La vida en prisión de Josué, el asesino de Carlos Palomino: trabaja en cocina y es muy reservado

  • Josué era un neonazi de 23 años que apuñaló a un antifascista de 16: "Me entró mucho miedo y no supe reaccionar"

  • Fue el primer asesinato agravado por motivos ideológicos en España

  • Víctima y agresor se han convertido en iconos de la lucha entre los jóvenes radicales en Madrid

"Ni olvido, ni perdón", "la lucha sigue" o "libertad para Josué", son algunas de las proclamas que cada año se escuchan en Madrid, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Carlos Palomino. Una puñalada certera en el corazón acabó con la vida del chico, hace ya 14 años. Tenía 16 cuando murió. Cayó desplomado al suelo, una imagen que quedó registrada para siempre por las cámaras de seguridad del Metro. Su asesino, Josué Estébanez de la Hija, era un militar del Ejército de Tierra que tenía entonces 23 años. Se dirigía a una manifestación convocada por las Juventudes de Democracia Nacional en el distrito madrileño de Usera.

Este crimen desató los enfrentamientos entre los jóvenes antifascistas que defendían al menor y apoyaban a su madre, Mavi Múñoz y los grupos de extrema derecha. Los dos protagonistas acabaron convirtiéndose en iconos de estos movimientos. Fue la primera vez que un juez consideró que había agravante por motivos ideológicos y la sentencia sentó precedente. La Audiencia Provincial condenó al asesino a 26 años de prisión y a indemnizar a los padres de la víctima con más de 150.000 euros.

Josué todavía sigue en la cárcel. Está en la Unidad Terapeútica (UTE) del centro penitenciario de Villabona (Asturias) y trabaja como ordenanza en la cocina, con un sueldo remunerado. Es muy reservado y no se relaciona apenas con nadie. No quiere que los internos sepan quién es y según fuentes penitenciarias, tiene miedo a salir en la calle. Está apartado de los entornos radicales y teme que una vez libre sigan considerándole un símbolo de los supremacistas blancos de todo el mundo.

También es reconocido por los ultras del Reino Unido, Francia, Holanda, Ucrania o Australia. En mayo de 2019, Brenton Tarrant ejecutó a 50 personas en dos mezquitas de Nueva Zelanda. En su fusil había escrito con tinta blanca: "Josué Estébanez", algo que llamó la atención de los investigadores.

Todavía no le han concedido ningún permiso de salida, aunque los ha solicitado en varias ocasiones. Su familia es muy religiosa y su madre acude a visitarle con frecuencia. No hay tratamiento para este tipo de asesinos en las prisiones, ni cursos de reinserción específicos.

El crimen

Faltaban cinco minutos para mediodía del 11 de noviembre de 2007. Carlos Palomino se dirigía con un centenar de jóvenes antifascistas a Usera, para boicotear la manifestación en contra de la inmigración que había autorizado la Delegación del Gobierno. Estaban en la estación del Metro de Legazpi cuando se cruzaron con Josué. Estaba solo. Vestía una sudadera con el logotipo de 'Three-Stroke', una marca asociada a la estética skinhead. Palomino le preguntó por ella, llegando a tocar la prenda. El asesino reaccionó clavándole una navaja en el pecho. Luego forcejeó con dos amigos del chico, que resultaron heridos y salió corriendo tratando de darse a la fuga. 30 jóvenes le acorralaron y le dieron una paliza, antes de ser detenido por agentes de la Policía Nacional.

"Me entró mucho miedo y no supe reaccionar","en esas circunstancias no sabes cómo reaccionas" declaró Josué en el juicio. Trataba de justificar lo que sintió al ver subir a decenas de antifascistas al mismo vagón que él. Sacó el arma del bolsillo y se la escondió en la mano. Estaba preparado para defenderse. Ese es el argumento que mantienen sus seguidores, alegando que había actuado en legítima defensa.

Carlos vivía en Vallecas con su madre. Sus progenitores estaban separados. Estudiaba en el Instituto Tirso de Molina y era hincha del Rayo Vallecano. Acudía a todos los partidos. Solía juntarse con Bukaneros y otros colectivos de izquierdas. Tras su muerte, la mujer se convirtió en una luchadora contra el fascismo, como lo era su hijo y forma parte de la Asociación Madres Contra la Represión. Se mudó a Barcelona.

Los años de Josué en prisión

Josué declaró en el juicio que estaba arrepentido y que su intención no había sido matar a nadie: "Lo siento mucho, yo no quería hacer eso. No sabía que iba a llegar a tanto", dijo. Pensaba que su estancia en la cárcel duraría poco. Nacido en Galdakao (Vitoria) pasaba desapercibido en el regimiento de Infantería Inmemorial del Rey, que presta seguridad en el acuartelamiento del Palacio de Buenavista, junto a la plaza de Cibeles. También en el barrio de Los Naranjos de Fuenlabrada, en el que llevaba poco tiempo residiendo. Tras ser detenido ingresó en la prisión militar de Alcalá Meco pero después le expulsaron del Ejército y fue trasladado al centro penitenciario de Puerto de Santa María III en Cádiz.

En el penal gaditano tuvo el único incidente que han registrado durante sus años en la cárcel, cuando quiso enviar una carta con símbolos nazis. Lo hizo utilizando el nombre de otro interno como remitente. Los funcionarios le descubrieron y le aplicaron el régimen FIES para tenerle más vigilado. Después solicitó el traslado a la prisión asturiana para estar más cerca de su familia y su comportamiento siempre ha sido bueno. Ha estudiado Derecho y ha participado en algunos talleres educativos de forma voluntaria.

"Dentro de los muros, estos internos se mimetizan con el resto. Muchos militares en la calle, aparte de su actividad ideológica, quebrantan la ley de forma continua: trapichean con drogas, se meten en peleas, cometen delitos contra la propiedad y robos con fuerza. Pero aquí son uno más. Pasan desapercibidos, excepto por sus tatuajes, que suelen ocultar. Aunque sí se nota por ejemplo que saben nadar y guardar doblada la ropa. Suelen tener un perfil bajo y no quieren meterse en líos. Solo se juntan con otros reclusos afines o de los que puedan obtener algún tipo de beneficio, aunque no sean de su misma ideología", cuentan los funcionarios que tratan a estos reclusos.

Aún así, la familia de Josué abrió una cuenta bancaria para realizar aportaciones económicas. También venden cupones de Lotería y existe toda una línea de merchandising de la marca 'Estilo Rebelde', con sede en Zaragoza, que según se anuncia en las redes "colabora con esta noble causa". Sus allegados y seguidores siguen considerando que Josué no tiene la culpa y no merece estar en la cárcel porque "no provocó ningún ataque, ni incitó a nadie, solo defendió su vida". Según lo previsto, terminará de cumplir su condena con 49 años, en el 2033.

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