Accidente

"No era mi día": el tren de Adamuz que Carlos tomó una semana antes de la tragedia estuvo una hora parado por una supuesta avería

Uno de los vagones del tren de Iryo que descarriló, a 20 de enero de 2026, en Adamuz, Córdoba. Europa Press
  • Carlos, vecino de Huelva, viajó en el mismo tren y a la misma hora una semana antes del accidente de Adamuz

  • Hoy, revive aquel trayecto marcado por paradas, vibraciones y explicaciones confusas mientras una provincia entera llora a las víctimas de la tragedia

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HuelvaCarlos es de Huelva. El pasado 9 de enero cumplió 44 años y decidió celebrarlo junto a su pareja con una escapada a Madrid. Nada extraordinario. Un cumpleaños, unos días fuera y la vuelta a casa en el único tren que conecta la capital con Huelva.

El domingo 11 de enero regresaron en el Alvia 2384, el mismo tren, a la misma hora, que una semana después quedaría marcado para siempre por la tragedia de Adamuz. Entonces no lo sabían, pero aquel viaje les dejó una sensación extraña, difícil de explicar, que hoy Carlos revive con un nudo en el estómago.

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El tren salió puntual, como estaba previsto, pero poco después se detuvo en mitad del trayecto. La parada se alargó cerca de una hora. Por megafonía, finalmente, se informó de un supuesto robo de cable. Sin embargo, algo no cuadraba. En sentido contrario, los trenes Iryo seguían pasando a gran velocidad. "Cuando pasaban por nuestro lado parecía que el tren se iba a salir de la vía por la inercia", recuerda ahora.

Ruido, traqueteo y sobresaltos continuos

Cuando por fin reanudaron la marcha, el viaje fue todo menos normal. Mucho ruido, traqueteos constantes, objetos que caían de las bandejas por las vibraciones. Intentaron dormir, pero era imposible. Entre vagón y vagón se producían sobresaltos bruscos, latigazos secos que se repetían en distintos puntos del recorrido. No era la incomodidad habitual de un trayecto largo; era otra cosa.

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Más tarde, un mensaje de texto informó de que llegarían con retraso debido a una "incidencia en la infraestructura". Llegaron a Huelva tarde, cansados, agobiados y con la única preocupación de haber vuelto más tarde de lo previsto a casa. Nadie podía imaginar entonces lo que vendría después. "Siete días más tarde… mismo día, mismo tren. La tragedia", resume Carlos. "Eso es lo que me hace pensar que gracias a Dios llegué a casa".

Las casualidades que deciden el destino

La noticia del accidente lo golpeó de lleno. Al conocer lo ocurrido, todas aquellas sensaciones regresaron de golpe. Las vibraciones, los ruidos, el traqueteo constante, las explicaciones que no terminaban de encajar. "No eran normales. No cuadraban los motivos que nos dijeron. Dijeron robo de cables, pero no fue eso", afirma convencido. Fue ese domingo, el del accidente, cuando tomó conciencia real del riesgo al que ahora cree que habían estado expuestos sin saberlo.

A partir de ahí, la cabeza empezó a jugarle malas pasadas. Imágenes que vuelven una y otra vez. "Aún tengo momentos en los que pienso que me podía haber tocado la papeleta". Especialmente cuando recuerda que dudaron si viajar aquel fin de semana porque su pareja no se encontraba bien. "Si no hubiéramos ido el día 9, hubiéramos ido seguro el fin de semana del 16. Y entonces nosotros habríamos estado en el tren accidentado. Solo de pensarlo me pongo malo".

"No era mi día", repite. Lo dice con agradecimiento, pero también con rabia. "No debía haber pasado. Había avisos y no hicieron nada".

Huelva llora a 28 víctimas del accidente

Mientras Carlos intenta ordenar lo vivido, Huelva entera llora. La ciudad de la luz atraviesa días de duelo colectivo. 28 de las víctimas mortales del accidente de Adamuz eran onubenses. Vecinos, compañeros de trabajo, amigos, familiares. En algunos casos, personas que viajaban con frecuencia en ese tren porque es la única conexión directa con Madrid, en otros, jóvenes que lo hacían por primera vez para jugarse su futuro.

"No han sido solo las personas que iban en ese tren", dice Carlos. "Está toda Huelva consternada. Todos conocíamos a alguien directa o indirectamente. Y somos conscientes de que, al ser el único tren a Madrid, podría haber sido cualquiera de nosotros".

El silencio y la rabia conviven estos días en la provincia. También una sensación amarga de advertencias ignoradas. Carlos no es optimista sobre lo que vendrá después. "Pasará como siempre. La gente se olvidará y no se sabrá la verdad porque no conviene saberla. Dirán que son bulos para desestabilizar la armonía social", dice con toda la rabia que le provoca el dolor.

Porque para él, la cifra pesa más que cualquier comunicado: "Nunca serán reconocidas como víctimas de negligencias reiteradas de quienes se supone que deben velar por el bien de los ciudadanos". Nadie asumirá responsabilidades, piensa, pero los que se fueron no volverán.

Anomalías anteriores

Carlos intenta seguir adelante, aunque reconoce que a veces es mejor no pensar demasiado. El tren que tomó una semana antes sigue apareciendo en su memoria como una frontera invisible entre lo que fue y lo que pudo haber sido. "Siento profunda pena por las personas que iban en ese tren. Y no dejo de pensar en sus familiares y amigos".

Aunque el accidente de Adamuz no se produjo por un problema del tren Alvia, y la investigación se centra en otros factores y en el otro tren implicado, el Iryo, el relato de Carlos muestra cómo una parte de los pasajeros ya había percibido anomalías en la circulación días antes.

Huelva llora a los suyos. Y mientras la investigación avanza, muchos, como Carlos, viven con la certeza incómoda de que el destino pasó rozándolos. Y esta vez, simplemente, no era su día.