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GH DÚO

El contenido que merecemos: sesión de tintes en el pelo

Hay días de tensión y luego están los días de peluquería eterna. Ayer el drama estuvo en el peróxido, los fallidos reflejos y un cuarto de baño convertido en salón low cost.

Manuel tras ocho intensas horas de peluquería
Manuel tras ocho intensas horas de peluquería. telecinco.es

Analizar ‘realities’ es para el gato tan satisfactorio como formar parte de ellos para sus concursantes. El placer de ver frente al de ser visto.

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Ahora sí nos están dando Manuel y Gloria González, Juanpi Vega y Anita Williams el contenido que merecemos. Empezaron hacia el mediodía y a las siete seguían decolorando y dando tinte en el pelo de Manuel y Juanpi. En el grupo faltaba Sandra Barrios, que unos ratos estaba con ellos mirando, igual que lo hizo Carlos Lozano en ocasiones. Mientras tanto, Cristina Piaget tenía el resto de la casa para ella y, después de muchos días, sin liarla en ningún momento. La larga sesión de peluquería es lo menos malo que podíamos ver ayer después de la tensión vista en los vídeos de la gala del domingo. Y eso que no lo vimos todo.

“No pusieron cuando decía que iba a partirle los dientes. Lo de fuera fue peor”, le decía Manuel a Juanpi, que coincidía en la valoración de su compañero. Pues claro que no pusieron todo, porque algunas cosas no se pueden emitir. El pelo es lo que menos necesitan blanquear, algo válido para los que se dejaron hacer y las que lo hicieron. Una vez terminada la primera sesión de peróxido y papel de aluminio parecían pollitos amarillos, por lo que blanquearon una vez más. Al final pensaban que estaban poniendo tinte rosa, pero eran tan solo reflejos, con lo que el resultado es horroroso. No tanto como el concurso del grupo que pasó la mayor parte del día en el cuarto de baño. Me preocupa que Anita durmiera tan poco ayer.

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Una nueva Cristina

Cristina se ha propuesto dar un giro a su vida en la casa de Tres Cantos y no volver a caer en provocaciones. Incluso pretende no gritar más a Carlos para que esté no se lo pueda reprochar. No negaré que los propósitos son buenos. Tan buenos como difíciles de conseguir. La cabra tira al monte (no sé si pedir disculpas a Cristina o a las cabras) y topa con una sibilina técnica de expertos en la provocación. Si lo consigue merecerá mi reconocimiento. Hizo bien en no acercarse al grupo y solo vimos un conato de provocación a primera hora (para ellos es a mediodía), cuando Manuel preguntaba por qué no le nominó el domingo. Y a ti que te importa, hubiera contestado yo. Pero la nueva Cristina se limitó a decir “ahora no quiero hablar de eso”. También aplazó una conversación pendiente con Carlos y, si soy sincero, no sé si terminaron teniéndola.

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Sí sé que Carlos y Cristina prepararon la cena para ellos dos y cenaron juntos. Durante el día, la tensión entre ellos fue bajando, también en esto se ve que la cabra tira al monte. Decía al aire Cristina que Carlos es muy falso, pero lo mismo se podría decir de ella. Ambos cambian en las galas y según se van acercando, especialmente si es jueves de nominaciones. Confirmo que Carlos es falso cuando dice que sus rivales en la casa son buenos chicos o lo es cuando afirma que son todos unos impresentables y no quiere saber nada de ellos. Las dos cosas no son posibles y tampoco estamos ante el caso de alguien que cambia de opinión porque va oscilando entre una postura y otra. ¿Cuál es el Carlos Lozano auténtico?

Tampoco sé si la Cristina Piaget de verdad es esa que casi pierde la cabeza ante la enésima provocación de un Antonio Canales que golpea a escasos centímetros de su cara una sartén con un cuchillo. O bien la que lloraba tras su expulsión del domingo y afirmaba que era un genio, una persona increíble con quien ha tenido el honor de compartir este mes largo. Llorar cuando se va quien ha sido uno de sus principales verdugos parece poco coherente y sugiere que necesita centrarse un poco y recuperar su sentido común. Todos lo tenemos, aunque a veces ande guardado, durmiendo el sueño de los justos. Puede ser bueno para nuestra tranquilidad de espíritu, pero malo para nuestra imagen de cara a los demás. Y el concursante de Gran Hermano depende de esa imagen.

Carlos Lozano y Cristina Piaget en la última fiesta

La ambivalencia afectiva de Carlos Lozano y Cristina Piaget

Esta ambivalencia afectiva que demuestran tener Carlos y Cristina se puede analizar desde el punto de vista humano. No estoy aquí para patologizar actitudes porque no soy ni médico ni psicólogo. Pero el sentido común me dice que cuando Cristina se emociona por la ausencia de Canales está pasando de ser la persona que sufrió por su culpa a ser quien se vinculó con él y ahora solo recuerda los buenos momentos vividos. No es inestable por tener distintas emociones en situaciones diferentes. Tampoco tiene que ver con el síndrome de Estocolmo, donde la víctima desarrolla un vínculo como mecanismo de supervivencia. No es el caso.

