La historia de la astronauta Christina Koch, Premio Princesa de Asturias 2026: de una granja en Míchigan a romper récords en el espacio
La astronauta, que acaba de dejar de ser astronauta en activo para convertirse en subdirectora de ingeniería de la NASA, atesora una gran cantidad de récords
El tierno momento de la astronauta Christina Koch, Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2026, con un niño en su llegada a Oviedo
“Planet Earth, you are a crew” (planeta Tierra, sois una tripulación): con estas palabras resumía Christina Koch, en rueda de prensa, lo que estaba representando la misión Artemis II del pasado mes de abril, en la que acababa de participar. Se trataba del primer vuelo tripulado más allá de la órbita terrestre desde la llegada del hombre a la Luna con el programa Apolo. Habían pasado más de 50 años desde la última vez que los humanos pusieron el pie en el satélite de la Tierra, y por primera vez en la historia una mujer, Koch, viajaba a las inmediaciones de la Luna. La astronauta que recibe este viernes el Premio Princesa de Asturias de la Concordia tiene una apasionante historia.
La granja de sus abuelos, el primer peldaño de su carrera
Christina Marie Hammock Koch nació en Míchigan, pero enseguida se mudó a Carolina del Norte. Sin embargo, en aquel estado del norte del país continuaban sus raíces: en Sparta tenían sus abuelos maternos una granja, a la que tanto ella como sus tres hermanos menores pasaba los veranos. Pero, lejos de lo que podríamos imaginar, Koch se dedicaba a cultivar los campos junto a otros miembros jóvenes de la familia.
Al parecer, según la madre de la astronauta, los mencionados abuelos, Walter y Dolores Homrich, solían decirle que tenía que trabajar duro para hacer que las cosas pasen: “Si no lo haces, no pasarán”. Christina reconoce la importancia de aquella filosofía que le transmitieron: “Les estoy sumamente agradecida”, reconocía, en declaraciones recogidas por ‘Holland Sentinel’. “Sin ellos no habría trabajado tan duro para llegar hasta aquí. Fueron fundamentales para inculcarme el valor del trabajo duro, y siempre me animaron mucho”.
Ser astronauta, un sueño que acariciaba desde pequeña
Christina tenía su habitación llena de imágenes tanto del espacio como de la Antártida: eran fotografías que solía encontrar en las revistas de ‘National Geographic’. Entonces, y tal como recoge ‘The Independent’, ya soñaba con explorar todos aquellos lugares. Con 18 años se había graduado en la Escuela de Ciencias y Matemáticas de Carolina del Norte. Estudió Astrofísica en la Universidad de Ghana y, ya en la universidad pública de Carolina del Norte, obtuvo dos bachilleratos universitarios en ciencias y un máster en ingeniería eléctrica.
A partir de ahí, su sueño empezó a hacerse realidad. Fue investigadora en la Antártida, y también en Groenlandia. Trabajó en el Centro de Vuelo Espacial Goddard, de la NASA, que la eligió en 2013 para formar parte de los ocho integrantes de la 21ª clase de astronautas. Seis años después, Koch viajaba a la Estación Espacial Internacional en calidad de ingeniera de vuelo: también realizó numerosos experimentos, entre ellos, con impresoras 3D en microgravedad.
Una inspiración para niñas que sueñan con ser astronautas
Los logros de Christina Koch son numerosísimos. Además de todo lo mencionado, ella y Jessica Meir se convirtieron, en la mencionada estancia en la EEI de 2019, en las dos primeras mujeres de la historia en realizar una caminata en el espacio íntegramente femenina. En 2020 superó el récord de vuelo espacial femenino: 328 días, superando a la que lo ostentaba hasta entonces con 289, Peggy Whitson. Con Artemis II logró ser una de las personas que más lejos han estado de la Tierra. Su inspiradora carrera, hecha con esfuerzo, pasión, dedicación y mucho trabajo, sirve de ejemplo para niñas que, como ella, sueñan con surcar el espacio.