El histórico estudio de fotos Enrique de Sevilla busca a los protagonistas de su memoria: “Si te reconoces llámanos”

Una campaña a través de las redes sociales ha permitido que de las más de 200 fotos expuestas en su escaparate y almacenadas hayan entregado más de la mitad
Algunas familias han recuperado retratos que creían perdidos para siempre.
Tras más de seis décadas formando parte del paisaje sentimental del casco Antiguo, el emblemático Enrique Estudio de fotografías, el más antiguo de la calle, ha cerrado su local del centro de Sevilla, situado en la calle Rioja, para iniciar una nueva etapa en Tomares.
Donde antes colgaban los retratos de momentos inolvidables de la vida de muchos sevillanos hoy reza un cartel donde se puede leer “El 7 de enero cerramos nuestra sede histórica en Rioja 22, para comenzar una nueva andadura en Tomares, donde seguiremos ofreciéndoles el mismo trabajo, dedicación y cercanía siempre. Gracias por tanto”.
Un traslado con historia
La mudanza no solo marca un cambio de dirección, sino también el comienzo de una iniciativa cargada de simbolismo: la búsqueda de los protagonistas de decenas de retratos antiguos que durante años formaron parte del escaparate del estudio.

El cierre del establecimiento en pleno corazón de la ciudad ha supuesto el final de una era para varias generaciones de sevillanos. En sus paredes se inmortalizaron primeras comuniones, bodas, retratos de estudio con mantilla, fotografías familiares de Navidad y posados que hoy forman parte de álbumes domésticos y recuerdos imborrables. Para muchos vecinos, acudir al estudio era casi un ritual que acompañaba los momentos más importantes de la vida y que han seguido haciendo durante varias generaciones.
Motivos del cambio
La decisión de abandonar el centro no fue sencilla. Los responsables del negocio explican que el incremento de los costes de mantenimiento, las limitaciones de acceso y los cambios en los hábitos de consumo han influido en el traslado. Tomares, con mayor facilidad de aparcamiento y un entorno más accesible para familias, ofrece ahora un espacio adaptado a las nuevas necesidades del estudio sin renunciar a su esencia clásica.
Pero el movimiento físico vino acompañado también de menos espacio para almacenar los recuerdos del paso del tiempo en su escaparate. Durante las tareas de embalaje y reorganización del archivo, el equipo localizó cientos de fotografías antiguas, desde los años 80, que durante años habían decorado el escaparate o permanecido almacenadas. Retratos en blanco y negro, escenas familiares detenidas en el tiempo. Rostros anónimos que, sin saberlo, habían sido parte del paisaje urbano del centro sevillano.
Una campaña para recuperar memorias
Lejos de guardarlas nuevamente en cajas, el estudio ha decidido emprender una campaña para localizar a las personas retratadas o a sus familiares. A través de redes sociales han difundido las imágenes con un mensaje sencillo: “si te reconoces ven a recogerla”. Una iniciativa que ha tenido una respuesta inmediata. Han sido muchas las personas que han comenzado a dejar comentarios en la publicación bien porque han reconocido alguna foto o porque saben que ellos mismos fueron retratados y formaron parte del escaparate.
Más de 200 fotos que el estudio ha puesto a disposición de los clientes a modo de agradecimiento por su fidelidad. Unas fotos que regalan, aunque en su momento se ofrecían a mitad de precio. “Eran las mejores fotos, las que seleccionábamos para todos las vieran” nos cuenta José Luis, actual dueño y la tercera generación al cargo del negocio.
Reencuentros y emociones
Una campaña que iniciaron hace unos meses tras el cierre y que como nos dicen ya han sido entregadas más de la mitad, aunque aún quedan más de 90. La iniciativa ha generado escenas emotivas. Algunas familias han recuperado retratos que creían perdidos para siempre. Es el caso de la familia Rodríguez Delgado, clientes del este estudio de toda la vida y que tras un incendio en 2013 en la casa familiar habían perdido todos los recuerdos. O la familia Rodríguez Santiago que ha recuperado la foto preferida de su madre, Rosa María Santiago, ya fallecida. Fue Manuel, el hijo, quien acudió al estudio desde Málaga, donde vive, para recuperar la foto de su madre vestida de flamenca que había presidido durante años el salón de su casa hasta que un incendio la calcinó. Hoy como nos cuentan desde el estudio esta foto vuelve a estar en su sitio, en el salón de esta familia.

En otros casos, las fotografías han servido para reconstruir historias familiares fragmentadas por el paso del tiempo. El estudio se ha convertido así, de manera inesperada, en un puente entre generaciones.
Desde la nueva sede en Tomares, el equipo insiste en que la esencia del negocio permanece intacta. Siguen apostando por el retrato clásico, por la fotografía impresa en papel de calidad y por una atención personalizada que contrasta con la inmediatez digital. En una época dominada por imágenes efímeras que se almacenan en teléfonos móviles y rara vez se imprimen, defienden el valor del retrato físico como objeto tangible, destinado a perdurar.
Tradición frente a lo digital
La reapertura también simboliza una adaptación a los tiempos. El nuevo espacio incorpora tecnología actualizada y áreas más versátiles para sesiones familiares y proyectos profesionales. Sin embargo, en las paredes no faltan guiños a la historia del estudio: cámaras antiguas, ampliadoras y copias históricas que recuerdan el legado acumulado durante décadas.
El traslado a Tomares no significa una ruptura con Sevilla, sino una expansión natural hacia el área metropolitana. Muchos de sus clientes tradicionales proceden de barrios y municipios cercanos, por lo que el cambio busca facilitar el acceso sin perder el vínculo emocional construido a lo largo de los años.
Un archivo vivo de la memoria
Mientras tanto, la búsqueda de los protagonistas continúa. Cada semana aparecen nuevas pistas, llamadas y mensajes que ayudan a poner nombre a los rostros anónimos. Algunas imágenes aún esperan ser identificadas, como pequeñas cápsulas de memoria suspendidas en el tiempo.
El cierre del local del centro deja una persiana bajada, pero no un capítulo cerrado. Enrique Estudio demuestra que la fotografía no es solo un negocio, sino un archivo vivo de historias personales. En su nueva etapa en Tomares, el estudio no solo retrata el presente: también devuelve el pasado a quienes un día decidieron parar por un instante el tiempo.