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Carlos Lozano y el conflicto entre cooperar o competir

Entre alianzas y traiciones, la cena del martes destapó el verdadero juego de Carlos Lozano. Cooperar o competir es un dilema estratégico por el que asoman egos, miedos y errores de cálculo.

Entre Cristina Piaget y Belén Rodríguez, Carlos Lozano se elige a él mismo. telecinco.es

Analizar ‘realities’ es para el gato tan satisfactorio como formar parte de ellos para sus concursantes. El placer de ver frente al de ser visto.

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La tensión provocada por tener que elegir entre cooperación y competencia ha afectado a Carlos Lozano, particularmente en el momento que es obligado a decidir si cenar con Cristina Piaget o con Belén Rodríguez. Se produce entonces un conflicto de intereses donde Belén no cuenta para nada. La decisión no estriba en elegir a una u otra, sino en apoyar a Cristina o intentar hundirla. El conflicto real es entre la motivación cooperativa y aliarse con una concursante a la que imagina con un apoyo fuerte entre la audiencia, o la motivación competitiva y debilitarla dado que la considera una rival peligrosa de cara al triunfo. Carlos prescinde de planteamientos morales para dejarse llevar solo por una cuestión estratégica, tomando la decisión que pueda maximizar sus posibilidades en el concurso.

Esa ambivalencia estratégica de la que hablo le llevó el martes a decantarse por Cristina para la cena, lo cual equivale a optar por la motivación competitiva. El mismo Carlos confirmó ayer por la mañana el doble cálculo estratégico que le llevó a intentar tender una trampa a Cristina. Lo expresaba así: “Yo iba a otra cosa. Iba a desenmascarar a Cristina. Cenar con Belén suponía hablar del pimiento, del huevo y qué rico está el jamón. A ver, que yo la invito a cenar cuando quiera fuera de aquí, pero ayer había otras prioridades”. Tras dudar entre arrimarse al fuerte o cargárselo antes de que le pase por encima, tuvo claro que prefería intentar esto último. Y ahí cobra protagonismo Belén, que le chafa el plan.

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Carlos Lozano fracasó en su intento de desenmascarar a Cristina Piaget

De manera que a Carlos Lozano un diablillo desde su hombro izquierdo le aconsejaba invitar a Cristina Piaget para terminar de confirmar la reconciliación entre ambos y seguir el concurso como lo comenzaron. Así se habría vuelto a confirmar como el valedor de Cristina, único en la casa dispuesto a comprometer su futuro en el concurso poniéndose del lado del débil. Mientras que otro diablillo desde su hombro derecho le urgía para que olvidase definitivamente ese rol e intentase desenmascarar a Cristina. El riesgo de esta misión era mayor porque se hacía necesario apretar las tuercas más allá de lo aconsejable y manipular lo suficiente la realidad como para mostrar una Cristina peor de lo que es. Estando sumido en ese diálogo interno, apareció una Belén Ro celosa y despechada porque su amigo prefería cenar con su compañera de dúo en lugar de con ella. Belén no lloraba en la suite porque tuviera que servirles la cena, lo hacía porque se había sentido despreciada, diría incluso traicionada, por Carlos.

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Veremos esta noche si este episodio de la cena ha podido afectar a las votaciones de la audiencia de cara a la expulsión. Para mí tengo que Cristina no ha salido perjudicada, más bien al contrario. Por consiguiente, podríamos decir que a Carlos le salió el tiro por la culata. El gesto de desprecio y humillación de pedir seguir sentado a la mesa junto a Belén después de haber elegido a Cristina puede terminar pasándole factura. El juego de Carlos ha quedado al descubierto, y eso es poco deseable siempre. Recordábamos un concursante justiciero y espontáneo para encontrarnos ahora con uno estratega y dañino. Lo primero, lejos de ser nada malo, me parece algo aconsejable y bueno para el espectáculo. Solo que no es lo que se esperaba de él. Excuso decir que lo segundo perjudica gravemente su imagen como concursante.

Belén Rodríguez se decide por el exilio interior

Evitando el conflicto interno, Belén Rodríguez se decidió ayer por el exilio interior. En lugar de abandonar, como había hecho la noche anterior Carmen Borrego, decidió no hablar con nadie y, lo que es más grave, no participar en la prueba semanal. La prueba me recuerda mucho a aquella tan gloriosa de GH 8 en la que mientras casi todos hacían lo posible porque un recipiente no perdiera las bolas más allá de un determinado límite, un concursante aprovechaba sus turnos y la madrugada para dejar escapar las bolitas. Respondía esto a la indicación del programa sobre que la prueba estaría ganada si el saboteador conseguía su objetivo. Es decir, ganaban si parecía que habían perdido y viceversa.

