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Jimena González, diagnosticada de autismo a los 30 años: "Cuando supe que era neurodivergente todo cobró sentido. Fue un antes y un después"

Jimena González, autora del libro 'Así que era eso: soy neurodivergente'. Cedida
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Aparentemente tenía una vida perfecta, pero en su interior aguardaba una tormenta que camuflaba inconscientemente y que años después explotaría. Todo cambió cuando a sus 30 años obtuvo un diagnóstico: autismo con altas capacidades. Por fin se entendió, dejó de sentirse rara y su tormenta se apaciguó.

Aquello la llevó a adentrarse en el mundo de las neurodivergencias hasta llegar a publicar su primer libro Así que era eso: soy neurodivergente. Todo sobre altas capacidades, autismo y TDAH (Molino, 2026).

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En sus páginas, Jimena González recorre su historia y profundiza con un lenguaje al alcance de cualquiera sobre cómo se manifiesta el autismo, las altas capacidades y el TDAH. La web de 'Informativos Telecinco' ha hablado con ella para conocer desde cómo fue su infancia y adolescencia sin un diagnóstico, hasta los mitos que rodean al autismo y las altas capacidades. "Y si no eras rara, ni demasiado sensible ni despistada… ¿sino simplemente neurodivergente?".

Pregunta (P): Para empezar, ¿quién es Jimena González? ¿cómo te definirías?

Respuesta (R): Soy una persona sensible, con un corazón bastante blandito. Por eso, disfruto mucho de las pequeñas cosas: una palabra agradable, una melodía, la belleza de un amanecer… y lloro con facilidad.

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También soy bastante sonriente. Creo que tiene que ver con haber sentido que el mundo es bastante hostil y querer transmitir algo de amabilidad.

P: ¿Cómo recuerdas tu infancia y adolescencia siendo una persona neurodivergente (sin saberlo)?

R: Me recuerdo niña buena, muy responsable. Era muy consciente de las necesidades de otras personas, y hacía grandes esfuerzos por no dar problemas. Por eso, me veían como una niña perfecta, inteligente y muy madura para mi edad, pero mi realidad interna era diferente. Sentía un muro invisible que me separaba de otras personas y vivía con bastante ansiedad.

P: ¿Hubo algún momento especialmente difícil en ese proceso?

R: Creo que para mí era lo normal. Hasta que todo explotó años después, no me di cuenta de que estaba acumulando muchísima tensión y sufrimiento.

P: ¿Cómo llegaste al diagnóstico de autismo con altas capacidades?

R: Desde fuera mi vida seguía pareciendo perfecta: había sacado dos carreras y dos másters, tenía un buen trabajo, había comprado una casa, tenía pocos pero muy buenos amigos… pero yo seguía viviendo con una ansiedad incontrolable, tenía problemas digestivos y hormonales.

Fui a terapia, y me vino fenomenal, pero aun así mi ansiedad no bajó, y años después comenzaron a darme una especie de ataques de pánico cuando estaba en un entorno con mucho ruido, luces y multitudes. Pensé que me estaba volviendo loca.

"Desde fuera mi vida seguía pareciendo perfecta: había sacado dos carreras y dos másters, tenía un buen trabajo, había comprado una casa, tenía pocos pero muy buenos amigos… pero yo seguía viviendo con una ansiedad incontrolable"

Hasta que, investigando, descubrí la neurodivergencia y no pude parar de absorber información sobre altas capacidades, autismo y (T)DAH. Me sentía tan identificada… comparten muchos rasgos, así que no sabía por dónde empezar.

Decidí primero evaluarme de altas capacidades, pero sentía que me faltaba algo… Seis meses después, y con más investigación a las espaldas, decidí buscar evaluación de autismo. Con la confirmación de doble excepcionalidad (altas capacidades + autismo) sí que sentí que daba una explicación a mi vida y mi forma de ser.

P: Recibiste el diagnóstico a los 30 años, ¿cómo te sentiste en ese momento? ¿Ha cambiado algo en ti saber que eres una persona neurodivergente?

