Nuestra península

telecinco.es 19/06/2011 13:47

Sin movernos de nuestro país podemos conocer lugares inolvidables. Eso sí, hay que esforzarse.

Hay gente que prefiere pasar sus vacaciones, los que tengan la suerte de tenerlas, sin levantar el culo de un asiento. Hay gente que no puede entender que a algunos nos resulte imprescindible el deporte para descansar de verdad.

Ya sabéis, los que vais teniendo trienios en este Bolo, que es mi caso y que sin deporte me resulta muy difícil vivir. Por lo tanto, mi recomendación para este verano va unida a un cierto esfuerzo; ese esfuerzo que regenera las endorfinas: esas sustancias tan potentes que produce nuestro cuerpo, descubiertas hace nada (1975), para lograr un equilibrio físico y mental, para acariciar la felicidad. Solo los que hacéis deporte sabéis cómo nos sentimos cuando bajamos de la bici, sudados y cansados y, tras hacer bien los estiramientos imprescindibles, nos damos una ducha y tocamos el cielo con los dedos. Es tal cual, no exagero nada y lo sabéis.

Hacer bicicleta es una opción muy buena para las vacaciones porque puedes escoger todos los niveles de dificultad. A mí me gustaría formar parte de los que suben y bajan varios puertos, de esos que suman más de 200 kilómetros diarios, de los que tienen músculos de acero y un corazón a prueba del máximo esfuerzo pero...no es el caso. Mi nivel es bajo y mi propuesta es mucho menos exigente.

Descubrí las Vías Verdes hace unos años y ellas van a ser las protagonistas de mi elección. Las VV recorren España y llegan hasta rincones que en su día fueron abandonados y que han logrado regenerarse para ofrecer en la actualidad una naturaleza impecable.

Sabido es que los trenes no pueden subir cuestas: eso significa que los caminos en que se han convertido miles de kilómetros de trenes de vía estrecha que dejaron de funcionar, son el recorrido más fácil y agradable para los que quieren cansarse, hacer trabajar el corazón, oxigenar los músculos y realizar un ejercicio aeróbico de máxima calidad.

Una bicicleta, una mochila, un casco, guantes y agua. Evitar la solana, descansar por la mañana tras un buen desayuno en una casa rural de las que han salido al calor de estas VV, leer un rato y sin prisas coger la bici y ¡a disfrutar! Al volver seréis otros, al volver os acordaréis de mí y agradeceréis esta recomendación que aquí os dejo.

La foto me la hicieron ayer. La tarde de ayer Sábado en la sierra de Madrid era sencillamente perfecta para hacer un largo recorrido por caminos de soledad y silencio. Miles de flores de colores. Cientos de olores a campo y mucha agua: eso fue lo que encontramos en una zona de España que me gusta muchísimo y que ofrece continuas sorpresas. Hoy, mientras os escribo este post, disfruto del cansancio de esa bici que atraviesa un riachuelo y mi cuerpo agradece que le metiera tralla; los que lo hacéis sabéis de lo que hablo, no necesito explicar más.

Pero no me olvidaré de Menorca. Menorca, mi isla, mi paraíso. Hace muchos años mi tío Alfonso Milá me llevó un Agosto a una isla del Mediterráneo que no conocía: Menorca. Nunca más he dejado de escaparme a ese rincón mágico.

La foto que os pongo la hice el año pasado en uno de los cientos de lugares maravillosos que ofrece el conocido camí de cavalls, ese camino estrecho que rodea la Isla y que gracias al esfuerzo y tesón de un grupo de gente, se ha logrado recuperar en su totalidad, o casi. Esta casita, caseta de vorera, de orilla, es una de tantas que se han mantenido en el litoral tras años de conservarlas y cuidarlas con amor, sus dueños.

El año pasado, en Mahón y Ciudadela, pudimos disfrutar de una exposición que organizó la obra cultural de Sa Nostra y así percatarnos del patrimonio extraordinario que significan. Suelen estar en rincones perdidos, casitas que salvaban la vida de pescadores, casitas pequeñas, que cuentan con muy poco pero lo tienen todo y son de una belleza que emociona.

Si vais a Menorca, cosa que os recomiendo mal que me pese porque me gustaría, como a todos los que la hemos descubierto que nunca cambiara y que jamás llegara a ser un centro turístico masificado; si vais a mi isla, no dejéis de buscar estos rincones. El Consell Insular ha editado interesantes folletos y guías para ayudaros a encontrarlas. Tendréis que esforzaros pero recordad: el premio es inmenso y lo es mayor aún allí porque cuando estéis sudando y creáis que no aguantáis más el calor, tendréis una playa para vosotros solos y jamás olvidaréis esas aguas limpias y frescas.

Bicicletas en las Vías Verdes y bicicletas y senderos en Menorca: esas son mis propuestas para este verano, sin ir más lejos.