Chaná Barrios, los secretos de un chef privado: "Antes contratar uno era un lujo, hoy es confort”

Dependiendo del número de comensales, hoy se puede disfrutar de un cocinero para un evento especial en casa por alrededor de 90 euros
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Hasta hace muy poco, la imagen de un chef privado cocinando en una casa particular nos invitaba directamente a pensar en millonarios, mansiones y docenas de personas de servicio. Hoy, en una isla como Mallorca, la ecuación ha cambiado. “Hace muy poco tener un chef privado era un servicio de lujo. Hoy por hoy es confort”, resume Chaná Barrios, chef venezolano afincado en España y fundador de una mentoría que forma a otros cocineros para dar el mismo salto que él: salir del restaurante clásico y entrar en las casas —y en las vidas— de sus clientes.
Porque Chaná no solo cocina. También enseña a otros a hacer de la cocina privada un oficio sostenible, digno y, sobre todo, compatible con tener vida propia. “La cocina casi siempre empieza desde la pasión, desde una idea un poco bohemia de querer cocinar para otros… pero se termina transformando en una trampa”, dice sin rodeos.
Chaná llegó a España hace diez años, con 47 a la espalda y una vida profesional ya hecha. Tardó tres años en “solventar papeles” y entrar en la rueda de la restauración. Lo que encontró no le sorprendió, pero le dejó agotado.
“El cocinero prácticamente se pierde la vida entre fogones. Trabajas entre 8 y 10 horas al día y, de paso, tienes un horario partido en el medio. Sales a las tres o cuatro de la tarde y regresas a las siete u ocho para volver a sumergirte en la cocina. Es la ausencia familiar, la ausencia de vida social, ni siquiera puedes hacer tus diligencias básicas”, apunta.
Y eso, unido a que el dinero que genera no está acorde al esfuerzo, es lo que le llevó a cambiar de aires: “Un cocinero en un restaurante gana 2.500 a 3.000 euros al mes, trabaja 26 días y, si haces horas extra, no te las pagan: te las cambian por tiempo libre… cuando le conviene al restaurador, no cuando tú lo necesitas”.
Un cocinero en un restaurante gana 2.500 a 3.000 euros al mes, trabaja 26 días y, si haces horas extra, no te las pagan
El descubrimiento: villas, barcos y libertad
El momento fue en plena crisis, cuando, como en toda crisis, apareció una oportunidad: ser chef privado para villas y barcos vacacionales. Mallorca, donde vive, era el laboratorio perfecto para su proyecto.
“Me doy cuenta de que hay un mercado emergente”, recuerda. Empieza entonces el doble juego: cocina profesional de día, proyecto personal de noche. “Los primeros tres años fueron muy complicados: muchas horas de trabajo, no solo en la cocina, sino proyectando y aterrizando ideas.”

Poco a poco, la cosa fue despegando hasta que en 2023 logra vivir exclusivamente de su trabajo como chef privado. “Finalmente logré cierta estabilidad como chef privado y decidir yo qué servicios brindar y cuáles no, según mi estilo, mi propuesta, mi tiempo y mi disponibilidad. Así, además, capitalizaba mucho mejor mi tiempo”.
Con tres o cuatro eventos al mes, puede ingresar lo mismo que trabajando encerrado en una cocina todos los días. Eso sí, con temporadas muy marcadas: de abril a septiembre, la isla hierve.
“En temporada es más complicado porque nos debemos al trabajo. Pero aprovecho todo lo que pueda facturar en temporada para tener un invierno más llevadero”, explica. Y el propio mercado se ha ido ajustando: “Cada vez tenemos más clientes, el invierno es menos hostil y Mallorca también disfruta de un turismo de invierno que sigue requiriendo servicio de chef privado”.
