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Elizabeth Fritzl, una chica normal

"Después del examen (..) me voy a vivir con mi hermana y su amigo. (..) Ellos no pueden pagar solos el apartamento. Para mí es muy accesible. Tengo dos habitaciones para mí sola y sólo pago 1.200 (chelines, unos 87 euros)", escribió Elizabeth el 9 de mayo de 1984.
Unas semanas más tarde, cuenta sus planes de ir a buscar trabajo a la localidad austriaca de Traun, tras haber escogido de la prensa diversos anuncios.
"El lunes voy a Traun. Copié del diario todas los puestos libres de trabajo y ahora tengo que verlos uno a uno. Ojalá encuentre lo adecuado. ¡Deséame suerte!", se lee en la segunda carta, donde entre otros cosas cuenta a su amigo que "podría trabajar como asistente de dentista" o también como "ayudante de cocina" en un restaurante.
Las cartas revelan que Elizabeth era una chica "normal", que le gustaba salir con sus amigos y hermanos. "Yo tengo seis hermanos, cuatro chicas y dos varones. Mi hermano Harald, de 21 años, es a quien más quiero. Siempre estoy con él. Sólo que ahora está en el servicio militar hasta octubre", dice la segunda carta.
En la tercera misiva, escrita el 3 de agosto de 1984 -sólo tres semanas antes de que empezara su penoso cautiverio de 24 años impuesto por su padre- vuelve a expresar su cariño por su hermano Harald.
"De mi hermano, que tiene 21 años, estoy muy orgullosa. Conozco sus problemas y él, los míos. Nunca permitiría que le pasara nada. ¿Tú también te entiendes con tus hermanos? Espero que sí", dice entonces Elisabeth en estos escritos. "En realidad me va bien. Sólo a veces tengo todavía dolores", relata su estado aparentemente tras una enfermedad, mientras que otras veces cuenta de fiestas del fin de semana y otras diversiones en su tiempo libre.
"Voy a nadar, a jugar tenis, también al fútbol. Me gusta escuchar música y soñar sin hacer nada. Pero si la vida sólo consistiera de sueños, pues no sé... Y luego no debo olvidar salir por ahí. En realidad, es lo que más me gusta", escribe.
Elizabeth no pudo soñar más, tras 24 años de pesadilla que, sin duda, la han cambiado. Cuando acabó su calvario supimos que quería contar a la justicia lo vivido. Eso le iba ayudar a recuperar el equilibrio psicológico, aunque, pese a su extraordinaria fuerza mental, no quiere volver a ver a su padre nunca más. Por eso su testimonio fue recogido en video, grabado en lugar secreto y custodiado en el juzgado. El delicado interrogatorio se adaptó al ritmo emocional y físico de la mujer, visiblemente avejentada por las torturas. Nada ha trascendido de su testimonio: 11 horas de grabación que el jurado tendrá que ver por partes dado la intensidad de lo descrito
Las cartas
Con una carta empezó y una carta Elizabeth se puso en contacto con el mundo para agradecer las muestras de cariño recibidas (en la imagen superior derecha) .Una enorme cartulina con los contornos de las manos de los miembros de la familia llevaba mensajes personales escritos dentro de ellas. La cartulina se colgó en la vitrina de un almacén en la localidad de Amstetten.
En el mensaje principal se leía: "Nosotros, toda la familia, queremos aprovechar esta ocasión para agradecer a todos ustedes por sus compasión con nuestro destino. Su compasión realmente nos ha ayudado a sobrellevar este difícil momento y nos demuestra que también hay personas buenas y honradas". "Esperamos que llegue el día en que podamos llevar una vida normal otra vez".
El hijo de 18 años de Elisabeth, que nunca vio la luz del día antes de su liberación en abril, escribe cómo disfruta por primera vez en su vida del sol, el aire fresco y la naturaleza. Los vecinos que leyeron las misivas tenían lágrimas en los ojos.