José Ruz, conocido como Triun Arts, desgrana los casos de 'Campos de sangre: Crímenes en la España rural' y otras historias
El asesino de Morata de Tajuña fue condenado a 36 años de cárcel: mató y quemó los cadáveres de tres hermanos
En la penumbra de la España rural, donde el silencio de los campos se mezcla con rencores que se han transmitido de padres a hijos como una herencia maldita, José Ruz, conocido como Triun Arts, ha encontrado el escenario para su obra más ambiciosa: 'Campos de sangre: Crímenes en la España rural', un libro que no es solo una recopilación de crónicas negras, sino casi un estudio antropológico de la violencia que ha definido nuestra identidad nacional.
A través de sus páginas, el autor sevillano realiza un viaje por seis hitos fundamentales: desde el enigma de Los Galindos y el horror de Puerto Hurraco hasta el Exorcismo de Almansa, el Crimen de Fago, la historia del Sacamantecas y el reciente y trágico caso de las Hermanas Gutiérrez Ayuso en Morata de Tajuña.
En esta entrevista con la web de 'Informativos Telecinco', el autor desgrana los casos que más le han impactado, qué escenas del crimen sobre las que ha escrito ha visitado y cómo puede entenderse ese "ADN" particular que caracteriza a España frente al resto del mundo.

De Los Galindos a Almansa: el mapa personal de Triun Arts
Cuando se le pregunta a Triun Arts qué casos le han marcado a nivel personal, su respuesta es tajante. "Si hablamos de atrocidad y brutalidad, el que más es el exorcismo de Almansa, pero a nivel de implicación y de volcarme en la investigación, el de Los Galindos", confiesa Ruz. Sobre el caso de Almansa, destaca la atmósfera de "locura compartida" que se vivió en la noche de aquel 18 de septiembre de 1990: "La madre, Rosa, llegó a endiosarse, a desarrollar un complejo mesiánico, a creerse tocada por la vara de Dios, y terminó con la vida de su hija de 11 años de forma salvaje. En aquella época había mucha superstición y proliferaban los videntes en televisión".
El detalle de lo ocurrido en aquel cuarto refleja una psicosis grupal alimentada por la sugestión. "Fue un contexto en el que estuvieron varios días en una especie de fiesta a base de marihuana, cocaína y alcohol. La madre empezó una orgía con su amante, María Ángeles, y con la hermana de esta, con rituales escatológicos. Estuvieron días y días drogándose, hasta que a la amante le vino la menstruación. Rosa pensó que estaba poseída y comenzó a pegarla. María Ángeles, para evitar que la atacaran, dijo que la que estaba poseída era la niña de 11 años, Rosita. Entonces fueron a por ella, de madrugada, y mataron a la pequeña cuando estaba durmiendo", detalla Triun Arts.
En cuanto al caso de Los Galindos, ocurrido en Sevilla el 22 de julio de 1975, el escritor apunta: "Sorprende por la incertidumbre. Hay cinco personas muertas sin una causa ni motivación aparente, aunque yo creo que todo está relacionado con la corrupción o algún desfalco; es decir, que hubo un móvil económico. Probablemente la única persona a la que querían matar era Zapata, el capataz, y al resto los mataron por estar en el sitio equivocado en los momentos menos idóneos, como puede ser el tractorista que llegó o la mujer de Zapata que estaba allí". "Creo que fue un asesinato que a lo mejor no estaba previsto cometerse y que, una vez se consumó, hubo una consecución lógica", precisa Ruz.
Pisando el barro: el impacto de visitar el escenario del horror
El investigador no se ha limitado a los archivos; ha pisado el barro para comprender la energía de los lugares. En su visita al cortijo de Los Galindos, donde grabó imágenes a vista de dron, comprobó que el tiempo parece haberse detenido: "El camino antiguo y la cancela antigua siguen estando, y el cortijo sigue exactamente igual, aunque le han cambiado la pintura", explica el escritor, que también ha visitado otros escenarios, como el paraje de La Romana, del caso Alcàsser.
El crimen de Los Galindos sigue siendo un enigma. Según el escritor, la pista más relevante que se conserva es el libro publicado por el hijo de los marqueses de Grañina, en el que se revela que la tragedia estalló cuando el capataz descubrió un fraude financiero en la finca y amenazó con denunciarlo, aunque, oficialmente, no se determinó la motivación y el misterio sigue sin resolverse. Triun Arts señala que se podrían haber hallado más pistas, pero que en aquella época las escenas del crimen solían contaminarse. "Los periodistas movían cosas e incluso armas para tomar una foto, era algo normal", precisa Ruz, que añade que nunca habrá responsabilidad penal por este caso. "El crimen ya ha prescrito. Supongo que los culpables de aquello estarán muertos. Han pasado casi 51 años", explica.
Otro escenario sobre el que Triun Arts ha escrito y que ha visitado es Puerto Hurraco, en Badajoz, donde los hermanos Izquierdo mataron a nueve personas el 26 de agosto de 1990: "Los Izquierdo vivían en una espiral de odio y se aislaron por completo. Su paranoia era tal que vivían sin luz ni agua corriente, convencidos de que los vecinos los espiaban o querían envenenarlos. Estuve allí en 2025 y el municipio impresiona por lo pequeño que es. Allí todavía sigue en pie la casa de los hermanos, donde murió su madre en un incendio que desató la furia de ambos y que pagaron contra quienes pensaron que eran los responsables, los Cabanillas; la vivienda está quemada, abandonada y con el techo derruido". El autor ofrece matices del caso: "Cuando Emilio y Antonio cometieron el crimen ya no vivían en esa casa, sino en Monterrubio de la Serena. Aquella tarde, tras fabricar sus propios cartuchos, se despidieron de sus hermanas diciendo: 'Vamos a cazar tórtolas'. No iban a cazar aves, sino a ejecutar su venganza. Es el típico crimen de lindes, de dos familias enfrentadas por tierras y caminos, con rencillas que se heredan".
