Un estudio revela que que el uso intensivo de las redes sociales aumenta el riesgo de depresión en menores de 16 años

El número de seguidores influye en los síntomas depresivos, sobre todo en la chicas , según el estudio realizado por la Universidad Miguel Hernández de Elche (Alicante)
España prohibirá el acceso a las redes sociales a menores de 16 años: las plataformas no podrán manipular los algoritmos para amplificar contenido ilegal
Los estudios siguen confirmando las consecuencias del abuso del universo internet para niños y jóvenes. El uso intensivo de redes sociales aumenta los síntomas depresivos en adolescentes menores de 16 años, según un estudio de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) de Alicante. Los investigadores señalan la importancia de una educación previa, antes de entregar a los más jóvenes un teléfono inteligente a niños y menores.
El trabajo revela que la relación entre el uso de estas plataformas y el aumento de los síntomas cambia con la edad, ya que la capacidad para navegar de forma menos vulnerable en redes sociales se consolida progresivamente con el desarrollo madurativo de los adolescentes. De esta manera, a partir de los 16 años el uso de las redes sociales deja de asociarse con el aumento de los síntomas depresivos que se detecta en etapas más tempranas de la vida.
El estudio, publicado en la revista internacional 'Scientific Reports', apunta a que el verdadero riesgo no radica en el tiempo que los adolescentes pasan en las redes sociales, sino en el denominado “uso problemático”, caracterizado por la pérdida de control y los sentimientos de necesidad por conectarse, según analizaron los investigadores de la UMH María Blanquer, Estefanía Estévez, J. Francisco Estévez García y Daniel Lloret,
El número de seguidores influye en los síntomas depresivos, sobre todo en la chicas
Este uso problemático, según los autores, impacta más en la salud mental de los menores que la cantidad de horas frente a la pantalla. El riesgo aumenta cuando la falta de autorregulación en las redes impide que los adolescentes cumplan sus objetivos cotidianos, lo que provoca consecuencias negativas en su vida diaria, según Lloret, responsable del estudio: “No poder ejecutar tus planes porque el impulso de las redes te domina es la clave”.
Los investigadores también han analizado el efecto del número de seguidores en redes sociales y su relación con los síntomas depresivos, y además han identificado diferencias según el género, de manera que en las chicas un mayor número de seguidores se asocia con un aumento de los síntomas depresivos, mientras que en los chicos, en cambio, el efecto aparece como neutro o ligeramente protector.
“En el caso de las chicas, el tener una mayor exposición debido a un mayor número de seguidores podría estar relacionado con la validación social y la presión estética”, ha reflexionado Blanquer, primera autora del estudio, aunque se trata de una hipótesis que requiere más investigación. Los hallazgos muestran que la percepción de la audiencia y la exposición digital no afectan a todos los adolescentes de igual manera y que la edad, el género y los patrones de uso son determinantes.
La educación previa al primer 'smartphone'
Los resultados han indicado que entregar un teléfono inteligente o 'smartphone' sin una educación previa es arriesgado y los han comparado con el símil de comprar un coche a un joven antes de enseñar a conducir.
La evidencia científica señala los 16 años como un punto de inflexión en el desarrollo, un momento en el que el impacto emocional de las redes se estabiliza por lo que, para los científicos, formar a los jóvenes en el uso responsable de las redes sociales y en la gestión de la exposición digital es central.
“Prohibir no resuelve el problema", según el estudio, que ve que "es un gesto importante, pero no se puede cargar las tintas sobre los propios usuarios, los adolescentes o sus padres y madres" en un ámbito donde operan "empresas hipermillonarias, las más ricas del mundo, con una capacidad bestial para modificar la percepción social y la autopercepción".
Más allá de la edad, los expertos recuerdan que la protección de los jóvenes no depende solo de prohibiciones sino también de la combinación de madurez, detección de vulnerabilidades, supervisión, educación y una transparencia real por parte de las plataformas tecnológicas.