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Segovia es pura fantasía en las calles...y en los platos

Si Segovia siempre es mágica, estos días mucho más. Se celebra Titirimundi, convertido en muy poco tiempo, en el mejor festival de títeres y marionetas del mundo.
 
 
Te asalta la fantasía a cada esquina, los patios, las plazas son escenarios para volver a ser niño por unos minutos. Ver a los pequeños con los ojos poblados de asombros varios es reconciliarte con la inocencia perdida. Tuve la inmensa fortuna de ver a “El Circo de las Pulgas” del extraordinario titiritero francés Dominique Kerignard. ¡Que hermoso espectáculo!
 
 
Segovia me fascina. Es otro de mis lugares recurrentes. Son muchos años acudiendo como en procesión a aromatizarte con los excelsos cochinillos de mis buenos amigos, José Maria, Cándido y Duque que han dignificado, desde la calidad que atesoran sus productos, y dado carácter y personalidad a la gastronomía segoviana. Me honra tenerles como amigos. Son incontables los buenos momentos que me han dado, además de honrarme con el título de “Caballero de la Órden del Cochinillo de Segovia”.  En esta ocasión, elevado por la fantasía del mágico universo de los títeres decidí visitar a otro gran amigo, el chef Julio Reoyo, que desde hace unos años ha emprendido una apasionante y difícil aventura gastronómica en Segovia. Su casa y la vuestra se llama “Villena” (Plaza Mayor, 10, 921-461742).
 
 
Julio es de los más brillantes cocineros que conozco. Y además es tremendamente discreto, lo que díce mucho más todavía a su favor, en estos tiempos de cocineros mediáticos. No le gusta figurar. Lo suyo es la cocina y ahí es donde se siente bien. Le conocí en “El Chapín de la reina” en Chapineria, muy cerca de Madrid, le seguí en el restaurante de su pueblo, Colmenar de Oreja, en “El Mesón de Doña Filo” y tenía pendiente visitar su último proyecto segoviano. Tal y como me imaginaba, no me defraudo. Os invitó a ver los platos, que lo dicen todo de sus profesionales y creativas maneras. El atentísimo sumiller, Antonio Calvillo, profundo conocedor de los vinos españoles nos deleitó, además de por su gran amabilidad, con dos soberbios vinos segovianos, un blanco de Nieva, se llama 921, es de Rueda, 100% verdejo y lo elabora la bodega Ossian, la más deslumbrante de toda la DO Rueda. El tinto fue un Ribera del Duero,  el Mogar Vendñimia Seleccionada 2.005. El entrante fue un salmorejo con “encurtidos (aceitunas, ajo, alcaparra y pepinillo)
 
 
 
A continuación probé un original y sabroso escabeche tibio de perrochicos con trigo verde
 
 
Me encantó la ensalada de quesos y frutos frescos. Había quesos tiernos de oveja del Valle del Tietar y quesos foráneos como el siempre sugerente Camembert.
 
 
El festín continuaba, con la precisión del espectáculo de las marionetas. Todo era ritmo, color y fantasía, muchas dosis de fantasía enmascaradas en mil sabores. Inolvidable la combinación de verduras con bogavante.
 
 
Julio, nunca se aleja de los sabores de su infancia ni de la tierra que le aloja. Por eso no podían faltar los judiones con perdiz. Deliciosos.
 
 
El pescado fue una jugosa y fresca corvina con lombarda y gazpachuelo
 
 
El explosivo final fue una tiernísima carrillera de ternera con patata y trocitos de manzana verde.
 
 
¡Dios te guarde muchos años querido Julio!. Atrevido, audaz y perfecto…..sobre todo honestamente perfecto. No os defraudará nunca.