Elvira Lindo, sobre la educación de su único hijo, Miguel: "Tal vez he sido sobreprotectora, pero ha salido muy libre"

Fotomontaje con Elvira Lindo y su hijo, el ilustrador Miguel Sánchez Lindo. Cordon Press e Instagram/@miguelsanchezlindo
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Elvira Lindo tiene tras de sí una larga y fructífera carrera como escritora, asociada para siempre a la maravillosa saga de libros infantiles de Manolito Gafotas. Su creatividad ha ido más allá de la literatura (se ha atrevido incluso con pequeños papeles en el cine), por lo que no es de extrañar que su hijo mayor, Miguel, haya heredado ese espíritu artístico, que en su caso se ha vertido hacia las artes plásticas. El hoy ilustrador, diseñador y maquetador vino al mundo cuando su madre, de 64 años, tenía 22. Y, a pesar de que su madre hizo lo imposible por protegerlo, él había nacido con una personalidad muy libre.

La anécdota que demuestra lo independiente que era Miguel desde muy pequeño

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En ‘El Faro’, un programa radiofónico nocturno, a la escritora le preguntaron si la educación libre que recibió influyó de alguna manera en su faceta de madre. “Tal vez he sido sobreprotectora. Tal vez, no lo sé”, explicaba Lindo a la periodista con la que paseaba y charlaba. A pesar de esa sobreprotección, el resultado ha sido el opuesto al esperado: “Mi hijo ha salido muy libre, porque creo que ha tenido una vida estimulante a mi lado”, explicaba. Cuando Miguel tenía unos 8 años, su madre conoció a su actual pareja, Antonio Muñoz Molina, escritor, académico de la Lengua Española y Príncipe de Asturias de las Letras en 2013. Cabe imaginar que aquel niño vivió rodeado de cultura, un acicate para cultivar la imaginación en cualquier persona.

La libertad e independencia que Miguel mostraba la resume Elvira con una anécdota de pequeño, cuando empezó a ir a un nuevo colegio. “Tenía que coger una ruta y se pasó todo el año diciéndome: ‘Quiero irme en metro, ya soy muy mayor’. Tenía 11 o 12 años”. La escritora reconoce que le angustiaba ver al niño de 11 años cogiendo el metro, así que lo resolvió así: “Le fuimos acompañando. Y al cabo de dos o tres meses, me dice: ‘Ya he probado otros recorridos, he tomado el trasbordo aquí y allá…”. Es decir, Miguel había ido ampliando sus propios límites de independencia sin ayuda de nadie. “Se había aprendido el metro. Y yo le eché una bronca… Yo le dije: ‘Yo te dije un recorrido, tú tenías que seguir ese recorrido”, y añade: “Ya no lo pude parar”.

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Un espíritu creativo que a veces colabora con su madre

En esa misma charla, Elvira redefinía el concepto de libertad y de límites: “Yo creo que los límites en un niño es que sea considerado con los demás, que sea agradecido, en que vea a las personas”, y añadía que a los niños a veces “les cuesta salir de cierta burbuja”. Pero en lo demás, en lo que respecta a su libertad de movimientos, “por mucho que nos cueste, hay que dejar que se muevan”.

Miguel es un artista multidisciplinar, que abarca desde la pintura hasta la cerámica o la escenografía teatral. De hecho, ha colaborado con su madre en alguna puesta en escena de relatos, como el espectáculo de música y literatura ‘Aquella ciudad en otros tiempos’. Comparte su vida con Lucía Gutiérrez Vázquez, que además de su mujer es, como él, artista plástica.