Conflictos familiares

Elena Crespo, abogada de familia: "Ejercer esta profesión no me protegió del dolor del divorcio, en absoluto"

Elena Crespo Lorenzo, abogada de familia. Irene F. Pla
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Hay divorcios que pueden durar una eternidad. En España conocemos muchos casos de personajes famosos, cuyo divorcio ha llenado portadas durante años, y en el que ha habido mucho sufrimiento y conflicto, aún y habiendo hijos de por medio. El divorcio se ha asociado a un fracaso familiar y los abogados de familia han llevado durante años la etiqueta de ser despiadados y sin escrúpulos, pero la realidad es que cada vez hay una tendencia más clara a que el divorcio sea lo más amable posible para todos, especialmente para los niños. La labor de un abogado de familia es, sin duda, protegerles y garantizar que estos no se queden anclados en una batalla interminable. De eso habla la reputada abogada especializada en derecho de familia y fundadora de Crespo Law, Elena Crespo Lorenzo (San Sebastián, 1978) en su nuevo libro 'Del divorcio se sale' (Grijalbo, 2026), un libro que pasa por su experiencia personal tras vivir su propio proceso de divorcio. Aunque ya ejercía como abogada por entonces, a partir de aquella crisis vital decidió acompañar a otras personas en ese camino con una mirada jurídica, cercana y transformadora. Sin duda, supo sacar partido con valentía a su propio divorcio y no quedarse anclada en la frustración y el dolor que le supuso.

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Ha sido reconocida con la Medalla al Mérito Profesional por su labor en mediación familiar y fomentar la cultura de la paz y la concordia. Además, es colaboradora de la Universidad Europea de Madrid y participa frecuentemente en multitud de medios de comunicación. También es autora, conferenciante y creadora del pódcast 'Del divorcio se sale'. Charlamos con ella sobre el papel que ejercen los abogados de familia y sobre cómo afrontar el divorcio si llega con resiliencia.

Pregunta: ¿Recuerdas lo que sentiste al divorciarte? ¿Te ayudó tu trayectoria profesional?

Respuesta: Recuerdo una mezcla muy intensa y humana: miedo, incertidumbre, sensación de fracaso… y también una ruptura que iba mucho más allá de la pareja. Era la ruptura de un proyecto de vida, de una idea de futuro que ya no iba a existir. Ser abogada de familia no me protegió del dolor del divorcio, en absoluto. El dolor lo atraviesas igual. Pero sí me dio algo muy valioso: perspectiva. Yo sabía, porque lo veía cada día en mi trabajo, que ese momento no era el final, que era una transición. Y cuando entiendes eso, aunque duela, no te hundes igual. Sabes que, aunque ahora no lo veas, hay vida después… y, además, una vida que puede ser mejor.

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P: ¿En qué conectaste más con tus clientes a raíz de ese momento?

R: Conecté en algo fundamental: la vulnerabilidad real. Antes entendía perfectamente el proceso desde el punto de vista jurídico, pero después empecé a entenderlo desde dentro, desde la piel. Ese momento en el que estás perdido, en el que dudas de todo, en el que te preguntas cómo vas a rehacer tu vida… ahí es donde más conecto ahora con mis clientes. Ya no solo soy la abogada que resuelve un problema legal, soy alguien que sabe exactamente qué estás sintiendo. Y eso genera una confianza muy distinta.

"Cada vez hay más divorcios por desgaste emocional, por una desconexión progresiva"

P: ¿Qué tipo de divorcios se están viendo más hoy? ¿Cuáles son los motivos comunes?

R: Cada divorcio es distinto, pero sí vemos patrones muy claros. Cada vez hay más divorcios por desgaste emocional, por una desconexión progresiva. No es que haya un gran conflicto, es que deja de haber vínculo. También hay muchas rupturas por falta de comunicación sostenida en el tiempo, por no hablar de lo importante cuando toca. Y, por supuesto, siguen existiendo infidelidades, tanto emocionales como económicas. Hoy la gran diferencia es que la gente ya no aguanta relaciones que no le aportan bienestar. Antes se sostenían más por obligación; ahora se sostienen por elección.

P: ¿Cómo hacer un divorcio lo más amistoso posible? ¿Se puede?

