Las aulas de la universidad de Granada se convierten en un musical de ¡Mamma Mia!

Un proyecto de aprendizaje intergeneracional que une cuerpos, memorias y emociones. Universidad de Granada
  • La UGR ha puesto en marcha un taller que utiliza el baile y la música como puente entre generaciones

  • Un proyecto universitario que conecta generaciones, donde jóvenes y mayores comparten escenario, aprendizaje y emociones a través del arte

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Las canciones del grupo sueco ABBA marcaron a los jóvenes en los años 70 y 80 pero siguen sonando hoy en películas, musicales y redes sociales, formando parte también del imaginario de las generaciones más jóvenes.  

Pocos son los que no conocen sus canciones. Sus temas que hablan del amor, la familia, la amistad, la búsqueda de identidad y los vínculos entre madres e hijas son experiencias compartidas a cualquier edad. Una música que invita a participar, no solo a mirar, que es ritmo, energía y celebración. Se canta, se baila y se vive, lo que facilita que personas de distintas edades se expresen juntas desde el cuerpo y la emoción. 

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Una universidad que se mueve al ritmo de ¡Mamma Mia! 

Un potencial que la Universidad de Granada (UGR) ha sabido aprovechar y por eso hoy lunes 9 de febrero ha convertido sus aulas en un escenario donde el tiempo deja de ser una frontera entre las diferentes generaciones. Al ritmo de ¡Mamma Mia!, jóvenes y mayores se encuentran en un proyecto de aprendizaje intergeneracional que une cuerpos, memorias y emociones a través del baile.  

La iniciativa, impulsada por el Secretariado de Innovación e Implicación Social de la universidad de Granada junto al Aula Permanente de Formación Abierta, nace con un objetivo claro: tejer vínculos entre generaciones a través de la expresión artística y el disfrute compartido

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Las coreografías del célebre musical sirven de hilo conductor para un espacio de creación, experimentación y convivencia en el que estudiantes de distintas edades comparten movimiento, risas y complicidad.  

Un proyecto innovador que une generaciones 

En la presentación del proyecto han participado el vicerrector de Innovación Social, Empleabilidad y Emprendimiento, Esteban Romero Frías; el director del Secretariado de Innovación e Implicación Social, Isaac J. Pérez; y los verdaderos protagonistas de la iniciativa: el alumnado joven y mayor que da vida al proyecto. 

Esteban Romero ha celebrado la puesta en marcha de una propuesta que “combina innovación social y diálogo intergeneracional”, destacando el valor de ver a distintas generaciones de la universidad trabajando juntas en una experiencia cultural que va más allá del aprendizaje académico.  

Por su parte, Isaac Pérez, ha subrayado la energía vital de quienes participan en el proyecto y el impacto positivo del trabajo musical y coreográfico, capaz de estimular la memoria, la expresión corporal y el bienestar emocional, especialmente cuando se comparte entre jóvenes y mayores. “El vínculo que se crea y el bienestar que genera es brutal”, afirma. 

Una conexión se percibe también en las voces del alumnado. Elena Pérez Martín, estudiante del Máster de Profesorado, describe la experiencia como “muy bonita y enriquecedora”, una oportunidad poco habitual en la vida universitaria que ha sido acogida con ilusión y entusiasmo. Para Juan Díaz, estudiante del primer grado de la Universidad de Mayores y delegado de curso, dice que el proyecto representa una forma de vivir y aprender sin barreras: “Aquí venimos a aprender por placer, a ser felices. No hay diferencias, solo ganas de compartir”. 

Un taller con lista de espera 

El proyecto que empezó hace ahora tres semanas y que durará a lo largo de todo el curso, “Ha sido todo un éxito” según su organizador. Ha superado todas las expectativas de la organización, tanto es así, que cuentan con una larga lista de espera y están intentando poder solucionar el problema de espacio para que sean más alumnos los que puedan disfrutar de esta experiencia. 

El grupo, formado por 35 participantes del Aula Permanente de Formación Abierta y del Máster de Profesorado, encuentra en la música y el movimiento una herramienta pedagógica y emocional. El trabajo colaborativo no solo activa la memoria, la coordinación y la expresión corporal, sino que fomenta la empatía, la comunicación y el respeto mutuo. Cada ensayo se convierte así en un espacio de cuidado, autoestima y reconocimiento de la diversidad generacional como un valor. 

Tras las primeras sesiones, el entusiasmo es compartido. La confianza fluye, el ambiente se llena de complicidad y el baile se transforma en un lenguaje común que une historias, edades y experiencias. Gracias al acompañamiento de los monitores, Susana Pérez y Adrián Moyano, la música y el disfrute colectivo se han consolidado como los ejes de un proyecto que celebra la vida, el aprendizaje y la universidad como un lugar abierto, inclusivo y profundamente humano.