Un mecánico muestra la señal que delata que una batería está a punto de fallar
Las baterías de los vehículos de combustión modernos rara vez mueren de golpe
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Cada mañana de invierno en toda España ocurre algo que rara vez se cuenta con la gravedad que merece: una llave gira en el bombín, un ligero rugido titubeante del motor de arranque y, al segundo intento, una tos mecánica anuncia la posibilidad de quedarse tirado. Este drama no es culpa de una avería súbita, sino de una batería que llevaba tiempo mandando avisos silenciosos. Este aviso es reconocible sin mucha pericia y constituye la señal más fiable de que la batería está a punto de fallar. Se llama, sencillamente, arranque perezoso.
Las baterías de los vehículos de combustión modernos rara vez mueren de golpe. En la enorme mayoría de casos, las baterías llevan enviando señales de fatiga durante semanas antes del fallo definitivo. Uno de los síntomas más claros de que la batería se está deteriorando es cuando notamos que el coche arranca de forma perezosa.
La razón fisicoquímica es sencilla. El motor de arranque necesita, en fracciones de segundo, una descarga eléctrica considerable, del orden de doscientos a cuatrocientos amperios en un turismo convencional, para hacer girar el cigüeñal contra la compresión de los cilindros. Una batería en buen estado responde a esa exigencia sin titubeo. Cuando la batería empieza a perder capacidad, el mismo gesto se prolonga con varios segundos de motor lento, sonido forzado, y un arranque final que se corona más por inercia que por vigor. Esa ampliación aparentemente trivial del arranque es, para los profesionales de la mecánica, la evidencia más temprana y fiable de que la reserva electroquímica se está agotando.
El frío como amplificador y la fecha como delator
Dos factores agravan el diagnóstico. El primero es la temperatura. En los meses fríos, la resistencia interna de la batería aumenta y la disponibilidad de corriente disminuye simultáneamente, de modo que síntomas que en verano pasaban inadvertidos se manifiestan en enero con una claridad implacable.
El segundo es la fecha. La vida útil habitual de una batería convencional se sitúa entre tres y cinco años, con la horquilla de dos años cubierta por la garantía comercial habitual y una degradación creciente a partir del cuarto.
Una pista al alcance de cualquiera
El arranque perezoso admite dos verificaciones que un conductor puede realizar sin herramientas especializadas. La primera es la lectura del multímetro sobre los bornes. Una batería en reposo, es decir, con el motor apagado durante al menos cuatro o cinco horas, debe marcar como mínimo doce coma cinco voltios. En marcha, con el alternador cargando, la lectura se sitúa entre trece coma ocho y catorce con dos décimas. Cualquier voltaje en reposo por debajo de doce coma tres voltios es indicativo de una batería que ha empezado a fallar; por debajo de doce voltios, el fallo es inminente.
La segunda verificación es visual y no requiere ningún instrumento. Los bornes de la batería desarrollan con el tiempo una costra de aspecto blanquecino, grisáceo o azulado que los mecánicos identifican como la firma inequívoca de una batería que ya no está en su mejor momento. Esa acumulación es el sulfato de plomo cristalizado y los subproductos del ácido sulfúrico que escapan de la carcasa a través de las juntas debilitadas por el envejecimiento. La corrosión aumenta la resistencia eléctrica del contacto y, en algunos casos, simula un problema mayor de batería cuando el remedio inmediato pasa por limpiar los bornes con agua y bicarbonato. Pero si tras la limpieza los síntomas persisten, el diagnóstico es concluyente: la batería está agotada.
La señal más malinterpretada
Hay un último indicador que conviene mencionar con precisión, porque acumula más malentendidos que aciertos en la cultura automovilística popular. El pequeño icono rojo con forma de batería que a veces aparece en el cuadro de instrumentos no significa, contra lo que sugiere su símbolo, que la batería esté fallando. Significa que el sistema de carga ha dejado de suministrar corriente eléctrica al vehículo.
A partir de ese instante, el motor y el resto de la electrónica funcionan drenando la reserva acumulada de la batería, con una autonomía típica de veinte a cuarenta y cinco minutos antes de que el vehículo se detenga por completo. Lo que se debe hacer cuando ese testigo aparece en marcha es apagar de inmediato todos los accesorios no esenciales y dirigirse sin demora al taller más cercano o a un lugar seguro para pedir asistencia.