A imitación de Belén, Cristina también decidía no hacer la prueba. Del mismo modo ambas se desdecían colaborando en momentos sucesivos de la tarde. Aquí el conflicto no es entre cooperar y competir, sino entre cooperar o no hacerlo en aras a lograr la consecución de la prueba, pudiendo de ese modo gozar de más dinero para la compra. Por utilizar el mismo símil de los diablillos, Belén tiene encaramado a su hombro izquierdo un diablillo malo y al derecho otro que no es mucho mejor. Digo que son malos porque no la están aconsejando bien. En un reality de convivencia abogar por no relacionarse con nadie (salvo con Sonia Madoc y fríamente con Antonio Canales) es una decisión poco reflexionada. Belén está tirando piedras contra su propio tejado. Todavía está a tiempo de salir de la trampa que ella misma se ha tendido.

Atrapada entre su rol de analista y la realidad de concursante

El problema de Belén es que vive en una realidad paralela donde toda la casa está en su contra y las galas giran en torno a su persona. Pero esto no ha sido nunca así. El martes tuvieron más protagonismo su amiga Carmen y la propia Cristina. Diría incluso que pudo llamar más la atención del espectador que los jóvenes de las tentaciones tomaran partido, cosa que no había pasado antes. La percepción egocéntrica del conflicto que demuestra tener Belén hace que se crea el centro del juego cuando en realidad está en la periferia. No ha sido así solo en lo relativo a la cena de Carlos, también en otras muchas situaciones.

Para Belén, si hablan es por ella, si hay tensión va contra ella y si pasa algo raro la están midiendo a ella. Eso no implica que se sienta maravillosa y tenga la autoestima altísima, solo que se siente en el centro del relato, aunque el relato no la esté colocando ahí. Belén lleva años interpretando realities desde fuera, contando con información, contexto y un control importante del discurso. Al entrar dentro ha seguido analizándolo todo, pero sin contar con datos reales. Su ego profesional se resiente si no ocurre nada alrededor suyo, por lo cual se encuentra sobreinterpretando constantemente. Tiene un sesgo de protagonismo, que se diría en psicología social. Ella parece pensar: “Si yo estoy aquí, algo tendrá que pasar conmigo”. Y cuando no pasa su cerebro rellena el vacío con conflicto, aprovechando cualquier crítica que alguien le haga.

Anita Williams resolvió con gran facilidad su conflicto

Anita Williams ha tenido que plantearse en algún momento si ser fiel a su trío y al resto de compañeros con quienes pasa la mayor parte del día, o convertirse en la segunda ama de llaves (como diría Raquel Salazar) de Belén Rodríguez (la primera sería Sonia Madoc). No parece haber tenido problema alguno en decantarse por lo segundo. Sus motivaciones son la perspectiva profesional en un futuro cercano. Anita quiere hacer carrera televisiva y los realities llega un momento que se acaban, por lo que debe intentar hacerse hueco en otro rol. No es el primer caso de concursante que otorga la categoría de intocable a cualquier compañero con quien una enemistad podría hacer malograr sus planes profesionales. Por eso Anita muestra ese respeto casi reverencial por Belén, llegando al punto de soplarle los planes de su grupo.

El enfrentamiento entre Anita y Cristina cada día tiene peores trazas. Las actitudes de ambas son intolerables, aunque de momento solo le ha tocado a Cristina ver su parte cuestionada en las galas, mientras Anita sale de rositas cada vez. Tras la gala, en la madrugada del martes, se produjo otra situación de tensión, tal vez la mayor hasta ahora. Cristina usaba deliberadamente las cremas y sérums de Anita y esta respondía rociándola con un aerosol áurico (para limpiarle el alma). La verdad es que parecía estar usando uno de esos aerosoles de pimienta antivioladores. Pudo ser algo parecido, sobre todo si tenemos en cuenta que la rocío a escasos centímetros de su rostro. Las consecuencias podrían haber sido trágicas.

Moleskine del gato

El momento aerosol de Anita Williams provocó una tensión de baja intensidad si lo comparamos con la reacción de Antonio Canales cuando vio a Cristina Piaget fregando el suelo. Prometo que fue tal cual estoy contando. A Canales le molestaba solamente verla y le pedía que saliera de sus vidas. Luego intentó que no le dieran comida, hasta que Raquel Salazar le convenció de que esa era comida conseguida con la prueba anterior, en la que Cristina participó como los demás. Confieso que momentos como este son incómodos de ver.

Belén piensa que saldrá hoy porque los votos de Carmen Borrego irán para ella. La ideóloga de la teoría del 50 por ciento sabe bien lo que le puede perjudicar el abandono de su amiga.

“Mañana (por hoy) entra nuevo concursante”, decía Belén hablando con Sonia a media voz. Es su segunda predicción consecutiva, veremos si acierta alguna, las dos o ninguna.

Esta noche tenemos una fiesta, con un gran dilema, nominaciones a la cara, la visita de Mara Espinosa (de La isla de las tentaciones) para llevar a cabo una misión especial que servirá para determinar los nuevos habitantes de la suite y doble expulsión.

En el vídeo de hoy hablo, precisamente, de las expulsiones dobles y cierta amnesia colectiva que comparten buena parte de los seguidores del programa.

[Todas las imágenes de este texto han sido capturadas por el autor]