R: Fue un alivio inmenso. Ya estaba desesperada porque no entendía qué me pasaba, ni qué hacer. Al entender que era neurodivergente, sentí que todo cobraba sentido: tanto mi pasado como mi presente. También me dio esperanza en el futuro: quizá con esta información encontraba nuevas herramientas que, por fin, dieran en el clavo.

Esa información fue un antes y un después. Me ha permitido conectar con otras personas como yo, a través del libro, de redes sociales, del podcast… y sentir que no estoy sola me ha hecho más fuerte. Verme reflejada en otras personas me inspira para ser más auténtica y hablar de estos temas. También me ha permitido mirarme con unos ojos más amables.

P: ¿Crees que el diagnóstico tardío ha tenido consecuencias en tu vida?

R: Muchas. He pasado tanto tiempo intentando entenderme… Recuerdo empezar a devorar libros de psicología y autoayuda a los 16 años, y no parar desde entonces. El problema de no tener diagnóstico es que no tienes la información clave para entender cómo eres y cómo sientes, ni tampoco para explicarlo a quienes te rodean. Así que te culpas por ser diferente, por no ser capaz de vivir y ser como otras personas.

P: En el libro hablas mucho del "camuflaje". ¿Qué es exactamente y cómo se manifiesta en tu día a día?

R: ¡Hablo mucho porque me parece clave! Muchas personas me dicen "ya, pero tú no pareces autista como otros…". Primero, la mayoría de nosotros tenemos un estereotipo de persona autista que es muy limitado, y muchas personas autistas (especialmente mujeres, o adultos) no se parecen a esa imagen mental.

Pero además, camuflamos nuestros rasgos, a menudo sin ser conscientes, para ser aceptados. Disimulamos nuestras altas capacidades para no parecer "pedantes" o "engreídos", ocultamos nuestra atención divergente (TDAH) para no ser encasillados como "infantiles", "vagos" o "caprichosos" y escondemos nuestros rasgos autistas para no ser considerados "raros" o "bordes".

P: ¿Ha tenido en ti consecuencias camuflarte para encajar en entornos neurotípicos?

R: Camuflar tu identidad es extremadamente cansado: estás monitorizando cada gesto, cada expresión, tu tono de voz… cada minuto. En mi caso, me llevó a un burnout extremo, un estado parecido a la depresión, en el que estaba exhausta, mi salud se deterioró y mi sensibilidad (ya de por sí alta) se exacerbó. Tuve que dejar de trabajar, mudarme de Madrid y centrarme en cuidar mi salud mental y física por varios años.

Además, claro, cuando estás camuflando tus rasgos, no pareces neurodivergente, así que se retrasa el diagnóstico (o quizá nunca llegue).

P: Cuando compartes tu diagnóstico, ¿cómo suele reaccionar la gente?

R: Pues es muy curioso porque la gente reacciona muy distinto a uno u otro. En mi caso, las altas capacidades son más… "visibles" (que no es el caso en muchas personas, que pueden tener altas capacidades intelectuales y no tener buenos resultados académicos, por ejemplo). Y la gente lo considera "bueno", así que me dicen "¡lo sabía!" o "claro", aunque también genera cierto resquemor o envidia, como si estuvieras diciendo que te crees superior o algo así.

"No hay una sola forma de ser autista, o de tener altas capacidades, o (T)DAH. Y puede que "no se noten". Puede que tengas altas capacidades y se te den fatal las matemáticas. O que seas autista y tengas muchos amigos y mires a los ojos"

En cambio, el autismo está muy estigmatizado, así que la gente no sabe qué decir cuando lo comparto. Pero a muchas personas les sorprende, porque cuando piensan en autismo, piensan en un niño al que le gustan los trenes y no puede mirar a los ojos. Y yo no soy así.

P: Mencionas en el libro que también eres una persona altamente sensible (PAS) y que has conseguido integrarlo como parte de tu personalidad. ¿Te costó llegar a esa aceptación? ¿Cómo se refleja en tu vida cotidiana?

