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GH DÚO

La ficción se confunde con la realidad

La ficción no está solo en la prueba semanal, es una forma de habitar la casa. Cuando el juego se alarga, la realidad empieza a parecer un decorado y lo de fuera deja de ser prioritario.

Grabando la serie ‘Matrículas de amor’
Grabando la serie ‘Matrículas de amor’. telecinco.es

Analizar ‘realities’ es para el gato tan satisfactorio como formar parte de ellos para sus concursantes. El placer de ver frente al de ser visto.

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Empezó la nueva prueba en la que tienen que ir grabando episodios de una serie de ficción ambientada en un colegio (GH 3 Cantos) repleto de ninis que solo piensan en liarse entre ellos, siendo uno de ellos repetidor (Manu González, más concretamente). Digo que es una ficción porque en eso consiste la prueba, pero para mí tengo que coincide muy mucho con la realidad. Carlos Lozano es profesor y Cristina Piaget la directora del colegio, aunque al final se descubre que se trata de una asesina en serie, o algo similar creí entender. Los dos más veteranos y con experiencia en la interpretación se reservan los papeles más lucidos. No en vano Cristina ha hecho de monja asesina en una película y Carlos sale en una de Almodóvar.

La realidad y la ficción se entrecruzan en Gran Hermano hasta llegar a confundir al concursante, que en algún momento considera la experiencia como algo no del todo real, aunque objetivamente lo sea. Viven meses aislados, sin referencias normales (móvil, redes sociales, noticias y sus rutinas). Todo está controlado y les rodean cámaras, todo lo cual genera una sensación de “mundo paralelo”. Hay quien considera que el objetivo es dar una apariencia de realidad, lo cual sirve para el espectador, pero no para los protagonistas. Lo más llamativo de esta apreciación de realidad paralela se produce cuando comienzan a priorizar su vida de dentro de la casa sobre la de fuera, en una especie de particular carpe diem.

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Mesa italiana de ensayo del guion

“Todo se magnifica”

La sensación de irrealidad hace que en ocasiones caigan en la tentación de actuar o construirse un personaje para sobrevivir socialmente. Podría suceder que pasado un tiempo ese personaje se comiera a la persona real, cosa que nunca sucede. Y es porque no se puede mantener el personaje todo el rato, aflorando la realidad antes o después. Ahí dentro tienen una distorsión del tiempo real. Recordemos que no disponen de un reloj y solo controlan a veces el tiempo transcurrido por medio del temporizador del horno, que nunca marca la hora real. Por otro lado, aunque nunca vean al público saben que está ahí, y ellos dentro de una competición donde hay favoritos, lo cual refuerza la sensación de estar dentro de una narrativa, no de la realidad normal.

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Todo lo anterior contribuye a hacer que una discusión mínima parezca un drama enorme. Las emociones se viven hiperintensificadas (la clásica frase de “aquí se magnifica todo”), lo cual también ayuda a que tengan la sensación de vivir dentro de una serie. A salir, muchos concursantes sienten cierta despersonalización. Todo les parece “más pequeño” o “menos intenso” y tardan semanas (incluso meses) en volver a sentirse ellos mismos. El choque es tan grande que algunas veces necesitan asistencia psicológica, más aún cuando una vez fuera descubren que se han convertido en personajes populares y sienten la presión de una masa de seguidores que reclaman su atención.

Me lo contaba hace años Indhira Galvani (GH 11), que hubo de sufrir ese ciclón de la fama y pasó mucho tiempo sin ser dueña de su vida, manejada por un fandom que da mucho, pero nunca a cambio de nada. El contraste a la salida de la casa es fuerte porque ahí dentro todo importa, se comenta hasta el detalle más nimio, generando cualquier cosa una reacción. El cerebro se acostumbra a vivir una estimulación constante. Son conscientes de que hay mucha gente mirándolos, pendientes de sus actos y opinando sobre ellos. Esto genera una descarga brutal de dopamina (placer) y la sensación de ser alguien importante. Adoptan roles como el del gracioso, la intensa o el estratega, volviendo a tener una vez fuera identidades simples en el entorno de su familia, su trabajo y su ocio.

Cristina Piaget da y pide disculpas a Sandra Barrios

En resumen, cuando confunden su vida con una ficción no están fingiendo, sino que el cerebro se adapta a un contexto extremo. La experiencia es real, pero se vive como si fuera una ficción porque, bien mirado, no se parece nada la vida real, aunque sea tan semejante a esta. Necesitan recalibrar su cerebro para adaptarse a una vida en la que casi todo es intenso, están siendo observados y las consecuencias de lo más nimio puede ser enormes. Y luego van a requerir recalibrar de nuevo para adaptarse a una vida rutinaria donde nadie les observa, diría incluso al silencio o el vacío. No en vano cuentan siempre que echan de menos el ‘confe’, la voz “amiga” del ‘súper’ y hasta ponerse el micro nada más levantarse.