Los inquietantes nexos entre distintos crímenes
Triun Arts encuentra conexiones que rompen el estereotipo marginal, citando al primer asesino en serie documentado en España. "Lo de Romasanta es curioso porque fue el primer hermafrodita documentado y la primera persona a la que diagnosticaron licantropía psiquiátrica. Él nació con los dos órganos sexuales e incluso lo llamaron 'Manuela'. Siendo una persona menuda, acabó con la vida de numerosas personas entre 1846 y 1851, sobre todo mujeres y niños. Iba engañando a la gente; era súper inteligente, culto y meticuloso".
El caso de este criminal, que fabricaba ungüentos con la grasa de sus víctimas, encuentra un puente con la actualidad. "Romasanta era sastre y utilizaba esa habilidad a la hora de manipular los cuerpos. Él era un psicópata en toda regla y mató a mucha gente. Pero, en cierto modo, puede recordar al caso de Daniel Sancho, que se pudo servir de su aprendizaje como chef para manejar herramientas durante el postcrimen de Edwin Arrieta en Tailandia".
Otro caso de su libro que sirve de referencia para otros crímenes es el de Almansa, por su vertiente mística: "Hay crímenes muy parecidos. Recuerdo el exorcismo del Albaicín, en Granada, donde una chica creía que estaba embarazada del diablo y, junto con un curandero y unas primas, mataron al bebé que esperaba en enero de 1990. También está el caso de la secta del 'Espíritu del Gran Águila' en Mazagón, que ocurrió en 1998. La líder sometió a sus seguidores a un férreo control mental y, bajo la creencia de que una de las integrantes estaba poseída, la víctima fue sometida a un brutal ritual que incluyó la ingesta forzada de agua con sal y agresiones físicas constantes, lo que acabó provocando su muerte".
Crónica de un final: por qué el crimen rural está en extinción
Triun Arts lanza una advertencia a raíz del libro: el crimen de campo está desapareciendo como lo conocíamos. "El crimen rural, aunque sigue habiendo, se está extinguiendo, ya que cada vez tenemos más España vaciada. Es un tipo de crimen que puede llegar a desaparecer". El caso de Puerto Hurraco es un símbolo en este sentido: "Un suceso de rencor y rincones enquistados durante tanto tiempo ya no se ve. Puede haber crímenes en el campo, pero no de esta índole tan potente".
El autor rescata el crimen de Fago, ocurrido en Huesca en 2007, como un ejemplo más reciente de crimen rural, aunque con un patrón distinto al tradicional: "Tanto la víctima, el alcalde Miguel Grima, como el único condenado, Santiago Mainar, eran forasteros, eso cambia el escenario. Ambos protagonizaron una disputa de poder en un pueblo de apenas 30 habitantes que terminó en una emboscada mortal en una carretera solitaria del Pirineo".
Ruz recuerda también otros crímenes rurales que han tenido lugar recientemente, pero que se alejan del patrón de Puerto Hurraco: está el caso de Santoalla, en Ourense, que inspiró la película 'As Bestas', en el que una pareja holandesa, Martin y Margo, tuvo un conflicto con una familia que acabó en el crimen de Martin; también el caso de Ciudad Real, en el que el empresario Gaspar Rivera mató a otros dos durante una transacción de tierras y un coche; y en Galicia han ocurrido episodios de individuos que han asaltado a vecinos con escopetas, aunque más ligados a conflictos puntuales que a disputas históricas de terrenos o lindes.
El aislamiento, un doble filo en los crímenes rurales
Para Ruz, el aislamiento geográfico ha actuado como una olla a presión para el odio: "Pueblo pequeño, infierno grande. Al final se conocen todos de toda la vida y los rencores se quedan enquistados. Ellos pensaban: 'Este le hizo daño a mi hermano y mi hermano murió', y estas cosas han pasado de abuelos a nietos. Entonces, cuando te das cuenta, tienes un problema en la familia".
Esa fue la dinámica en Puerto Hurraco y que ya se diluye en la actualidad. El escritor contrasta esta realidad con la frialdad anónima de las ciudades modernas.
"Las ciudades son cada vez menos sociales. En un bloque de pisos no sabes ni quién vive. En cambio, en los pueblos, los crímenes se viven de manera diferente", destaca Triun Arts, que insiste en que el anonimato urbano nos hace inmunes al vecino, mientras que en el campo el vecino ha sido a menudo el origen de una pesadilla generacional que no se olvida.
El ADN de la España negra: celos, tierras y escopetas de caza
Los crímenes de campo, sentencia el autor, son el espejo de nuestra historia más profunda: "Igual que Estados Unidos está marcado por los asesinos en serie o las masacres en centros educativos, en España nuestro ADN es el crimen de campo, de celos, poder y lucha de ideologías".
Es una radiografía de una España que se desvanece, pero que sigue latiendo bajo las piedras de los pueblos abandonados. Aunque el escritor reconoce que en nuestro país existen asesinos en serie modernos como Alfredo Galán o Joaquín Ferrándiz, tiene claro cuál es el sello nacional indiscutible: "El crimen por antonomasia de España es el crimen rural. Ese es nuestro ADN".
Con esta obra, Triun Arts no solo ofrece una crónica negra, sino un legado para entender por qué en España el odio todavía huele a tierra, a linde heredada y a escopeta de caza.

