Una experta en finanzas personales explica distintas claves para ahorrar con el material escolar en la vuelta al cole
Los gastos de la vuelta al cole que se pueden desgravar en la próxima declaración de la renta: de material escolar a extraescolares
Septiembre vuelve a poner las cuentas familiares bajo presión. De hecho, para muchas familias, la cuesta de enero se queda corta al lado de lo que supone el noveno mes del año.
El gasto escolar medio por alumno alcanzará este curso los 2.484 euros, un 4% más que el año anterior, según la última encuesta de la OCU. Una factura que engloba conceptos muy diferentes y ante la que revisar armarios, cajones y escritorios puede convertirse en una sencilla estrategia para contener el desembolso.

Cristina Casillas, experta en finanzas del comparador financiero HelpMyCash, recomienda precisamente comenzar la vuelta al cole comprobando qué quedó del curso anterior. “Reutilizar el material que todavía sirve ayuda a reducir el gasto porque evita compras que muchas veces se hacen por costumbre y no porque realmente sean necesarias”, explica.
Y claro, el ahorro será mayor cuanto más caros sean los productos que puedan recuperarse.
Los 10 artículos que conviene buscar antes de comprar
La lista de material escolar reutilizable es mucho más extensa de lo que puede parecer. Mochilas, estuches, carpetas, archivadores, reglas, compases, calculadoras, diccionarios, cuadernos y material de escritura o manualidades figuran entre los productos que deberían revisarse antes de pasar por caja.
Lápices, bolígrafos, rotuladores, pinturas, ceras, subrayadores y pegamentos también pueden sobrevivir al verano. “Hay muchos artículos escolares que pueden aprovecharse durante el curso siguiente si se conservan en buen estado”, apunta la experta.
Incluso los cuadernos merecen una segunda oportunidad. “Muchas veces apenas se han utilizado unas pocas páginas y todavía queda gran parte del cuaderno en blanco, por lo que puede aprovecharse perfectamente durante el curso siguiente”.
Esta revisión puede extenderse al uniforme. Si la talla continúa siendo adecuada y la prenda está bien conservada, estrenarlo cada septiembre tampoco debería convertirse en una obligación.
Estrenar por costumbre puede salir caro
El inicio del curso tiene un componente emocional que también influye en las decisiones de compra. Mochila nueva, estuche nuevo o carpetas nuevas pueden terminar en la cesta pese a que los artículos del año anterior continúen perfectamente operativos.
“La ilusión de empezar un nuevo curso hace que, en ocasiones, demos por hecho que también toca estrenar material. Sin embargo, si un artículo sigue siendo útil, no hay ningún motivo para reemplazarlo”, señala Casillas.
El criterio debería ser funcional y no temporal. “Una mochila no deja de servir porque empiece un nuevo curso, sino cuando las cremalleras fallan, las costuras se rompen o deja de ser cómoda. Lo mismo ocurre con un estuche, una carpeta, una calculadora o un compás”.
Rotuladores y pegamentos: probar antes de tirar
No todo puede reutilizarse indefinidamente. El desgaste obliga a renovar determinados productos, especialmente aquellos que se consumen o deterioran con el uso.
“La clave está en distinguir entre el material que puede durar varios cursos y el que se gasta con el uso”, explica la especialista. Pegamentos secos, rotuladores que han dejado de escribir, pinturas que han perdido intensidad o tijeras que ya no cortan correctamente son ejemplos claros de artículos que deberían sustituirse.
Para el resto basta, en muchos casos, con realizar una prueba. “Si un rotulador todavía pinta, un subrayador sigue marcando, el pegamento mantiene su textura y pega correctamente o las pinturas conservan el color, no hay motivo para sustituirlos”.
Pero claro, dedicar unos minutos a esta comprobación antes de elaborar la lista permite separar lo verdaderamente necesario de aquello que simplemente se estaba pensando comprar de nuevo por rutina.

Con varios hermanos, las posibilidades aumentan
La reutilización cobra todavía más importancia en hogares con varios hijos. Los productos más resistentes pueden pasar de un hermano a otro, ampliando considerablemente su vida útil.
“El material que mejor suele pasar de un hermano a otro es el más duradero: mochilas, calculadoras, carpetas, diccionarios, libros de lectura y, cuando sea posible, libros de texto, también los uniformes si se conservan en buen estado”, enumera la experta.
Los lápices de colores, ceras, rotuladores y subrayadores sobrantes también pueden aprovecharse. En el caso de los libros de texto, la posibilidad dependerá de que el centro educativo mantenga la misma edición, claro está. “Cuantos más artículos puedan aprovecharse, especialmente los de mayor precio, como mochilas, calculadoras, uniformes o, en familias con varios hijos, libros de texto, menor será el desembolso al empezar el curso”.
Un inventario antes de ir a la papelería
Una de las medidas más sencillas consiste en reunir todo lo que quedó en junio antes de elaborar cualquier lista. “Lo ideal es hacer el inventario igual que haríamos con una despensa: reunir todo el material escolar en un mismo sitio y clasificarlo antes de hacer la lista de la compra”.
La organización al terminar el curso también puede facilitar el septiembre siguiente. Guardar los productos aprovechables juntos, en una caja o varios estuches, evita que terminen desperdigados por distintos cajones.
“Tenerlo localizado hace mucho más fácil saber qué hay en casa cuando llega septiembre y evita comprar artículos que ya estaban olvidados en un cajón”, explica Casillas.
Una revisión de apenas unos minutos puede impedir duplicidades y, sobre todo, que la vuelta al cole implique volver a pagar por algo que la familia ya tenía. Y esto es siempre algo positivo para el bolsillo.

