, que no dejó de ir a misa ni de visitar la seo.
La apropiación indebida de la joya literaria supuso también un mazazo para el entonces deán, el desaparecido José María Díaz Fernández, que al enterarse de la falta fue atendido de urgencia.
Antonio Tenorio, el inspector jefe de la brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional, tuvo cafés y conversaciones con Manolo, el tiempo que él le permitía, pues lo despachaba pronto. Había sospechas y quería ganárselo.
Un día el interpelado cometió un fallo. "¿No lo habrán quemado, verdad, Manolo?", preguntó Tenorio, mostrando un agobio impostado. "¡No lo quemé!, ¡quemaron!", respondió. Tenorio hizo como que no se había dado cuenta y cuatro meses después de aquello llegó el arresto.
Junto con el tesoro del medievo, en casa de Manolo se encontró dinero, casi dos millones de euros.
Después de su detención, Fernández Castiñeiras pasó a ser interno del penal coruñés de Teixeiro. La Audiencia Provincial decretó su puesta en libertad provisional en enero de 2013, a la espera del juicio, que se celebró dos años después.
Fue condenado a diez años de prisión y a una multa de 268.425,11 euros por hurto, robo continuado y blanqueo de capitales.
En 2015 el Tribunal Supremo rebajó su pena, que al final se quedó en ocho años y dos meses al percatarse de un error material en el fallo, concretamente en el castigo por el delito continuado de robo, en el que se habían excedido.
Manolo había tenido un ictus mucho antes de entrar en prisión y otro derrame cerebral ya en el centro penitenciario de A Lama, en Pontevedra, por el que tuvo que ingresar en el hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo. En 2019 el recluso, con una enfermedad incurable, quedó en libertad. Vivió un lustro más.