En esa casa el concursante no tiene escapatoria, ni distracciones. No pueden evadirse mirando TikTok (por poner un ejemplo). Esto hipertrofia los vínculos y, a menudo, la persona que más daño hace a otra es también con quien más interactúa, es decir, con quien más carga emocional acumula. Esa emoción que acompaña la ausencia del expulsado no es tanto por la persona como por el vacío repentino, más cuando no había sido anunciada previamente la expulsión. Esto provoca un cambio brusco de equilibrio emocional y las lágrimas son una forma de descargar tensión.

El llanto es en este caso una vía para liberar el estrés, descargar fatiga emocional y cerrar una etapa intensa. Lejos de querer blanquear a nadie, que ya lo intentan ellos con el color de sus cabellos, lo que pretendo decir es que muchas veces el conflicto une más que la calma, y el rival más complicado se convierte en referente emocional. También sucede que algunos concursantes pueden quedarse sin tramas cuando desaparece su némesis. Aunque no sean conscientes de ello, su subconsciente sí está al tanto. No son allí las cosas tan diferentes que en la vida normal, solo que están rodeados de cámaras y eso lo amplifica todo.

Cristina Piaget come sola

He visto llorar a Carlos Lozano, aunque recientemente ha sido por sentimientos hacia personas que no están en la casa, como es el caso de su hija Luna. Antes de eso, la primera semana de concurso, lloraba en la sala de confesiones al empatizar con Cristina. Las dificultades empezaron ya entonces, con la mayoría de la casa enfrentada brutalmente a Cristina por haber cometido algún fallo de prueba. Reacción desproporcionada hasta llegar al disparate. Me creí las lágrimas de Carlos entonces. Aunque bien sabemos que ellos son conscientes de hasta qué punto el llanto los humaniza. La paginita de la lágrima vende mucho, y aprovechan para mezclar sentimientos y reacciones reales con lo que es simplemente un show.

Carlos está jugando bien. Cuando digo que se quiere forjar una imagen de la mejor persona sobre el faz de la tierra no estoy haciendo una crítica. Si no lo consigue quedará en la retina del espectador una imagen patética del concursante. Por el contrario, si su intento es exitoso puede tener la recompensa de convertirse en el ganador. A ratos me despierta rechazo que Carlos sea tan transparente y deje ver con tanta facilidad su estrategia en el juego. Luego lo compensa su personalidad, el indudable encanto que atesora y ese poso de truhan conquistador capaz de meterse a la audiencia en el bolsillo. Y siempre haciendo un limitado esfuerzo. Con Cristina me pasa igual, a veces me fascina y quedo atrapado por su potente imán. Pero me repatea verla perdiendo enteros y dejando olvidada su integridad. Ellos, como todos, deben intentar que las relaciones no se deterioren tanto como sucedió hasta ahora. Pero me repatea verlos abrazados a sus enemigos, sea Cristina Piaget con Raquel Salazar o Carlos Lozano con Manuel González. No puedo evitarlo.

¿Se equivocó Cristina Piaget con sus nominaciones?

Hablaban los pollitos Manuel y Juanpi sobre las nominaciones del domingo y este último opinaba que Cristina se equivocó con sus votos. Por tanto, Carlos también, dado que repitió lo elegido por su compañera para asegurarse la subida a la palestra de alguien con ellos, según dijo. No era necesario, porque necesitándose un mínimo de cuatro nominados siempre subiría alguien. No solo uno de sus enemigos, sino dos. Manuel no coincidía con Juanpi en que Cristina y Carlos se equivocaran. Por otra parte, curioso me parece que hablaran de esto los dos habitantes de la casa que se libraron de esta nominación.

Votos en las nominaciones del domingo

No hay opción a error en las últimas nominaciones. Estando las cosas como están, el grupo de las tentaciones sumaban 25 puntos entre sus votos de tres y de dos puntos. 30 en total. Por tanto, podían subir a Cristina y Carlos con 13 y 12 votos (como sucedió), 14 y 11 o 15 y 10. En cualquiera de los casos hubieran quedado ambos nominados. El poder en manos de Cristina y Carlos era elegir a quienes subían junto a ellos. Con su nominación, Cristina decidió que los acompañasen Sandra, Anita y Gloria. Este última porque Juanpi y ella habían recibido de su propio grupo dos votos cada uno. ¿Había otras opciones? Sí, pero no eran necesariamente mejores.

Imagino que si hubiera nominado antes Carlos o en el caso de poder hablar entre ellos previamente para ponerse de acuerdo, le hubiera metido 3 puntos a Manuel, 2 a Gloria y 1 a Anita. Dudo si podría ser 2 a Anita y 1 a Gloria, de igual manera tengo claro que no habría nominado a Sandra, su ojito derecho, ni a Juanpi. De haber sido esta la nominación de los dos estarían junto a ellos en la palestra solamente Manuel y Gloria. Un nominado menos y semejante división del voto entre los hermanos. Volviendo a la realidad, tenemos división de votos entre Gloria y Anita, lo cual podría hacer peligrar a Cristina.

Moleskine del gato

La polémica de la semana es sobre si los “lozanistas” (seguidores que apoyan a Carlos Lozano) están votando contra Cristina aunque lo oculten públicamente diciendo que le están dando sus votos a Anita. La guerra civil entre seguidores acérrimos del formato está servida. También la amenaza, que se sustancia ahora mismo en que los “cristinistas” (seguidores de Cristina Piaget) se vengarían impidiendo que Carlos llegase a la final. Ahora mismo están las cosas más calmadas en la casa que fuera.

[Todas las imágenes de este texto han sido capturadas por el autor]