Un fontanero explica por qué el agua caliente “tarda tanto” y cómo reducir el gasto sin cambiar la instalación: "Realmente no necesitas más"
Toda esa agua caliente sanitaria representa alrededor del 34% del consumo doméstico total de un hogar español
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Hay una situación que todos hemos vivido en alguna ocasión: estás en la ducha, con la mano tanteando la temperatura del agua mientras los segundos se acumulan sin resultado. Ahí es donde aparece el pequeño reproche interior por la sensación de estar tirando agua y dinero, por el desagüe.
La escena es tan cotidiana que la mayoría de la gente ya ni se lo plantea. Y, sin embargo, buena parte del problema que dispara ese despilfarro tiene explicaciones concretas y soluciones sencillas que no requieren tocar la instalación. Un fontanero valenciano especialmente activo en redes sociales, ElFontaJoan, se ha dedicado a divulgarlas con éxito creciente durante los últimos años.
Para ser conscientes del problema solo hay que mirar los datos del despilfarro acuático. Según los cálculos de la OMS, cada vez que abrimos la ducha y esperamos a que llegue el agua caliente perdemos alrededor de ocho litros por el desagüe. Un estudio reciente eleva esa cifra a un promedio anual de cerca de 30.800 litros por vivienda cuando se combina la espera con caudales convencionales sin sistemas de ahorro. Toda esa agua caliente sanitaria representa alrededor del 34% del consumo doméstico total de un hogar español.
Por qué el agua caliente tarda
La respuesta profesional al viejo lamento es menos misteriosa de lo que parece. Cuando se abre el grifo de agua caliente, el sistema debe realizar tres tareas encadenadas antes de entregar agua a la temperatura pedida. Primero, evacuar la columna de agua fría que llevaba almacenada en las tuberías desde el último uso. Segundo, activar la caldera o el termo, cuyo intercambiador debe alcanzar temperatura útil antes de calentar el agua que fluye a su través. Tercero, recorrer la distancia que separa el calentador del punto de consumo, disipando calor a lo largo del trayecto en función del aislamiento térmico de las tuberías, del material del que estén hechas y de si transcurren por zonas frías del edificio.
Cuando cualquiera de estos tres factores pone las cosas un poco más difíciles de la cuenta, con tuberías largas, un aislamiento pobre, calderas mal dimensionadas, o hay un uso poco frecuente, la espera se dilata y la pérdida se dispara. En los pisos altos de edificios antiguos españoles, donde la caldera es comunitaria y se encuentra en la azotea o en el sótano y el trayecto hasta el baño del séptimo es de decenas de metros, y la espera es casi inevitable. En viviendas con caldera individual y baño próximo, el problema se reduce, pero no desaparece.
El diagnóstico del fontanero
Lo interesante de la aproximación de ElFontaJoan es que desplaza el foco del problema desde la instalación hidráulica hacia los pequeños hábitos y decisiones que sí están al alcance de cualquier propietario. El fontanero ha señalado que buena parte del gasto invisible no procede tanto del tiempo de espera como del inconsciente hábito de abrir el monomando en posición central o directamente hacia la izquierda cada vez que se necesita mojar las manos, aclarar un vaso o enjuagar un cepillo de dientes. En ese momento, aunque el usuario cierre el grifo antes de que llegue agua caliente al surtidor, la caldera ya se ha activado. El resultado es un consumo energético inútil que aparece en la factura del gas o de la electricidad.
La primera recomendación del fontanero apunta directamente a la grifería. Los grifos con caño alto giratorio y maneta lateral tienen una particularidad tan útil como poco publicitada: su posición inicial por defecto es en frío. Lo formula diciendo que, "con estas griferías la posición inicial siempre es en frío así no tendrás que encender el calentador cada vez que abras el grifo y si realmente necesitas agua caliente solo tienes que girar la maneta." La consecuencia es que al aclarar un plato o lavarse las manos deja de activar la caldera. Solo el gesto explícito de girar la maneta lateral llama al agua caliente.
La segunda recomendación es todavía más económica y ha sido validada por múltiples entidades: los aireadores o perlizadores. Se enroscan en la boca del grifo, introducen aire dentro del chorro y reducen entre un 30 y un 50% del caudal sin alterar la sensación subjetiva de presión. Como matiza el propio fontanero, "reduce el caudal, pero realmente no necesitas más." El coste de un aireador ronda los pocos euros, la instalación tarda menos de un minuto y el ahorro se contabiliza desde el primer día tanto en la factura del agua como en la del combustible que la calienta.
A estas dos operaciones cabe añadir un tercer gesto elemental que la propia OMS recomienda y que la sabiduría doméstica ha practicado durante décadas: colocar un cubo bajo el chorro mientras se espera a que llegue el agua caliente y reutilizarla luego para regar plantas, fregar suelos o llenar la cisterna del inodoro. Y una cuarta pauta técnica de higiene térmica: ajustar el termostato de la caldera a una temperatura de acumulación razonable, suficiente para prevenir la legionela pero sin recalentar de más un agua que después habrá que mezclar en el grifo con abundante agua fría.