Aprovecho todo lo que pueda facturar en temporada para tener un invierno más llevadero
Lo que empezó como una búsqueda de libertad se convierte en un canal de negocio sólido. Y, sobre todo, en un modelo replicable. Chaná habla de números sin pudor, quizá porque es parte de desmitificar el oficio.
“Si bien estamos un poco por encima de la media de un restaurante, un menú promedio de tres tiempos —entrante, principal y postre— para ocho personas está entre 80 y 95 euros por persona”, detalla.
Un menú promedio de tres tiempos —entrante, principal y postre— para ocho personas está entre 80 y 95 euros por persona
No es una locura si se piensa que el restaurante se traslada entero a tu casa: “Lo que vendemos es experiencia, no vendemos horas. El tiempo es clave para hacer el esquema de costos, pero la idea es llevar el restaurante a la casa”.
Además, el precio por cabeza baja según el grupo crece. “Mientras más personas, más económico el menú. Si contratas un servicio para dos personas te puede costar 240 euros por persona; para ocho, te puede costar 80”, dezmenuza.

Ahí aparece la frase que vertebra toda su filosofía: “Hace muy poco, tener un chef privado era un servicio de lujo. Hoy por hoy es confort. Cualquiera puede tener un chef en su casa para una ocasión especial sin tener que hacer un sacrificio enorme”, sentencia.
¿Sigue habiendo chefs con tarifas estratosféricas? Por supuesto: “Hay profesionales privados con tarifas muy altas por el tipo de cocina que elaboran y hay chefs emergentes que tienen tarifas muy bajas porque están vendiéndose”. Él se coloca en un punto intermedio: estructura, experiencia y precios claros.
Si en el restaurante cada día es “el día de la marmota”, en el mundo del chef privado cada servicio es un escenario distinto. Una villa minimalista con cocina de revista, un piso de vacaciones, la cocina estrecha de un barco.
“Es como una aventura. Yo lo tomo como motor más que como un freno”, dice Chaná. Eso sí, con control. “He creado una cantidad de sistemas que me permiten tener seguridad a la hora de brindar un servicio sea donde sea”.
Muchas veces, cuanto más top el cliente, menos información dan previamente. En el mejor de los casos, un vídeo rápido de la cocina. En todos, una certeza: las cocinas domésticas se parecen entre sí más de lo que pensamos. “La nomenclatura de un apartamento pequeño o una casa súper ‘tuneada’ es prácticamente la misma: siempre va a haber una inducción o fuego, un horno, un lavavajillas, un microondas…”
Lo que sí cambia son los tiempos: no es lo mismo el fuego brutal de un restaurante que una vitrocerámica de diseño: “Las cocciones, las texturas, todo hay que recalibrarlo”.
Y además de cocinar, hay que saber estar. Por eso, la formación de un chef privado es más profunda que la de un chef tradicional de un restaurante. Debe dominar el escenario y tener ciertas habilidades sociales: “Un chef privado debe conocer de protocolo, de servicio de cinco estrellas, cómo montar una mesa, cómo entregar los platos”, recuerda. No hay sala de por medio: el que cocina es también el que da la cara.
Cómo se construye una cena
La relación con el cliente empieza mucho antes de que la sartén toque el fuego. “En el caso del chef privado, tú eres quien contacta con el cliente, quien resuelve el presupuesto, quien hace el feedback de ida y vuelta, los ajustes de precio y de menú. Si bien el cliente tiene la última palabra, el chef es el que define lo que se puede y no se puede hacer en casa del cliente y en qué condiciones. Ellos plantean, nosotros construimos o rediseñamos el menú según ese planteamiento y se lo devolvemos acondicionado a la capacidad de producción de la finca o la cocina”.
Si bien el cliente tiene la última palabra, el chef es el que define lo que se puede y no se puede hacer en casa del cliente y en qué condiciones
Cuando entran ingredientes de lujo, Chaná aplica una regla de oro: transparencia. “He tenido clientes que piden un menú con wagyu. Yo diseño el menú con un género normal y, aparte, les paso el presupuesto de lo que cuestan los gramos de wagyu. Así el cliente sabe que mi menú costaría 100 euros y que el wagyu, aparte, cuesta 450 el kilo. Si lo incluyes todo en un precio cerrado, puede generar alarma. Con toda la información, ellos eligen”.
