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Dedicado a una amazona desconocida

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Cuando estéis leyendo este post ya andaré poniéndome y quitándome ropa.
No es precisamente lo que más me gusta hacer en este mundo.
En esos momentos Mayte Méndez de Vigo ya ha aprendido a contar hasta diez y yo a no precipitar mis juicios sobre la ropa que me propone. Cuando me leáis me estarán haciendo falta muchos kilos de la serenidad que esta foto me transmite cuando os escribo.
Hoy me he acordado de ella en pleno monte. La sierra de Madrid es el mejor sitio que conozco cerca de esta ciudad para aplacar los nervios que ya me acompañan. Aunque parezca mentira cada año cuando se acerca GH, y ya llevamos unos cuantos..., aparecen los miedos y me defiendo subiendo al monte.
Esta mañana, mientras caminaba, me ha parecido escuchar detrás de mi la respiración de un caballo en pleno silencio sobrecogedor de las montañas. Iba despacio, casi como yo. Lo montaba una chica joven y lo hacía con total tranquilidad y absoluto dominio. "Eres la mujer más feliz del mundo en este momento, no?"Le he dicho cuando ha pasado junto a mí. Éramos dos mujeres felices. Feliz ella sobre su montura y feliz yo en el polvo del camino. El día ha sido glorioso. Ayer llovió por aquí y lo limpió todo. Un sueño.
Me ha propuesto animarme a montar en otra ocasión pero mucho tengo yo que cambiar para superar el miedo que me dan esos animales tan imponentes. Envidio a los que los dominan, a los que los disfrutan galopándolos, a los que los cuidan y los quieren; pero no he logrado quitarme el terror que se metió en mi cuerpo cuando de pequeña un caballo se me desbocó llevándome en lo alto. Ya sé que sería mejor intentarlo de nuevo pero... ¡hay tantas cosas por hacer!
Mientras andaba por el monte me ha dado por pensar en esos movimientos que hacemos a diario sin valorarlos y que se convierten en luchas titánicas cuando un accidente te los reduce. Rascarme la nariz, hacerme la coleta, abrocharme el sujetador, peinarme, sujetar el manillar de mi bici, darme la vuelta en la cama sin pensar, escurrirme el pelo en la ducha, ponerme crema en la espalda, abrir un tarro de mermelada, desmenuzar cualquier alimento con el tenedor que no con el cuchillo.
Esa podría ser una lista que muchos de vosotros identifiquéis o hayáis sufrido y que no tiene la menor importancia porque cuando ese brazo accidentado se recupere volverá la normalidad.
Pero ¿qué me decís si todos esos movimientos a los que nunca les damos importancia se van perdiendo para siempre? Eso iba yo pensando mientras valoraba los que sí podía hacer: andar, saltar una raíz del camino, oler un romero, mirar los picos de los montes, ver el cielo azul rabioso, sentarme en una piedra y escuchar el silencio, tropezar y recuperarme sin hacerme daño, beber toda el agua que necesitaba ó incluso cantar todo lo alto que quería...
Al llegar a la salida he bendecido cien veces a los españoles que pusieron en marcha los parques nacionales y regionales. He agradecido en mi mente a tod@s l@s que hoy por hoy hacen posible que esas cientos de miles de hectáreas protegidas estén, por lo general, tan bien cuidadas.
Hoy Lunes 8 de Septiembre much@s estaréis volviendo al trabajo y algun@s os encontraréis con sorpresas que os cambiarán la vida. Ojalá no le pase a nadie en nuestro Bolo. Mucha fuerza a tod@s!
La foto se la dedico a la chica desconocida del caballo porque creo que no me equivoco si digo que ella sí sabe lo que es la vida.
Esos caballos negros de Menorca daban la espalda a una casa en silencio mientras comían tranquilos, serenos, el pienso del día. Esa foto va por ti aunque nunca lo llegues a saber.
A mí al mediodía me espera una sorpresa de las buenas. Comeré con gente que quiero y que vosotros conocéis; incluso conocéis muy bien. Haremos memoria y risas. Espero que mi jefa sea generosa y os permita compartir...