R: En realidad, me encanta ser sensible, pero es muy difícil pasar por la vida así, viviendo todo de manera tan intensa. Antes estaba en constante lucha ("¿por qué me pasa esto? No debería ser así"), ahora lo gestiono mejor. Por ejemplo, vivir en el campo me ayuda mucho, pasar tiempo sola, escribir… y limitar mi tiempo en pantallas. Por otro lado, es el motor de mi creatividad.

P: ¿Qué te llevó a escribir Así que era eso: soy neurodivergente?

R: Me pedían recomendaciones de libros y, aunque he leído muchos maravillosos, la mayoría están en inglés o son bastante académicos. Quería escribir un libro muy riguroso, pero ameno, que tuviese toda la información relevante de altas capacidades, autismo, (T)DAH y camuflaje. Que te divirtieras leyéndolo, y que también lo disfrutara alguien que no fuera neurodivergente.

P: En el libro recoges diez señales que pueden hacer sospechar que alguien es neurodivergente. En tu caso, ¿con cuál te sientes más identificada?

R: La sensación de ser un extraterrestre siempre me ha acompañado. Recuerdo que, de pequeña, me encantaba Harry Potter. En la saga, a los que eran magos, les mandaban una carta a los 11 años para invitarles a ir a Hogwarts, la escuela de magos. Y yo pensaba "claro, es esto. Soy maga, por eso me siento distinta". Y claro, cuando no me llegó esa carta… ¡menuda decepción!

P: Hablas también de los intereses especiales, intensos y profundos en el autismo. ¿Cuáles son los tuyos?

R: El diseño es uno bastante fuerte. Me apasiona todo ese mundo, desde el interiorismo a la moda, pasando por el diseño editorial, la tipografía, el diseño visual y el estratégico (que es a lo que me dedico). También amo los libros, desde que aprendí a leer (allá por los 3-4 años) no paré. Por eso ha sido tan especial para mí publicar.

Otro interés intenso son las personas: me gusta mucho profundizar en las historias, los valores, las experiencias de cada persona. También me fascina la psicología y… la neurodivergencia.

P: ¿Qué mitos sobre el autismo y las altas capacidades te gustaría desmontar?

R: No hay una sola forma de ser autista, o de tener altas capacidades, o (T)DAH. Y puede que "no se noten". Puede que tengas altas capacidades y se te den fatal las matemáticas. O que seas autista y tengas muchos amigos y mires a los ojos. O que tengas (T)DAH y parezcas una persona tranquilísima. Y puede que seas neurodivergente y no lo sepas, aunque tengas 26, 42 o 75 años.

"Cuando descubrí la neurodivergencia y no pude parar de absorber información sobre altas capacidades, autismo y (T)DAH. Me sentía tan identificada…"

P: ¿Qué le dirías a una persona que sospecha que es neurodivergente pero aún no tiene un diagnóstico?

R: Que conecte con otras personas neurodivergentes que tengan un perfil parecido al suyo. Por ejemplo, si eres una mujer adulta y sospechas que puedes tener (T)DAH y altas capacidades, busca otras mujeres adultas de tu generación con ese diagnóstico. O si eres una persona queer sospechando de autismo, busca otras personas queer autistas. En persona sería fantástico, pero también puedes ver testimonios en redes sociales, o en vídeo, podcast, libro, artículo… Eso te puede ayudar a entender cómo se ve esa neurodivergencia en una persona parecida a ti.

P: ¿Cuál ha sido tu mayor aprendizaje en este camino?

R: Que hay un poco de confusión con respecto a este tema. El otro día abro un libro sobre filosofía y pone "la enfermedad del siglo XXI es el TDAH". O leo sobre microbiota "el autismo de su hijo se curó con una dieta…". El autismo no es una enfermedad, ni el (T)DAH tampoco. No hay nada que curar, solo comprender.

P: ¿Qué te gustaría que la sociedad entendiera mejor sobre las neurodivergencias?

R: Una persona neurodivergente percibe, siente, aprende de forma diferente. Ni mejor ni peor, distinta. Y eso es lo bonito, porque realmente la magia sucede cuando personas con diversas formas de ser y mirar nos complementamos.