Motor

La DGT advierte del error de quitarse el cinturón antes de detener completamente el coche

¿Por qué es importante el cinturón de seguridad?. Telecinco.es
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Los últimos metros del trayecto tienen una música propia. Cuando el garaje aparece al fondo de la calle, pulsamos en el mando el botón para abrir su puerta y levantamos el pie del acelerador, hay ocasiones en las que la mano vuela hacia la hebilla del cinturón para liberarnos antes de apagar el motor. Al fin y al cabo, quedan segundos para llegar, no va a pasar nada, ¿no?

La Dirección General de Tráfico lleva años recordando que este detalle, el intervalo de tiempo entre soltar el cinturón y detener por completo el vehículo, desactiva precisamente el único elemento que protege al ocupante justo en la fase de conducción donde estadísticamente aparecen más siniestros: los recorridos cortos, urbanos, a baja velocidad, en aparente seguridad.

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Lo que dice la normativa

La regla es tajante: el cinturón se abrocha antes de iniciar la marcha y con el vehículo totalmente detenido, y se desabrocha al detener el vehículo. No hay una fase intermedia. El principio de "cuando ya casi he parado" no está previsto en la norma porque el sistema de seguridad pasiva del vehículo tampoco lo contempla: el cinturón, el airbag y los pretensores están calibrados para actuar juntos con el ocupante retenido en su asiento. Si en el momento del impacto uno de ellos no está en su sitio, los demás pierden eficacia.

Existen excepciones sí. Por ejemplo, se exime del uso del cinturón a los conductores en maniobras de marcha atrás y de estacionamiento, a los que acrediten certificado médico y a algunos supuestos profesionales muy tasados. Fuera de esas situaciones no llevar el cinturón supone una infracción grave. La sanción para el conductor es de 200 euros de multa y la pérdida de 4 puntos del carné.

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Por qué esos segundos importan

La propia DGT resume la lógica física en términos que no admiten mucha interpretación. Un vehículo que circula a 50 km/h se detiene en apenas siete décimas de segundo tras un impacto contra un objeto rígido. En esas siete décimas, sin cinturón que lo retenga, el cuerpo del ocupante sigue avanzando con la misma inercia con la que lo hacía el coche hasta que algo lo frena, ya sea el volante, el salpicadero, el respaldo del asiento delantero o, en el peor de los casos, la luneta. Por ejemplo, el airbag está diseñado para desplegarse frente a un cuerpo retenido por el cinturón, no frente a un cuerpo en movimiento libre. Si el ocupante no está sujeto, el impacto contra la bolsa hinchada puede provocar por sí mismo lesiones graves.

A esa velocidad, una persona de 70 kg se precipita hacia delante con un peso de más de 3.000 kilos. La cifra sube exponencialmente con la velocidad de forma que a 80 km/h, la fuerza multiplica por ochenta el peso del ocupante, y baja mucho menos de lo que la intuición sugiere en los tramos más lentos: "A tan solo 40 km/h un golpe frontal puede ser mortal porque la cabeza impacta contra la luneta delantera".

La eficacia del gesto contrario

Los datos que la DGT recoge sobre lo que sí protege el cinturón sonhablan por sí solos, y merecen ser recordados por cualquier conductor a punto de soltarse el cinturón antes de tiempo. En un choque frontal reduce en un 90% el riesgo de fallecimiento y de heridas graves en la cabeza. En un alcance, reduce a la mitad el riesgo de muerte o de heridas graves. En caso de vuelco, la reducción del riesgo de fallecimiento alcanza el 77%. Y para quienes se aferran al mito de la salvación por expulsión del vehículo: si no se lleva puesto y se sale despedido, la probabilidad de sufrir lesión medular grave se incrementa en un 1.300% y la de morir en un 300%.

La regla que hay que seguir a rajatabla es sencilla: el cinturón de seguridad solo debe desabrocharse al detener el vehículo, nunca antes. La coma temporal es la que marca la frontera entre una maniobra correcta y un descuido cuyas consecuencias, en el porcentaje mínimo de casos en el que efectivamente pasan, no son proporcionales al ahorro de dos segundos.