Carmen, voluntaria en colegios, tras superar cuatro depresiones: "Hay esperanza y luz"

El programa 'Mentes despiertas' conecta alumnos con testimonios recuperados de salud mental
Tiene los objetivos de romper estigmas y prevenir conductas de riesgo entre los jóvenes
BarcelonaHace 15 años, Carmen Llanes cayó en una depresión mayor. Empezó a dormir solo tres horas y a sentir ansiedad. Aún se pregunta el porqué. Luego, llegaron tres depresiones más. "Es el dolor más profundo que he sentido en vida. Se me rompe el alma. Nada te hace ilusión. Te da vértigo pensar. Deja de tener sentido la vida y te preguntas qué haces aquí", confiesa.
En 2019 pasó por su última depresión y empezó a preguntarse: "¿Qué puedo hacer con este saber y con la situación emocional que he transitado y lo que estoy aprendiendo con esto? La depresión hace que bajes a los infiernos. Y este saber lo tengo que compartir: esto que he sufrido en silencio, la incomprensión de la gente, este estigma, y también, ayudar". Con medicación y el apoyo de su familia y amigos, Carmen explica que "salí del pozo y de una situación que se escapa de la lógica. No me aseaba y me ponía la misma ropa para no pensar".
Una vez recuperada, tomó una decisión que ha dado un giro a su vida: "Darle voz a todo lo que he transitado para que otras personas se sientan acompañadas". Así decidió formarse como 'peer to peer', que es la persona que acompaña en igualdad en una recuperación. En un grupo, conoció el programa 'Mentes despiertas' y se ofreció para "dar testimonio a los jóvenes en primera persona para hablar de salud mental, normalizar, visibilizar y luchar contra el estigma". Así Carmen empezó como voluntaria en colegios: "Es una oportunidad para sembrar y que sean capaces de pedir ayuda y ayudar a los demás".
Tiene claro el mensaje: "Les digo que hay esperanza y hay luz. Es posible recuperarse. Hay que pedir ayuda y no avergonzarse de estar mal. Las emociones se han de transitar. Saber poner límites y tener escucha para uno mismo".

El programa 'Mentes despiertas' está orientado a la prevención y la promoción de la salud mental, conducido por personas con diagnóstico y dirigido a estudiantes entre los 13 y 17 años. "Para que los alumnos sean conscientes de qué conductas de riesgo hay asociadas a los problemas de salud mental. Hay una parte de prevención para promocionar hábitos saludables y evitar caer. Y los que tienen diagnóstico, el participar en un programa tiene un componente rehabilitador comunitario", explica Sílvia García Márquez, directora del área de programas y proyectos del grupo Som Via. Sin olvidar el estigma: "Llevar al aula personas con diagnóstico que se han recuperado es parte de romper con el miedo y el rechazo que hay hacia alguien que tiene un problema de salud mental", añade. Un proyecto que, en 2025, llegó a 3.000 jóvenes y al que, este año, se han apuntado 75 escuelas.
Hasta los colegios llega la voz de 22 voluntarios. Antes eran de trastornos graves y ahora, de conducta alimentaria, depresión, ansiedad o trastorno de límite de la personalidad. "Son portadores de esperanza porque los alumnos ven que existe la recuperación y se sale de eso", afirma García Márquez.
En una aula, con el profesor, tres voluntarios y una psicóloga como Sílvia, se producen los encuentros. "Es mágico ver cómo se abren los corazones y las emociones con conversaciones muy cercanas", describe la profesional.
Alarmas y herramientas
Y un ejemplo es Carmen que se abre en canal porque dice "que el sufrimiento no viene en ningún libro". Les explica su testimonio y les advierte de señales de alarma que han de tener en cuenta si se repiten, durante más de tres semanas, como dormir tres horas al día o aislarse de los demás.
También les da herramientas: "Les hablo de meditar y que pueden hacerlo mientras se cepillan los dientes. Les hablo del aquí y ahora. Que se hablen con respeto a ellos mismos. Les digo que busquen a su persona vitamina y ellos lo sean, para otros. Les digo lo importante que es el autoconocimiento y si algo te estresa, lo evitas". Unos alumnos que la escuchan agradecidos, según la voluntaria: "Se sienten comprendidos y aliviados y ven que no están solos. Y que no hay estigma en decir que van a ir al psicólogo o al psiquiatra porque quieren estar bien".
Las consultas y las preocupaciones han variado en los años del programa. Si al principio los jóvenes se interesaban por la adicción al alcohol o a las drogas, ahora "Se plantean conductas de riesgo como la falta de sueño, la gestión del estrés por presión académica y el conflicto con el entorno, como familia, amigos o pareja. Y también, cómo pueden ayudar a alguien que no quiere", detalla García Márquez. A quienes lo solicitan, se les facilita contactos donde pedir ayuda a servicios públicos de referencia. "No hacemos atención psicológica. Abrimos una puerta y ahí empieza el camino, que han de seguir ellos", concluye.
