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Iniesta es España y España es una (¿gran?) exageración de la normalidad

quelle fiestatelecinco.es
A Iniesta la euforia le dura un pase interior, una pared rápida con Jordi Alba o un abrazo con Eric Abidal después de terminar un partido contra Turquía. Lo demás, como que no le dice gran cosa. Y en esa aburrida normalidad de un hombre extremadamente cotidiano nos hemos quedado a vivir todos aquí en Francia e, imagino, allí en España.

Para el manchego, que le pidan en pleno partido un 'Balón de Oro' o una rotonda en Fuentealbilla viene siendo lo mismo. Le da exactamente igual. Como en los concursos de la tele, él sólo va a jugar y, cada vez que se la juega en el césped, España saca petróleo. Van dos de dos exhibiciones y, a estas horas, la selección de Del Bosque cotiza al alza en el mercado internacional.
Y aquí queríamos llegar. En Niza, después de terminado el partido, daba la sensación entre la prensa y los aficionados españoles de que España ya había ganado su tercera Eurocopa consecutiva, la última de ellas,ésta, por primera vez conseguida en el segundo partido del campeonato. Que si el toque, que si las sensaciones, que si el recuerdo de la vieja Roja... Ya sabéis, lo de siempre. A los que somos del Atleti esto de subir y bajar rápido de las nubes no nos pilla por sopresa, pero no sé al resto. Por suerte la cosa toma cierto peso cuando te haces con un periódico local y ves en la portada la foto de Nolito -quién iba a decirlo- junto la palabra fiesta. Ahí sí, comprendes que algo grande debe estar gestándose. Aquí, como allí, se empieza a comprender que España, el equipo que todos conocimos en 2008, ha vuelto modificando tan sólo tres grandes piezas: la portería (De Gea) y dos atacantes (Nolito y Morata). 
el retorno
Cambiar cosas para que nada cambie. Algo tan clásico como esto y que ningún otro jugador lo representa mejor que Andrés Iniesta. El del Barça lleva jugando igual toda la vida y a sus 32 empieza a ser clamor una reclamación de hace seis años. El caso es que, como en las películas de antihéroes, creo que empieza a vender más que no gane nunca el Balón de Oro. Que se quede ahí, en el limbo de los trinches karlovichs, de los jugadores que serán más grandes con el paso de los años porque todos exageraremos sus gestas. Ese será su premio. La exageración que ya hoy empieza a vislumbrarse en todo el continente. La hipérbole de la normalidad. Andrés Iniesta.