Difíciles disculpas

Disculparse puede ser fácil o una tarea llena de obstáculos y trampas. Cristina Piaget llamo “zo***” a Sandra Barrios, insulto por el que quiso disculparse ayer. A Cristina le había molestado que Sandra la delatara por haber cogido un dulce de la suite (que esta noche cerrará sus puertas para siempre), lo cual no puede jamás justificar que se diga algo tan feo, menos de una mujer a otra. Además, erró el tiro porque la acusó de haber robado también comida de la suite, cosa que si fuera verdad lo hubiera negado, como así hizo. Luego sacó Cristina lo de las medicinas y Sandra negó haber revelado la medicación que toma. “Yo dije que si querías hablar de pastillas podía hacerlo y empecé a decir nombres de medicamentos”, afirmó Sandra tomándonos a todos por tontos.

A estas alturas ya se vio que las disculpas no iban por el mejor camino posible. “No me refería a ti”, dijo con descaro Sandra, a lo que Cristina contestaba: “Dices que no te referías a mí, pero todo el mundo sabe que sí”. Tiras y aflojas que terminaron cuando Sandra también se disculpó. De alguna manera, Cristina pedía el peaje de una disculpa tras la suya propia. La cosa terminó peor de lo que había empezado, con Sandra diciendo que no iba a dar el gusto a su compañera de volver a discutir con ella y marchándose airada. Ojalá cumpliera su promesa de no volver a discutir con Cristina, pero sería una tontería fiarse de esto.

El enfado de Cristina con Anita al descubrir lo que ha dicho a Sandra de ella a sus espaldas: "Me das miedo"
El enfado de Cristina con Anita al descubrir lo que ha dicho a Sandra de ella a sus espaldas: "Me das miedo"

Cristina piensa que Sandra estaba poco receptiva a sus disculpas porque Anita Williams le había transmitido lo que ella le contó. En opinión de Anita no fue por eso, sino porque después de excusarse le exigiera que hiciera ella lo mismo. Podemos concluir que las dos cosas son igualmente ciertas. También que Cristina ha constatado de nuevo algo cada vez más evidente: Anita es la mano que mece la cuna. En este caso, ha servido de obstáculo para que se dieran la mano dos concursantes. Ella tiene bien claro que el conflicto ajeno la beneficia, y aplica el refranero castellano cuando dice eso de que “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Confirmo que se le está dando muy bien la pesca.

A Cristina Piaget le da miedo Anita Williams

“No quiero hablar más contigo, me das miedo, cada cosa que te cuento vas y lo dices por ahí”, decía Cristina alterada ma non troppo, como las sinfonías. Es decir, no se cabreó tanto como antes. Es la única enseñanza interesante que se puede sacar de este episodio. Que a Cristina le da miedo Anita ya lo sabemos porque ella misma lo ha expresado con anterioridad. Ahora bien, algo que habría ocasionado un enfado monumental, con Cristina fuera de sí y perdiendo el control con tanta facilidad como las maneras, ahora se solventa con un pequeño exabrupto, enfado de baja intensidad. Personalmente, felicito a Cristina por su evolución.

Con todo, por mucho que Cristina vaya moderando sus reacciones, sigue conviviendo con el rechazo frontal e inflexible de toda la casa, salvo Carlos. Al menos el que le pone buena cara y mira por su bien, no tanto el que ante los enemigos de ambos pone a Cristina a los pies de los caballos con la explicación de que dice la verdad a unos y a otros. Sincerarse con el enemigo es dar demasiadas paletadas cavando la propia tumba. La animadversión no cesará jamás, de modo que solo ella evoluciona. Ayer recuperaba el2 proyecto de hacer lentejas y se lo quisieron quitar de la cabeza porque no se fían de lo que pueda echar a la cazuela. No ceden ni un paso en su política de hostigamiento, manteniendo el gesto adulto y desabrido cuando hablan con o de Cristina Piaget.

Carlos Lozano cura una herida en la barbilla a Cristina Piaget

Moleskine del gato

Esta noche tenemos una fiesta. También un juicio, porque llegará a la casa el ‘magistrado’ Pedro Chamorro, habitual en las últimas ediciones. La audiencia, como de costumbre, podrá dictar sentencia y decidir el veredicto de inocente o culpable. Pero el plato fuerte de la noche será otra vez la expulsión. Sería bonito que hubiera un duelo entre Cristina y Anita, resultando expulsada esta última. Además, volverán a nominar, pero de manera no tan convencional. Y, como ya he adelantado, se cerrará definitivamente la suite.

Como estará en plató Antonio Canales siento la necesidad de que sea preguntado por la zancadilla que le puso a Cristina el jueves pasado. El vídeo ha dado la vuelta en redes sociales, y nada me gustaría más que lo pudiera ver para explicar cómo se puede ser así y diga si no siente ni siquiera un poquito de vergüenza.

Por la mañana vi a Carlos Lozano curando la herida que tiene Cristina Piaget desde hace unos días en la barbilla, según ella misma por culpa de su torpeza. La delicadeza con la que le aplicaba el desinfectante me hizo desear que se detuviera el tiempo para fijar este recuerdo de la relación entre los dos grandes protagonistas de esta edición.

[Todas las imágenes de este texto han sido capturadas por el autor]