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Sonia Madoc vuelve a estar del lado de los más jóvenes

Del elogio al desprecio en apenas 24 horas. Sonia Madoc vuelve a protagonizar uno de esos giros estratégicos tan habituales en la casa, donde las afinidades duran lo que dura el miedo a la nominación.

Sonia Madoc se mezcla con los que eran sus enemigos hasta ayer mismo. telecinco.es

Analizar ‘realities’ es para el gato tan satisfactorio como formar parte de ellos para sus concursantes. El placer de ver frente al de ser visto.

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Sonia Madoc reniega ahora de Carlos Lozano y Cristina Piaget, cuando apenas había pasado un día de que, tras estar un rato hablando con Cristina, se le escuchase decir: “No he tenido hasta ahora una conversación tan interesante con nadie”. No sé si será porque otra vez Raquel Salazar pidió que no comieran nada que cocine Cristina por su teoría sobre la intención de hacerles brujería y que se pongan todos malos. Y eso que sigue sin hacer sus ya afamadas lentejas. Aunque más parece que fuera porque Cristina le pidió que dejase de cantar, lo cual tendría alguien que decir alguna vez. Ahora la llama “señora amargada”, mientras un día antes se trataba de un ser maravilloso. Ni tanto, ni tan calvo, digo yo.

Automáticamente, Sonia se echó en brazos de los que ayer eran el bloque enemigo. Si antes teorizo sobre este tipo de cambio antes hubiera Sonia dado su enésimo bandazo. Apuesto a que le mueve el miedo a estar en el grupo minoritario y contra todos los demás. El riesgo de no cambiar era salir nominada una vez más. A cambio, quienes se enfrentan al resto de la casa suelen tener ganado el favor del público. Es siempre así, incluso siendo un mueble como Sonia, concursante silenciosa a la que le cuesta intervenir en las galas, según propia confesión. Sonia no ha temido quedarse sola porque tenía a su lado dos personas en quien encontrar cobijo. Pero le ha debido parecer una temeridad arriesgarse a ser nominada en masa. No debe darse cuenta de que la nominarán igualmente si pueden. Ahora puede que también los que hasta ayer eran sus amigos.

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Todos llevamos dos alforjas encima repletas de defectos

Los más jóvenes critican mucho a Cristina Piaget y Carlos Lozano por cosas que ellos también hacen. Ayer se metían con la higiene personal y no era la primera vez. El olor de las axilas de Carlos está en boca de todos desde hace días, pero lo han extendido también a Cristina, incluso a Antonio Canales. Dicen que este no se ducha muchos días, y que prueba la comida con una cuchara que vuelve a meter en el puchero después. En esto debo decir que llevan razón. Basta con haber visto como hacía el martes las filloas (una especie de crepes tradicionales de Galicia) para entender que se les quiten las ganas de probarlas.

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Sucede que los señalados no son los únicos que se duchan poco o tienen hábitos poco salubres en la cocina. Lo de lavar las tazas poniéndolas un poco bajo el agua y sin usar estropajo con jabón se lo he visto hacer ayer a Carlos, pero muchas otras veces a Anita. Y sin poder hacer el censo de concursantes que se duchan a diario, podría asegurar que son varios los que se lo saltan algunas mañanas. Es peligroso entrar en esto porque ayer mismo vi a Carlos entrar a la ducha sobre las once de la noche y seguramente muchos ni lo vieron. Mucho me temo que algunos de los que le critican por falta de higiene no se han parado a pensar en cómo lo llevan ellos mismos.

Es lo que decía Esopo (de nuevo el de las fábulas) sobre las dos alforjas que llevamos todos encima. Una alforja delante y otra detrás, rebosando de defectos ambas. La de delante con los defectos ajenos, la de detrás con los propios. Así se da el caso de que no veamos nuestros propios defectos y sí los ajenos, siendo estos objeto de nuestros reproches. No nos damos cuenta de que las cosas criticables de los demás nos afectan mucho menos, mientras las nuestras suponen una pesada carga muchas veces. Por eso deberíamos preocuparnos más por lo nuestro, justo lo contrario de lo que hacemos con frecuencia. En la casa de Gran Hermano hay una tendencia natural a exagerar las cosas (digamos que se magnifican, término nunca usado), por lo que un descuido con el desodorante merece el comentario hiriente sobre la higiene. Juanpi Vega pedía a Cristina que no se le acercara tanto durante una discusión haciendo el gesto de que le molestaba el olor de su aliento. A todos nos huele mal a veces, pero no me cabe duda de que estaba exagerando para herir a esa compañera.

Que llevamos nuestros errores como una pesada carga está muy bien expresado en la parábola zen de los monjes y la mujer en el río. Dos monjes, uno viejo y otro joven, iban de regreso al monasterio. Ambos habían hecho voto de castidad, lo cual les prohibía tocar a cualquier mujer. Al llegar al río se encontraron con una mujer que, dado su caudal, no lo podía cruzar. El monje de más edad cargó a la mujer sobre sus hombros y, sin mediar palabra, la cruzó al otro lado. Luego, ambos monjes siguieron su camino y tras mantener silencio durante horas el joven no aguantó más su indignación, reprochando su actitud al otro. “Maestro, ¿cómo pudiste hacer eso?”, le dijo, añadiendo: “Sabes perfectamente que tenemos prohibido tocar mujer. ¡Has roto nuestros votos y has actuado mal!”.

