La lección de Davide, el joven que quedó discapacitado al ser apuñalado por un juego: abraza y perdona a sus atacantes en el juicio

La lección de Davide: perdona a sus agresores, que lo han dejaron discapacitado. Redes Sociales
  • El fiscal pide para Alessandro Chiani y Mohamed Atia, doce y diez años de prisión, respectivamente

  • El joven se acercó a ellos en el juicio y les abrazó mientras ellos le pedían disculpas.

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Davide Simone Cavallo, de 22 años, aún sufre discapacidad por una lesión medular tras ser apuñalado por dos jóvenes de 18 años en octubre de 2025. Para los agresores fue como un juego. Le pidieron un cigarrillo, le robaron 50 euros y le apuñalaron. Sin más. Sin motivo aparente. Lo que convierte esta historia en algo humano es la reacción de Davide en el juicio, cara a cara, en el que abrazó y perdonó a sus agresores, Alessandro Chiani y Mohamed Atia, para los que el fiscal pide doce y diez años de prisión, respectivamente, así como una indemnización conjunta de conjunta de 1,5 millones de euros.

Davide había ya escrito una carta en la que perdonaba a sus agresores. Tras los alegatos orales, un gesto de la víctima sorprendió a todos los presentes: abrazó a sus dos agresores. Durante unos minutos, con la mano sobre el hombro de Alessandro Chiani, el joven intercambió unas palabras con él y con Atia, informa el Corriere. Hasta los abogados defensores, rendidos ante la humanidad del joven,.lo calificaron como un "joven excepcional, de gran integridad moral". Durante esta conversación, los dos acusados se disculparon.

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No opinan lo mismo los padres de Davide, que no perdonan, son "incapaces de hacerlo" y más tras oír que el apuñalamiento fue para los atacantes como un juego. Luca Degani, abogado del padre de Davide Simone lo dejó claro: "No actuemos como si no hubiera habido culpa, como si no hubiera habido ninguna víctima, y como si no hubiera padres e hijos que arruinaron sus vidas. Los dos acusados también arruinaron sus vidas, y verlos es impactante porque son niños, hay que decirlo, pero también hay que decir lo que pasó: que a las dos o tres de la madrugada en Corso Como apuñalaron a un joven de su edad".

Una carta a sus agresores titulada: "No odio a quienes me apuñalaron, siento compasión por ellos y los abrazo."

Davide ha escrito una carta de perdón a sus agresores que es un canto a la humanidad y a la resiliencia. Algunos de sus extractos han sido publicados por la prensa italiana, que se ha hecho eco de esta reacción en un mundo de violencia gratuita, venganza y poco aprecio por la vida.

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En ella el joven dice que no odia. "Creo que debería, sería lógico, pero no puedo. El odio no es lógico, y yo tampoco. A veces pienso que mi corazón ya ha perdonado un poco lo que me hicieron, porque sé cómo se sienten los responsables, o al menos me gusta pensarlo, cuánto probablemente sufren, lo fácil que es cometer grandes errores cuando uno está perdido. Si de verdad eres capaz de ponerte en el lugar de aquellos a quienes deberías odiar, quizás también seas capaz de perdonar. Y una parte de mí, que no quería que terminara así, sí lo quería. Siento compasión por ellos y los abrazo".

Davide reconoce, no obstante, que "el corazón perdona, pero el cuerpo sigue esperando". Y que a veces aún siente esas puñaladas. "A veces todavía lo siento, la puñalada. Al principio, el dolor era insoportable e indistinguible. Días después, cuando disminuyó, esa sensación permaneció: un dolor agudo, un dolor punzante, agudo y repetitivo en la parte posterior de mi costado izquierdo, al pensar en aquel niño golpeado en el suelo. Y cada vez, lloro como un niño".

El joven lanza también un mensaje a los que no hicieron nada, porque la inacción en muchos casos también es una forma de hacer, de estar en la vida. "En el momento en que empezaron a pegarme, a nadie le importó ya mi seguridad; me convertí en un objeto, un globo para reventar por diversión. Si hubiera visto esa escena desde fuera, habría intervenido, con inteligencia. Pero incluso a costa de perderlo todo: nadie merece pasar por lo que yo pasé. Esa noche, solo quería irme a casa, dormir y despertarme al día siguiente como cualquier otro día. En cambio, estoy aquí, tratando de encontrar fuerzas, tratando de darle sentido a lo que no tiene sentido".

El joven recuerda cómo fue enfrentarse a una discapacidad de la que ahora intenta sobreponerse día a día, porque su vida ya no será la misma. "Los primeros días en cuidados intensivos fueron un infierno. No podía mover nada más que un brazo, no podía comer ni beber, no sabía qué hora era, no podía ver el sol, no recordaba nada de los últimos 5 días de mi vida". Y el miedo a morir, que llegó, como no podía ser de otra forma. "No podía cerrar los ojos porque veía y oía cosas, no podía abrirlos porque un ser extraño y negro, con solo ojos y sin boca, se acercaba a mí de vez en cuando, paso a paso, y no podía moverme, no podía escapar. Tenía miedo. Un miedo loco, terrible, indescriptible. Quería a mi madre, estaba buscando a mi madre".

La vida no es un cuento de hadas para él, lo sabe, y afrontar lo duro que va a ser seguir adelante. "Lo que no todo el mundo sabe es que los problemas que puede causar una lesión medular no se limitan a la incapacidad para moverse. Abarcan desde la incapacidad para sentir, orinar o sentir los genitales, hasta dolores aleatorios, úlceras por presión que tardan en cicatrizar debido a la reducción de la circulación, desorientación sobre la posición de las piernas y espasmos involuntarios, repetitivos y dolorosos. Durante los últimos seis meses, mis días han comenzado por la mañana con tubos, pastillas y medicamentos, y han terminado con inyecciones, secreciones y contracciones involuntarias".

Davide narra más detalles, muy duros, de su día a día, pero no pierde de vista a sus agresores. "Las cosas son así por culpa de cinco niños que están enfadados con el mundo. Cuando supe sus edades, aunque me costaba creerlo, se me partió el corazón: siento pena por cada día que pasan en prisión, de verdad. Son demasiado jóvenes para no experimentar el mundo. Y sin embargo, yo también lo era. Incluso ahora, pueden usar sus piernas, sentirlas unidas a su cuerpo, practicar deportes. No es algo que se dé por sentado. Ahora lo sé", recuerda.

Y da un consejo de vida a todos y a sí mismo. "Así que, si pudiera verme de nuevo antes del ataque, sin duda diría: “Vive todo lo que puedas, haz el bien, viaja, ama todo lo que puedas, aléjate del mal. En cuanto a los chicos responsables, espero que hagan algo constructivo con este tiempo. No están perdidos. Aún pueden hacer muchas cosas maravillosas en la vida. Doy gracias al cielo, a mi familia y a mis amigos por encima de todo. Pero también a los médicos que me salvaron la vida. Gracias a mi segunda familia, la Unidad de Columna Vertebral del Hospital Niguarda, donde aprendí a vivir de nuevo".

Davide no se rinde. "Cuando la noche es más densa de lo habitual y siento esa fatídica pregunta flotando en el aire: "¿Por qué yo?", sonrío levemente. Quizás, por el contrario, nunca me he sentido tan vivo y renovado como después de mirar a la muerte a la cara".

"Me llamo Davide Simone Cavallo. Hace seis meses me apuñalaron y casi pierdo las extremidades. Soy un tipo como muchos otros, solo que con más suerte, quizás, y un poco herido. Nunca me rendí, y hoy estoy aquí".