En cuanto a la producción, hay una línea roja: no llevar el catering hecho de casa. “Transformamos todos los alimentos en casa del cliente, que es un punto clave. No nos llevamos nada preparado previo, porque en España nuestro epígrafe no es catering, es chef privado”.
La excepción, confiesa, está en los productos de quinta gama y, sobre todo, en los postres. “Hay productos súper gourmets que ayudan a agilizar. Y tengo varios proveedores de postres que me apoyan. El postre me lo llevo casi terminado… y no pasa nada”.
Hay productos súper gourmets que ayudan a agilizar. Y tengo varios proveedores de postres que me apoyan. El postre me lo llevo casi terminado
Cinco años de ensayo y error, de sistemas perfeccionados y de muchos servicios después, Chaná ha decidido que no quiere quedarse solo en su propio éxito y ha creado una mentoría para cocineros profesionales “quemados” de la cocina clásica que quieren dar el salto al modelo privado.
“Es una mentoría dirigida justamente a ayudar a cocineros profesionales o chefs que ya están relativamente quemados de este formato y que quieren un nuevo modelo de negocio dentro de la cocina profesional”, explica.

La primera fase no tiene nada que ver con salsas ni puntos de cocción. “Lo primero es el cambio de mentalidad. Pasar de ser un empleado por nómina a tener que procurarte tus propios recursos. Eso da mucho miedo, porque estamos acostumbrados a recibir un sueldo a final de mes y no sufrir el estrés del autónomo”.
A partir de ahí, ¿qué necesita un chef para este cambio, además de saber cocinar muy bien? “Comunicación. Somos unos ausentes en la cocina profesional: lo único que llega del chef a la mesa es el plato. Aquí, en cambio, el chef tiene que comunicarse con el cliente, hacer relaciones públicas, aprender a manejar sus redes sociales, construir una marca personal”.
La mentoría combina todo eso: técnica, gestión, marca personal, precios, logística. Y, sobre todo, una reivindicación clara: el valor del tiempo del cocinero. “La idea no es trabajar menos, es reivindicar el costo de tu tiempo”, insiste.
De las celebrities al turista ‘normal’
En su agenda hay de todo: estrellas, deportistas e incluso propietarios de marcas premium de cocina, pero también familias corrientes que ahorran para alquilar una villa y apuestan por un chef privado al menos para los desayunos.
“Hemos tenido la suerte de brindar servicio a personalidades muy VIP y también a personas comunes que vienen de vacaciones con su familia, alquilan una villa y contratan un chef solo para desayunos. Es perfectamente posible”, dice.
Hemos tenido la suerte de brindar servicio a personalidades muy VIP y también a personas comunes que vienen de vacaciones con su familia, alquilan una villa y contratan un chef solo para desayunos
Con las celebrities, el protocolo es claro: acuerdos de confidencialidad, nada de fotos, ningún post en redes. “En algunos casos ni los ves. Tienen camareros, mayordomos, guardaespaldas… tú sabes quién es, lo ves de lejos, pero no tienes contacto”.
Al final, detrás del mito del chef privado quedan dos ideas bastante simples: recuperar la vida y dignificar el oficio. “Queríamos dejar de sobrevivir como profesionales y empezar a vivir mejor de la cocina”, resume Chaná.
Y si para eso hay que entrar en la cocina de otros, prender su horno y llenar la casa de olor a sofrito, que así sea… si te dejan: “He acudido a servicios con cocinas maravillosas de 100.000 euros en las que no me han dejado cocinar por evitar que se llenaran de humo y me han mandado a cocinas auxiliares”, finaliza.