El monje viejo miró a su compañero con compasión y respondió: “Yo dejé a esa mujer en la orilla del río hace tres horas, pero tú la llevas todavía cargada sobre tus hombros”. La moraleja es que en ocasiones criticamos con dureza el comportamiento de los demás porque nuestra mente está enfocada a ese “pecado”, llamémoslo error, más que la mente de la persona que lo cometió. El monje joven velaba por la pureza, pero lo impuro era su pensamiento, que no veía la forma de soltar la imagen de la mujer del río. Hay una frase popular más breve e igualmente descriptiva sobre esto: “El que lo huele, debajo lo tiene”. Por otra parte, en lo relativo a olores recuerdo casos en los que se ha hecho auténtica literatura de género fantástico y de terror sobre el mal olor de un compañero (pasó con Dayron Mojena, en GH 7), demostrándose más tarde como algo aún peor que una exageración: directamente era falso.

Le piden a Canales que cuide la higiene

Por lo menos con Canales tuvieron la deferencia de ir a decirle lo que habían estado criticando sobre su falta de higiene. No solo lo de la cuchara, también que salga a fumar y se meta en la cocina sin haberse lavado las manos antes. Fue Gloria González la portavoz, aunque la más crítica había sido Sandra Barrios. Lo que evitó decirle Gloria fue que no le han visto lavarse los dientes nunca o que debe ducharse con una mayor frecuencia. Igual si mete tanto el dedo en la llaga el bailarín la retira el saludo. No sé si considerar como una aceptación de la realidad que Canales no negase lo que Gloria le dijo. Tan solo afirmó que ya no ha vuelto a meter la cuchara o el cuchillo en la comida después de chuparlo, lo cual negaba después Sandra, afirmando que ayer mismo había visto como lo hacía.

Dejando los temas de olores o cuidado de la higiene, cuando dicen que Cristina busca el foco para ser protagonista me parece ver asomar algo de envidia. Entiendo que estén contrariados después de escuchar entusiastas aplausos desde plató acompañando a las palabras de esa compañera, mientras que en el mejor de los casos las de ellos van seguidas de un silencio sepulcral. El contraste es brutal, más incluso cuando en lugar de silencio se han escuchado pitos y abucheos. El público de las galas es tan poco representativo como en que llena una plaza de toros, pero como pasa con este se le hace mucho caso. En los toros el presidente puede decidir dar uno de los premios al torero si el respetable lo ha pedido dejando volar sus pañuelos. En Gran Hermano, los concursantes se consideran sentenciados cuando hay una respuesta negativa del público. Y envidian a aquel que merezca sus aplausos.

Critican por envidia muchas veces

La censura por ansiar cierto protagonismo es bastante absurda siempre y cuando no se trate de un caso extremo. No veo ese el caso de Cristina, cuyo protagonismo le ha venido dado. Han sido los demás quienes la han convertido en el personaje imprescindible de esta edición. También se lo ha ganado ella con un carácter explosivo, camaleónico y más inestable que un castillo de naipes. Como bien la ha descrito Belén Rodríguez, Cristina es hipnótica, de esos concursantes que uno no quiere dejar de ver nunca. Cuando alguien pretende criticar diciendo eso de “pues llévatela a casa” no se da cuenta de que a ninguno tendremos que soportarlo con tanta cercanía. Basta con disfrutar de su locura controlada mirando la ventanita del directo, en resúmenes o vídeos de las galas. Pero insisto en que esa censura es una expresión clara de la envidia o la frustración, cuando no de ambas cosas. De igual manera no dejan cocinar a Cristina porque temen que lo haga bien, como ella mismo decía ayer.

Ven en Cristina Piaget algo que les gustaría tener. ¿Cómo no le iba a pasar eso a Juanpi Vega? Es uno de los concursantes menos carismáticos que he visto nunca. Si no fuera poco con esto, da muestras de ser envidioso. Esto le genera, tanto a él como a otros, una tensión interna bastante incómoda. Para aliviar esa tensión el cerebro busca una salida rápida: criticar minimizando las cosas buenas y exagerando las malas. Cuando critican a esa compañera, o a Carlos, por querer llamar la atención, en el fondo están queriendo decir que les gustaría ser igualmente vistos o reconocidos. No digo que sea algo consciente o malintencionado, aunque pudiera ser así algunas veces. En todo caso, se trata de un mecanismo automático de defensa del ego.

Moleskine del gato

Les plantearon una miniprueba con la que podrían ganar comida. Tenían que hacer la ameba, es decir, andar por la casa juntos el número de habitantes que determinase en cada momento el ‘súper’. Es como hacer la conga todo el rato, no siempre con las personas que más te puede agradar. Las malas lenguas dicen que Carlos Lozano terminó palote al ir tan pegado a algunas de las mujeres de la casa. “Yo no me pongo palote, lo estoy siempre”, respondía el presentador. Les dieron por superada la miniprueba y eligieron dos de los tres bodegones, no sin antes quejarse un poco porque no todos preferían los mismos. Luego vendrían las quejas porque unos estaban comiendo más que otros. Nada nuevo bajo el sol.

Hoy tenemos una fiesta, con Jorge Javier Vázquez como maestro de ceremonias. No sé si le pasará lo mismo a mis lectores, pero yo cuando no hay gala de los martes llego al jueves como más ganas todavía. Esta noche resolveremos las dudas sobre quien es expulsado entre los cuatro que siguen nominados. A saber: Antonio Canales, Cristina Piaget, Sandra Barrios y Sonia Madoc. Igual que pasó la pasada semana, habrá una segunda expulsión tras una votación exprés en positivo. Después, volverán a nominar, esta vez con una mecánica especial que descuadrará cualquier estrategia.

Además, alguien conocido y temido por todos los concursantes visitará la casa con un gran poder y, sobre todo, muchas cuentas pendientes. Se me ocurre quién puede ser, pero prefiero no decirlo. Me gustaría que fuera lo que pienso, una exconcursante que no abandonó voluntariamente. Más pistas no voy a dar. ;)

[Todas las imágenes de este texto han sido capturadas por el autor]