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El epílogo de Bertín: Malú

“Sí, señora, empatía, qué gran herramienta para la vida. Sin duda, yo hoy con Malú la he sentido, y eso que no somos precisamente parecidos, ni en edad, ni en condición: a ella se le presupone bondad y a mí el valor; y tampoco en sexo, con perdón. Pero lo cierto es que he disfrutado compartiendo su presente, su futuro y su pasado. Que es curiosa y preguntona, no es que me haya dado la tabarra, pero ha tenido que caer la preguntita de la parra. Que es hija de Pepi de arena caliente y de Pepe de sangre, de la sangre de Paco de Lucía. Si hablamos de arte y de duende no hay arte de mejor dinastía. Que con ella ‘aprendiz’ que existen nuevas y mejores emociones; bueno eso lo aprendió la propia Malú con esa canción, que fue la que a los 15 años la catapultó. Que es asquerosamente exigente, palabras textuales, lo que casi le lleva al borde de la  muerte. Que de aquel desafío, señal de la vida, aprendió a parar un poco, aunque ni loca renuncia a las giras. Que quiere ser madre, aunque no sabe cuándo. Y que por su ahijada mata si sospecha que le hacen daño. Que como yo adora México, el guacamole y el picante. No sé si me he pasado en mi empeño, porque nos hemos puesto tibios de tabasco y jalapeños. Que a los 34 ha aprendido a ser feliz, aunque solo sea a ratos y para ello le basta con rodearse de familia, perros y gatos. Lo que está claro es que es una luchadora nata a la que no le han regalado nada. Espero Malú que sigas disfrutando de tus éxitos y de tus 34 años, hazme caso compañera, que más sabe el diablo por viejo que por diablo”.