Nace un nueva camada en Bioparc Valencia de damán roquero, la poco conocida especie que dio nombre a España
Entre las teorías sobre el origen del nombre “Hispania” se encuentra la que apunta al término fenicio “I-span-ya”, que significaría “tierra de damanes”
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Sorprendentemente emparentado evolutivamente por su tamaño con otros mamíferos africancos como el elefante, el manatí o el dugongo, el damán roquero es una desconocida especie de roedor que esconde una curiosa conexión con la historia de nuestro país. Entre las distintas teorías sobre el origen del nombre “Hispania” se encuentra la que apunta al término fenicio “I-span-ya”, que significaría “tierra de damanes”. En realidad, los fenicios se referían a los conejos que encontraron en la península, extraños para ellos, pero que les recordaron por su aspecto a los damanes, muy comunes en sus tierras.
El damán roquero sólo se puede ver en España en Bioparc Valencia, cuyo grupo de dos machos y dos hembras ha aumentado con esta camada de tres machos y una hembra que, gracias a su favorable evolución, ya trepan, recorren las grietas de las rocas y siguen los movimientos de los adultos por el aviario. Allí convive con el ibis eremita (extinta en Europa desde el siglo XVII), la cigüeña de Abdim, el ave martillo, la pintada vulturina y el estornino soberbio.
Esta nueva camada es otro ejemplo del compromiso del parque y la Fundación Bioparc con la conservación de especies amenazadas aportando esperanza con múltiples nacimientos como los de mangabey, blesbok, duiker, dril, elefante, rinoceronte o chimpancé.
Estrecha relación con el paisaje
El periodo de gestación del damán roquero es de ocho meses, por lo que nacen completamente formados y cubiertos de pelo y en muy poco tiempo son capaces de desplazarse por sí mismos e ingerir alimento sólido. Su propio apelativo “roquero” da una pista de la estrecha relación que mantiene con el paisaje que habita. Está adaptado a vivir en terrenos escarpados y no construye madrigueras, sino que aprovecha las oquedades de las laderas de los peñascos como refugio. Su capacidad para moverse con rapidez por estas superficies le permite ponerse a salvo de los depredadores mientras que su pelaje pardo le ayuda a pasar desapercibido.