R: Lo primero es entender que el conflicto emocional no puede dirigir el proceso legal. Es normal estar dolido, enfadado o decepcionado, pero si eso marca las decisiones, el divorcio se convierte en una guerra. Un buen abogado no debe alimentar el conflicto, sino ordenarlo. Debe ayudar a separar lo emocional de lo jurídico. Y hay algo clave: pensar a largo plazo. Porque las personas que hoy se están separando, mañana van a seguir vinculadas, especialmente si tienen hijos. No se trata de ganar hoy, se trata de construir una relación sostenible para el futuro.

P: Suele haber un miembro de la pareja que pierde más que el otro, sobre todo, el que ha adoptado la figura del cuidador, en el caso de que haya hijos, claro. ¿Cómo se le protege?

R: Es una realidad que quien ha asumido más carga de cuidados suele quedar en una posición más vulnerable, especialmente a nivel económico. Ahí el papel del abogado es fundamental: garantizar equilibrio con herramientas como la pensión compensatoria, una pensión de alimentos adecuada o el uso de la vivienda familiar. Pero también hay una parte muy importante que no es jurídica: el cambio de mentalidad. Esa persona muy probablemente tendrá que reconstruirse y salir al mercado laboral o profesional y es fundamental que cuente con herramientas para empoderarse y ganar confianza en sí mismo.

P: ¿Cómo se protege a los niños? ¿Qué es primordial al inicio?

R: Lo primordial es que los hijos no se conviertan en el campo de batalla. Los niños no pueden cargar con el conflicto de los adultos. Necesitan estabilidad, rutinas, seguridad emocional. Y eso pasa por acuerdos claros desde el inicio y por algo muy importante: no hablar mal del otro progenitor delante de ellos. El vínculo con ambos padres es un derecho del menor. El foco tiene que estar siempre ahí: en su bienestar, no en el conflicto de la pareja.

P: Pero hay veces que es complicado, porque el divorcio llega después de una infidelidad. Muchos descubren a otra pareja que no conocían durante el proceso de divorcio. ¿Qué cara de la pareja es más dolorosa descubrir para ti?

R: Sin duda, la desconocida. Muchas personas me dicen: “no sabía que mi pareja podía ser así”. En los procesos de ruptura salen versiones más defensivas, más egoístas, más duras… y eso duele especialmente porque rompe la imagen que tenías de quien era tu compañero de vida. No solo pierdes a la pareja, también pierdes la idea que tenías de esa persona.

P: Hablas en el libro de que muchas veces se da una infidelidad financiera, que es aquella en la que los miembros de la pareja no conocen el dinero o los ingresos que posee el otro. ¿Por qué ocurre?

R: Porque muchas parejas no hablan de dinero con transparencia. El dinero sigue siendo un gran tabú, incluso dentro del matrimonio. A veces hay control, otras veces miedo, ocultación, otras simplemente desorganización. Pero cuando llega el divorcio, esa falta de información se vive como una traición muy profunda. La infidelidad económica duele mucho porque rompe la confianza en un plano muy básico: el de la seguridad.

"El divorcio, bien gestionado, puede ser un punto de inflexión muy potente"

P: Dices en tu libro 'Del divorcio se sale' que también puede ser una oportunidad, de hecho, para ti misma lo fue. ¿Cómo se llega ahí? No parece un camino de rosas...

R: No es inmediato, es un proceso. Primero viene el shock, luego el dolor, después una fase de reconstrucción… y, si se hace bien, llega el crecimiento. El cambio ocurre cuando dejas de verlo como un fracaso y empiezas a verlo como el cierre de una etapa. Ahí es donde muchas personas se redescubren, toman decisiones más alineadas con quienes son realmente y construyen una vida más coherente. El divorcio, bien gestionado, puede ser un punto de inflexión muy potente.

P: Hay parejas que se llevan bien después, mejor incluso que cuando eran un matrimonio. ¿Qué han hecho bien y en qué podemos tomar nota?

R: Han entendido algo clave: ya no son pareja, pero siguen siendo equipo en lo importante. Han priorizado el respeto, la comunicación y, sobre todo, el bienestar de sus hijos. Han sabido soltar el conflicto emocional y construir una nueva forma de relacionarse basada en la cooperación. Y algo muy interesante, muchas veces funcionan mejor así que cuando estaban casados, porque la relación deja de estar cargada de expectativas y pasa a ser más clara, más práctica y sana.